{"id":62640,"date":"2022-11-04T11:30:07","date_gmt":"2022-11-04T16:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=62640"},"modified":"2022-11-04T11:30:07","modified_gmt":"2022-11-04T16:30:07","slug":"colorado-abajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/colorado-abajo\/","title":{"rendered":"Colorado abajo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Por: Julio Camilo Eraso E. 2022<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mediod\u00eda del 24 de diciembre de 1822, Miguel Santacruz, sudoroso y con la ropa desgarrada, entr\u00f3 a su casa y urgi\u00f3 a Esther , su esposa de 42 a\u00f1os, y a sus hijas veintea\u00f1eras, Ana y Leonor, para que salieran de inmediato y buscaran refugio en la iglesia o en el convento m\u00e1s cercano. Les hizo saber que \u00e9l pondr\u00eda las trancas tras el port\u00f3n y se quedar\u00eda cuidando la vivienda. Los batallones bolivarianos acababan de derrotar al ej\u00e9rcito realista y ven\u00edan camino a la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La madre, muerta de susto, camin\u00f3 desconcertada junto a sus hijas. Avanzaron cuatro o cinco cuadras por una calle empinada. Extenuadas, al terminar la cuesta, llegaron a la ermita de Santiago. Entraron a la peque\u00f1a iglesia que a esa hora estaba repleta de mujeres, ni\u00f1os y ancianos. Todos hab\u00edan ido a buscar protecci\u00f3n ante la inminente invasi\u00f3n de las tropas triunfadoras; los cascos de sus corceles ya se escuchaban a la distancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Madre e hijas, por ser benefactoras de los franciscanos, fueron llevadas a la sacrist\u00eda en donde permanecieron por varias horas rezando el rosario al ritmo del resto de feligreses. De pronto, sintieron golpes contra las puertas de la capilla, al rato oyeron disparos y empujones que derribaron los inmensos maderos. El golpe de las botas militares contra los adoquines del piso infund\u00eda pavor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En la peque\u00f1a ciudad de Pasto, las calles se reconoc\u00edan por nombres tales como calle Real, calle del Churo, calle Angosta, calle de la Panader\u00eda, calle del Obispo. A sus costados se alineaban casas con sus tradicionales aleros entejados, balcones tallados, ventanas arrodilladas, portones labrados de madera y muros de tapia pisada pintados con colores vivos. Sobre las fachadas de las casas esquineras, unas placas con aquellos nombres orientaban el trasegar de sus cuatro o cinco mil habitantes, quienes viv\u00edan en una cuadr\u00edcula de calles y carreras que formaban un rect\u00e1ngulo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante la guerra de independencia, la ciudad se mantuvo leal a su Majestad, el Rey de Espa\u00f1a. En abril de 1822, el ej\u00e9rcito republicano hab\u00eda sido derrotado por las tropas realistas en la batalla de Bombon\u00e1, con una participaci\u00f3n destacada del Capit\u00e1n Miguel Santacruz que, por esta acci\u00f3n, fue ascendido a coronel para orgullo de su esposa e hijas. A pesar del triunfo, la lucha fue intensa. El ej\u00e9rcito realista qued\u00f3 diezmado y, en junio, la dirigencia local tuvo que capitular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo las tropas leales al Rey resurgieron, y en noviembre de 1822, con la participaci\u00f3n del coronel Santacruz, volvieron a triunfar en la llamada Cuchilla de Taindala, un lugar con alturas inexpugnables que circundan el cauce del r\u00edo Gu\u00e1itara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas derrotas, que dificultaban el paso del ej\u00e9rcito bolivariano hacia Quito, suscitaron la furia de Bol\u00edvar quien imparti\u00f3 a sus lugartenientes la orden categ\u00f3rica de hacer todo lo posible por destruir a los pastusos, \u201craza maldita e ind\u00f3mita\u201d, seg\u00fan palabras del Libertador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bol\u00edvar, el comandante m\u00e1ximo, envi\u00f3 al Batall\u00f3n Rifles, integrado por mercenarios irlandeses, y los Escuadrones de Gu\u00edas, Cazadores Montados, Dragones de la Guardia, Vargas, Bogot\u00e1 y Milicias Quite\u00f1as, todos bajo el mando del General Sucre. Estos batallones ten\u00edan m\u00e1s de cinco mil hombres, en comparaci\u00f3n con los seiscientos del menguado ej\u00e9rcito realista, armado con machetes y palos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 24 de diciembre, Santacruz, quien hab\u00eda llegado desde muy temprano a los sitios de combate, vio venir la derrota y la retaliaci\u00f3n de los independentistas. Retorn\u00f3 con apremio a la ciudad con el fin de alertar y buscar protecci\u00f3n para su familia; pens\u00f3 que si se refugiaban en una edificaci\u00f3n religiosa, \u00e9sta no ser\u00eda atacada por los invasores. Mientras tanto, \u00e9l se quedar\u00eda aferrado a la que fuera su casa paterna, colmada de antig\u00fcedades y reliquias de sus antepasados. \u00a0Desde el patio empedrado de la casona colonial, adornado por una pileta central y rodeado de pilares de roble, esperar\u00eda con la ilusi\u00f3n encendida el regreso de su familia<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda de la nochebuena, aprovechando que la gente estaba distra\u00edda por las festividades, las tropas republicanas con Antonio Jos\u00e9 de Sucre, Jos\u00e9 Mar\u00eda C\u00f3rdova, Herm\u00f3genes Maza y Jes\u00fas Barreto a la cabeza de los batallones se tomaron la ciudad de Pasto, con sa\u00f1a y deseos de venganza. En esa navidad los villancicos y los regalos quedaron tapados por el terror y la ignominia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las mujeres y los ni\u00f1os comenzaron a gritar. Se percib\u00eda un indescriptible caos. En la iglesia, Esther y sus hijas se escondieron detr\u00e1s del escaparate en donde reposaban los ornamentos lit\u00fargicos. Por unas ranuras, Esther pudo ver con horror c\u00f3mo los soldados ultrajaban y golpeaban a las mujeres y luego las degollaban o atravesaban con las bayonetas en medio del dolor y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00a1Auxilio! \u00a1Socorro! \u00a1No me maten por el amor de Dios!\u201d Eran los gritos que desgarraban el aire de la sacrist\u00eda. Ana se tap\u00f3 el rostro cuando observ\u00f3 que los beb\u00e9s eran lanzados al aire y luego ensartados en los sables y tirados al piso. Leonor dio la espalda porque el terror por lo que escuchaba le imped\u00eda abrir los ojos. Los ancianos eran aniquilados a golpes. La toma cruel de la ermita dur\u00f3 m\u00e1s de tres horas, al final de las cuales los invasores rompieron im\u00e1genes y lienzos, tomaron los objetos de oro y salieron, algunos embrutecidos por el consumo de los licores saqueados de los almacenes durante su irrupci\u00f3n en la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en el interior de la iglesia s\u00f3lo se escuchaba el silencio y las sombras de la noche comenzaban a entrar por entre los escombros de las puertas destrozadas, la madre y sus hijas salieron de la sacrist\u00eda con la intenci\u00f3n de ir a su casa. Encontraron horrorizadas que el templo estaba destrozado y, tirados sobre el piso, vieron infinidad de cad\u00e1veres con cabezas ensangrentadas. Iban a comenzar a descender por la calle empinada y observaron con horror que por la acequia central corr\u00eda un arroyo de sangre. A partir de ese d\u00eda ser\u00eda la calle de El Colorado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El ej\u00e9rcito invasor mat\u00f3 a cerca de quinientas personas entre militares y civiles. Abusaron y luego aniquilaron a mujeres y ni\u00f1as sacadas de sus residencias o de refugios cat\u00f3licos. Arrasaron y desocuparon edificios p\u00fablicos, religiosos y viviendas; destruyeron los archivos del ayuntamiento y de las parroquias. Algunas familias ofrecieron sus fortunas en morrocotas para preservar el honor de sus hijas. La soldadesca, borracha y salida de s\u00ed, tom\u00f3 tanto los bienes como las mujeres en tres d\u00edas de desenfreno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El general Jos\u00e9 Mar\u00eda Obando, amigo de Bol\u00edvar, escribi\u00f3 sobre estos hechos: \u201cNo se sabe c\u00f3mo pudo caber, en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre, la medida altamente impol\u00edtica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos d\u00edas de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa del coronel Santacruz era objetivo de guerra. El coronel, en vista de la violencia del ataque, hab\u00eda huido por el patio trasero y se hab\u00eda refugiado en la residencia de unos amigos. Las tropas violentaron sus puertas, robaron art\u00edculos de oro, obras de arte y todos los objetos de valor. Para colmar su sevicia, prendieron fuego a la edificaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto como termin\u00f3 la barbarie, Esther y sus hijas salieron hacia su casa, esperando reunirse con Miguel. Sus rostros se desfiguraron al ver la escena que encontraron. Su vivienda estaba en ruinas y del rescoldo todav\u00eda se levantaban columnas de humo que parec\u00edan clamar al cielo por el desastre. Esther se desmay\u00f3, sus hijas de rodillas trataron de reincorporarla; los vecinos le trajeron una totuma de agua fresca con la cual se reanim\u00f3. Nadie les supo dar raz\u00f3n sobre el coronel. Nadie lo hab\u00eda visto desde el d\u00eda del asalto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Madre e hijas se miraron con los ojos anegados. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edan hacer? Era imposible volver a la ermita porque all\u00e1 no hab\u00eda espacio para alojarse. Esther propuso dirigirse al monasterio de las Conceptas, religiosas de clausura, a quienes la familia tambi\u00e9n auspiciaba. Las monjas, cuyo claustro no hab\u00eda sido atacado, las acogieron con benepl\u00e1cito, les asignaron una habitaci\u00f3n y les compartieron la alimentaci\u00f3n que ellas mismas preparaban. Las tres mujeres emprendieron los oficios dom\u00e9sticos, la preparaci\u00f3n de empanadas y el cuidado de las gallinas ponedoras. Al igual que las religiosas, permanecieron enclaustradas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales de enero de 1823, cuando hab\u00eda pasado la tempestad y los patriotas hab\u00edan bajado la guardia, el coronel Santacruz regres\u00f3 a Pasto, disfrazado de campesino, para encontrarse con su familia. Su coraz\u00f3n se estremeci\u00f3 cuando s\u00f3lo encontr\u00f3 ruinas y desolaci\u00f3n. No logr\u00f3 conseguir informaci\u00f3n alguna sobre la suerte de su esposa e hijas, a pesar del ah\u00ednco de sus pesquisas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miguel, con el pulso acelerado y su orgullo herido de muerte, viaj\u00f3 al Putumayo para reunirse con Agust\u00edn Agualongo, \u00fanico mestizo elevado al rango de general realista; juntos volvieron a organizar el ej\u00e9rcito para retomar el dominio de la ciudad. Sin embargo, por la inferioridad num\u00e9rica y de armamento, los seguidores del Rey fueron derrotados en forma definitiva. Agualongo fue fusilado en Popay\u00e1n, en 1824, y el coronel Santacruz volvi\u00f3 de inc\u00f3gnito a la ciudad para retomar sus actividades y seguir buscando a su familia. Entretanto, se fue a vivir a una de sus fincas, ubicada en las estribaciones del volc\u00e1n Galeras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Meses despu\u00e9s, el coronel fue indultado a cambio de su rendici\u00f3n. Se reincorpor\u00f3 a su vida cotidiana que transcurr\u00eda entre el cuidado de los cultivos y el ganado en sus terrenos y la construcci\u00f3n de su nueva casa en la ciudad. Comenzando el segundo semestre de 1823, fue al convento de las Conceptas para hacer una donaci\u00f3n y comprar huevos. Para cumplir con la norma de no ser vistas, ni ver a los visitantes, las comunicaciones de las monjas con otras personas se realizaban por medio de una ventana con torno a trav\u00e9s del cual recib\u00edan o entregaban los objetos. Cu\u00e1l no ser\u00eda la sorpresa del coronel cuando al escuchar la voz de quien le entregaba los huevos y le informaba el valor a pagar identific\u00f3 un tono muy parecido al de su hija Ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Ana, Anita, \u00bferes t\u00fa? \u2500pregunt\u00f3 Miguel con voz temblorosa\u2500. Estaban f\u00edsicamente muy cerca porque apenas los separaban unos cent\u00edmetros y se interpon\u00edan las tablas del torno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500\u00a1Pap\u00e1, papito! \u2500grit\u00f3 la hija\u2500 y sali\u00f3 corriendo a pedir permiso a las religiosas para abrazar a su padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esther y Leonor corrieron hacia la ventana para saludar al coronel \u2500sus voces sonaban entrecortadas por la emoci\u00f3n y los sollozos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las religiosas hicieron una excepci\u00f3n y dejaron entrar a Miguel a una peque\u00f1a sala. Los cuatro se fundieron en un apretado abrazo en medio de l\u00e1grimas de alegr\u00eda. La Abadesa entr\u00f3 con cinco copas de vino de consagrar para brindar por ese reconfortante encuentro. La monja y los miembros de la familia se pusieron de pie, formando un c\u00edrculo. La religiosa levant\u00f3 la copa y dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Doy gracias a Dios por mantenernos con vida en medio de estas atrocidades y por permitir que hoy la familia Santacruz vuelva a estar reunida. \u00a1Salud!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esther y sus hijas brindaron en agradecimiento a las Conceptas por albergarlas durante estos largos meses y por el reencuentro que Dios providencialmente permiti\u00f3 en este d\u00eda. El coronel levant\u00f3 la copa, mir\u00f3 por unos segundos a cada persona y dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Gracias a Dios, gracias a la vida y gracias a todas las personas que nos han ayudado para estar aqu\u00ed juntos. Luego agreg\u00f3, mirando hacia el suelo: \u2500Colorado abajo rod\u00f3 sangre pastusa por defender nuestros principios y creencias\u2500.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s tom\u00f3 un sorbo de vino y, la copa cay\u00f3 al piso, Miguel puso su mano derecha sobre el pecho, su rostro hizo un rictus de dolor y se desplom\u00f3. Madre e hijas se arrodillaron y lo tomaron en sus brazos. Ana puso su o\u00eddo sobre el pecho de su padre mientras con su mano le tomaba la mu\u00f1eca; a los pocos segundos, estall\u00f3 en llanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Julio Camilo Eraso E. 2022 Al mediod\u00eda del 24 de diciembre de 1822, Miguel Santacruz, sudoroso y con la ropa desgarrada, entr\u00f3 a su casa y urgi\u00f3 a Esther , su esposa de 42 a\u00f1os, y a sus hijas veintea\u00f1eras, Ana y Leonor, para que salieran de inmediato y buscaran refugio en la iglesia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":28415,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[85],"tags":[],"class_list":["post-62640","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-culturas-2"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.1.1 - 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