{"id":65325,"date":"2023-04-01T21:07:58","date_gmt":"2023-04-02T02:07:58","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=65325"},"modified":"2023-04-01T21:07:58","modified_gmt":"2023-04-02T02:07:58","slug":"la-competencia-el-naciente-automovilismo-en-la-decada-de-los-60s-del-siglo-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/la-competencia-el-naciente-automovilismo-en-la-decada-de-los-60s-del-siglo-pasado\/","title":{"rendered":"La competencia. El naciente automovilismo en la d\u00e9cada de los 60&#8217;s del siglo pasado."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Por: Camilo Eraso E.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El parque principal estaba enmarcado por una combinaci\u00f3n de casonas coloniales y edificios modernos como los de la Gobernaci\u00f3n, la Alcald\u00eda y algunos bancos. Sobre sus cuatro costados estacionaban taxis con una empresa autorizada para ocupar cada costado. En esta ciudad peque\u00f1a, las personas realizaban sus diligencias a pie y cuando ten\u00edan que recorrer un trayecto largo, caminaban hasta el parque para contratar lo que com\u00fanmente se conoc\u00eda como un carro de plaza, aludiendo al sitio en donde se encontraban estacionados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carlos \u2500\u201cel Zucho\u201d\u2500 Viteri arribaba temprano en la ma\u00f1ana, con bayetilla y cera en mano, para embellecer su Ford 1958 y ofrecerlo impecable a sus clientes. El carro resplandec\u00eda, desped\u00eda aromas florales al mismo tiempo que su conductor vest\u00eda traje de pa\u00f1o, camisa blanca y corbata. Carlos era alto, estilizado, elegante, con conversaci\u00f3n amena y buen sentido del humor; m\u00e1s de una admiradora suspiraba por \u00e9l. En el trabajo con el taxi, las carreras cortas en la ciudad ten\u00edan una tarifa fija y, por supuesto, la jornada daba mayores frutos cuando se presentaba un servicio fuera de la ciudad. El contrato anhelado consist\u00eda en un viaje de ida y vuelta a un pueblo o al aeropuerto, ojal\u00e1 con algunas horas de espera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho tuvo que comenzar a trabajar, en su adolescencia, a ra\u00edz de la partida, temprana y sorpresiva, de su padre al m\u00e1s all\u00e1. La viuda no alcanzaba a sostener a sus hijos con la venta de empanadas. Para afrontar la crisis, el hijo mayor dej\u00f3 los estudios decidido a ayudar en la casa y a sacar adelante a sus hermanos. La madre, como \u00faltimo recurso, acudi\u00f3 a pedir auxilio al mejor amigo de la familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Pedro, le ruego que me ayude a conseguir un trabajo para Carlos, mi hijo mayor \u2500le dijo la madre, casi entre l\u00e1grimas\u2500. Lo que gano no alcanza y sin marido ni pensi\u00f3n, la cosa se me ha puesto cuesta arriba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Comadre, d\u00edgale que vaya ma\u00f1ana al taller, le puedo ayudar \u2500respondi\u00f3 Pedro colocando una mano sobre sus hombros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho hizo sus primeros pinos laborales como ayudante lava tornillos en aquel taller de mec\u00e1nica. Por su destreza y por la urgencia de ganar dinero, se ofrec\u00eda para ayudar a los mec\u00e1nicos en lo que fuera; \u00e9l sab\u00eda que esas labores adicionales eran el mejor medio de aprendizaje. Pedro, al constatar que absorb\u00eda conocimientos como esponja, lo nombr\u00f3 ayudante de mec\u00e1nico, con algunas labores sencillas, tales como alistar los repuestos, sostener y apretar componentes, limpiar y ordenar las herramientas. Por su disposici\u00f3n fue ganando confianza y recibi\u00f3 tareas de mayor complejidad. Unos cuantos a\u00f1os despu\u00e9s, tras el retiro de un mec\u00e1nico, Pedro lo llam\u00f3 a su oficina:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Le has puesto berraquera al trabajo y has aprendido, Carlos \u2500le dijo d\u00e1ndole palmaditas en la espalda\u2500. Te voy a dar el chance de ocupar la vacante de mec\u00e1nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el tiempo, el Zucho se convirti\u00f3 en un experto para reparar motores, a tal punto de llegar a ser considerado el maestro de los mec\u00e1nicos. Estaba en la cima de su oficio cuando la ca\u00edda del bloque de un motor le cercen\u00f3 su mano izquierda produciendo una discapacidad que le impidi\u00f3 continuar ejerciendo su cargo. Vivi\u00f3 un per\u00edodo cr\u00edtico porque no sab\u00eda hacer otra cosa, estaba cerca de cumplir cuarenta a\u00f1os y a\u00fan sosten\u00eda a su madre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pedro, quien m\u00e1s que su jefe era su amigo, se le acerc\u00f3 en el peor momento de la depresi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Si quieres te puedo alquilar uno de mis taxis para que trabajes, de tal forma que me pagues un m\u00f3dico arriendo mensual y el resto del producido sea para ti \u2500le dijo mostrando las llaves del carro\u2500. Tus conocimientos de mec\u00e1nica te van a servir para cuidar el taxi y hacer que te produzca m\u00e1s \u2500agreg\u00f3 el jefe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho acept\u00f3 sin dudarlo. Los soplos del destino le dieron un giro a su vida. Adapt\u00f3 un pomo en el tim\u00f3n y, desde entonces, us\u00f3 a diario las dos pintas domingueras porque el nuevo trabajo exig\u00eda vestido formal. La presentaci\u00f3n, la limpieza del carro y la gentileza del conductor fueron los polos de atracci\u00f3n para los clientes. Su d\u00eda de trabajo se convirti\u00f3 en una caja de sorpresas porque a veces s\u00f3lo hac\u00eda carreras en la ciudad, mientras que en otras ocasiones los viajes largos engrosaban su bolsillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el paso de los d\u00edas el Zucho se consolid\u00f3 como uno de los mejores taxistas, tanto que era buscado por los personajes locales, logrando unos ingresos que, con disciplina de ahorro, le permitieron comprarle el taxi a su patr\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Monse\u00f1or Realpe, el magistrado P\u00e9rez y el m\u00e9dico Caicedo estaban entre los clientes preferenciales, por su conversaci\u00f3n amena y su generosidad. Adem\u00e1s, cuando ten\u00eda que esperarlos, igual ganaba sin quemar gasolina y recib\u00eda generosas propinas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para facilitar la modernizaci\u00f3n de la flota, el gobierno import\u00f3 carros sin arancel. El Zucho pidi\u00f3 un pr\u00e9stamo para comprar un Ford Fairlane del a\u00f1o 1965, cero kil\u00f3metros. Con carro nuevo, creci\u00f3 la clientela y baj\u00f3 el costo de mantenimiento, circunstancias que le permitieron pagar el cr\u00e9dito a la misma velocidad a la que le gustaba conducir en carretera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esa ruta de la vida, se le atraves\u00f3 una \u00a0nueva oportunidad. Por esos d\u00edas, la se\u00f1ora Martha Ortiz inaugur\u00f3 la primera escuela de conducci\u00f3n en la ciudad e invit\u00f3 \u00a0al Zucho a su oficina. Martha era una mujer alta, curvil\u00ednea, de ojos so\u00f1adores y cabello casta\u00f1o, \u00a0tendr\u00eda unos cuarenta a\u00f1os. Por su gusto y afici\u00f3n a los carros, opt\u00f3 por el negocio de la escuela de automovilismo como medio de subsistencia, despu\u00e9s de la desaparici\u00f3n de su esposo, quien no regres\u00f3 de un viaje al Ecuador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Quiero hablarle porque conozco su trabajo. \u2500dijo Martha Ortiz, invit\u00e1ndolo a tomar asiento\u2500. Yo era cliente del taller en donde usted laboraba, por eso lo llam\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Bueno, muchas gracias se\u00f1ora; ahora que lo dice, recuerdo que la vi varias veces en el taller. \u00bfNecesita alg\u00fan viaje o para qu\u00e9 soy \u00fatil? \u2500respondi\u00f3 el Zucho mientras se sentaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Me acabo de lanzar al agua con la creaci\u00f3n de una escuela de conducci\u00f3n. El curso que dictamos incluye el conocimiento del veh\u00edculo tanto en teor\u00eda como en la pr\u00e1ctica y la ense\u00f1anza de su mec\u00e1nica b\u00e1sica \u2500prosigui\u00f3 Martha, poni\u00e9ndose de pie, al lado del Zucho\u2500 Nos podr\u00edamos aliar para que usted se encargue de esa parte de la ense\u00f1anza. \u00bfC\u00f3mo le parece? \u2500los gestos de Martha eran insinuantes, lo trataba con una confianza inusual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Me sorprende, se\u00f1ora. No estaba preparado. Vea, es que encargarme de esa parte del curso va a cruzarse con mi trabajo. \u00bfMe deja pensarlo? \u2500respondi\u00f3 el Zucho, algo atolondrado por la cercan\u00eda de Martha y su delicioso perfume.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Le pido que no me diga se\u00f1ora, me llamo Martha \u2500le dijo con una sonrisa\u2500. Puedo cuadrar el horario para no entorpecer su rutina. Quiero que trabajemos juntos, no voy a recibir un \u201cno\u201d de su parte \u2500agreg\u00f3 Martha mirando fijo a los ojos del Zucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Gracias Martha. Con esa condici\u00f3n acepto \u2500respondi\u00f3 el Zucho con voz entrecortada por el magnetismo que sent\u00eda hacia su nueva socia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Me encanta que seamos socios. Conf\u00edo en usted y estoy segura de que vamos a formar un buen equipo \u2500agreg\u00f3 Martha con su rostro tan cerca, que el Zucho sent\u00eda su respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acordaron que las clases se dictar\u00edan dos veces a la semana, de 2 a 4 de la tarde porque ese horario era conveniente para ambos y en especial para el instructor, teniendo en consideraci\u00f3n que era un per\u00edodo de poco trabajo en el taxi.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El profesor comenz\u00f3 a dictar las asignaturas con el respeto y admiraci\u00f3n de los alumnos. Al finalizar las clases, Martha se acercaba al sal\u00f3n, invitaba al Zucho a un tinto, hablaban de temas variados y as\u00ed fueron generando mayor cercan\u00eda hasta que\u00a0 comenzaron a tutearse. El Zucho, para corresponder a su amabilidad, de vez en cuando, le llevaba tres rosas rojas o unos chocolates. Pasados unos meses, al t\u00e9rmino de una clase, Martha lo volvi\u00f3 a invitar a su oficina porque le ten\u00eda otra propuesta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Carlos, mira, quiero promover el automovilismo. Deseo hacerlo por medio de una carrera con carros de turismo. Te propongo que entre los dos organicemos un circuito de ida y vuelva a Ipiales \u2500Martha le pas\u00f3 el brazo sobre los hombros, como si fueran amigos de mucho tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Tu sabes que mi pasi\u00f3n es la velocidad, tu idea es fabulosa. \u00a1Hag\u00e1mosle! \u00a0Adem\u00e1s de bella, d\u00e9jame decirte que eres visionaria y arriesgada \u2500respondi\u00f3 el Zucho con un| gui\u00f1o, para reforzar su piropo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho pas\u00f3 varias noches desvelado pensando en la competencia y en las insinuaciones de Martha, que le atra\u00eda bastante. En sus ratos libres se convirti\u00f3 en promotor, publicista y relacionista para conseguir permisos de las autoridades, patrocinios del comercio y apoyo de los medios. Adem\u00e1s tuvo que organizar a jueces, cronometristas, servicio t\u00e9cnico en carretera, ambulancias e infinidad de detalles adicionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otro frente de trabajo, el Zucho ten\u00eda que preparar su taxi para la carrera, pues no se iba a quedar sin correr, as\u00ed que \u00e9l mismo supervis\u00f3 el acondicionamiento en el taller de Pedro. Poner el carro a punto tom\u00f3 tiempo y requiri\u00f3 alg\u00fan dinero que algunas empresas le donaron, a cambio de ubicar su marca en sitios visibles de la nave. Adem\u00e1s de los ajustes a la suspensi\u00f3n y a los frenos, era fundamental la eficiencia del motor, ese era el secreto del Zucho que adaptaba unos chicleres en el carburador, para darle mayor potencia. Los mec\u00e1nicos y sus auxiliares pusieron todo su empe\u00f1o, porque un buen resultado ser\u00eda orgullo para ellos y prestigio para el taller. Para probar el funcionamiento, el Zucho pisaba el acelerador, despu\u00e9s de la media noche, cuando la carretera Panamericana estaba casi vac\u00eda. Con los resultados de la prueba, al d\u00eda siguiente ordenaba ajustes adicionales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su lado, Martha, con su taller de confianza, tambi\u00e9n preparaba su Chevrolet Belair 1966 sin parales, con motor de persecuci\u00f3n, para llevarlo a su m\u00e1xima capacidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque no lo hab\u00edan hecho expl\u00edcito, el duelo central de la competencia estar\u00eda entre ella y el Zucho. Ambos lo pensaban aunque los dos lo guardaban en secreto. Martha quer\u00eda demostrar que una mujer ten\u00eda tanta o m\u00e1s destreza que los hombres en una actividad que siempre se hab\u00eda considerado masculina. Para el Zucho el reto era doble. Por un lado comprobar que era el mejor automovilista de la regi\u00f3n y que su impedimento f\u00edsico estaba superado y, por otro lado, estaba su desaf\u00edo escondido con Martha; no cab\u00eda en su cabeza que una mujer le pudiera ganar, mucho menos quien le comenzaba a conquistar el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El s\u00e1bado de la competencia, la carretera de Pasto a Ipiales fue cerrada desde las seis de la ma\u00f1ana con el fin de asegurar que estuviera libre de veh\u00edculos a la hora de iniciaci\u00f3n de la carrera. A lado y lado de la Avenida Boyac\u00e1, los andenes se llenaron de espectadores; los m\u00e1s entusiastas fueron hasta sitios estrat\u00e9gicos de la carretera, como el final del ascenso en el kil\u00f3metro 15, la entrada a Tangua o El Pedregal, para ver el paso de los corredores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El orden de salida fue sorteado por los jueces en el sitio de partida. Al Zucho le correspondi\u00f3 el quinto lugar y a Martha el s\u00e9ptimo, con tres minutos de diferencia entre competidores, situaci\u00f3n que generaba una diferencia de seis minutos de diferencia entre la salida del Zucho y la de Martha. Los motores de los diez veh\u00edculos rug\u00edan produciendo un ruido ensordecedor que sub\u00eda las emociones de corredores y espectadores. A las ocho en punto se agit\u00f3 la bandera a cuadros para dar la partida al primer veh\u00edculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los corredores sal\u00edan desde la plazoleta de Santiago, descend\u00edan por la Avenida Boyac\u00e1 para luego tomar la carretera Panamericana. El Zucho miraba con obsesi\u00f3n el espejo retrovisor porque, a toda costa, deb\u00eda evitar que Martha lo alcanzara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El p\u00fablico vibraba y aplaud\u00eda el paso de los b\u00f3lidos, que parec\u00edan vallas publicitarias. El trayecto, ya en carretera, comenzaba con un fuerte ascenso de quince kil\u00f3metros, seguido por un sector de rampas que atravesaba varias poblaciones y terminaba con un tramo recto y plano. Luego de un recorrido por avenidas de la ciudad de Ipiales, los veh\u00edculos tomaban la v\u00eda angosta y destapada, pasando por T\u00faquerres, para empatar de regreso en el Pedregal con la carretera Panamericana, en sentido contrario, rumbo a la meta en el sitio de partida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho \u00a0ubic\u00f3 a varios amigos con radios port\u00e1tiles en puntos cr\u00edticos de la v\u00eda, para que le dieran noticias sobre el desarrollo de la carrera y la diferencia con sus rivales. Desde la cima del primer ascenso, su escudero le inform\u00f3 que el carro de Martha hab\u00eda cruzado cuatro minutos y medio detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un terreno ondulado, con curvas suaves, pasaron cerca de Yacuanquer, Tangua y El Pedregal. En este \u00faltimo punto, otro de los apoyos del Zucho le inform\u00f3 que Martha hab\u00eda cruzado a tres minutos de \u00e9l. El Zucho estaba con los nervios de punta porque su carro no daba m\u00e1s, sudaba a c\u00e1ntaros y no despegaba los ojos del retrovisor; sab\u00eda que su rival ten\u00eda un mejor veh\u00edculo. Las llantas rechinaban y sacaban humo en las curvas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el terreno plano y recto que se \u00b4presentaba de all\u00ed en adelante apret\u00f3 el acelerador hasta el fondo; sin embargo su cronometrista le inform\u00f3 que al paso por Ipiales, su diferencia sobre Martha era de tan solo dos minutos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La desesperaci\u00f3n del Zucho crec\u00eda como la espuma. Buscaba sacar la m\u00e1xima velocidad a su carro, pero parec\u00eda que no era suficiente. Al acercarse de regreso a El Pedregal, en medio del polvo que levantaba su veh\u00edculo alcanz\u00f3 a ver en el retrovisor a la corredora que lo atormentaba, pudiendo comprobar asustado que la distancia se segu\u00eda reduciendo a tal punto que el coche de Martha cubr\u00eda buena parte del espejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la siguiente recta, antes de llegar a El Pedregal, el Chevrolet Belair pas\u00f3 raudo levantando una estela de polvo que dej\u00f3 al Zucho sin visibilidad. Despu\u00e9s de lavar el parabrisas, el Zucho oprimi\u00f3 el acelerador con toda el alma,\u00a0 escuch\u00f3 cuando el bramido del motor ya era un clamor, vio que la aguja de la temperatura comenz\u00f3 a subir y la presi\u00f3n del aceite ya no estaba en su nivel habitual. A pesar de su esfuerzo, su contendora se alejaba cada vez m\u00e1s. Al pasar por la recta de Tangua su veloc\u00edmetro marcaba 120 kil\u00f3metros por hora y el sonido era ensordecedor. En medio del aplauso condescendiente de los lugare\u00f1os, el motor se apag\u00f3 y, tras m\u00faltiples intentos, no volvi\u00f3 a encender.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho baj\u00f3 del carro tirando la puerta con furia. Sab\u00eda que hab\u00eda fundido el motor. A punto de estallar en l\u00e1grimas, se sent\u00f3 a la orilla de la carretera, con la cabeza gacha. El veh\u00edculo de cierre de la competencia recogi\u00f3 al Zucho para llevarlo hasta la meta y envi\u00f3 una gr\u00faa para recoger su carro. El Zucho no musit\u00f3 palabra en el recorrido, solo se limit\u00f3 a mirar los \u00e1rboles a la orilla de la carretera y, de cuando en cuando, darle un golpe con su frente al vidrio lateral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la llegada del carro de cierre, los jueces iniciaron la premiaci\u00f3n. Marta, en lo m\u00e1s alto del podio recibi\u00f3 la medalla de oro, un trofeo y un juego de llantas. El Zucho, al frente de la tarima la aplaudi\u00f3, peg\u00e1ndose en el pecho con su mano y le envi\u00f3 un beso volado de felicitaci\u00f3n. Estaba herido en su amor propio, pero igual vitore\u00f3 a su rival<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al bajar de la tarima, Martha se acerc\u00f3 al Zucho, le dio un estrecho abrazo para agradecerle por lo que hab\u00eda hecho por ella y por la carrera. Estaba feliz por el \u00e9xito del equipo de trabajo que hab\u00edan conformado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2212Tengo una cena especial y una botella de champagne para celebrar mi primer triunfo en una carrera. Quiero que t\u00fa compartas este festejo conmigo. Te espero a las 7 en mi apartamento \u2500le dijo Martha con una sonrisa y un beso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Zucho abri\u00f3 los ojos y se toc\u00f3 la mejilla en donde hab\u00eda aterrizado el beso. Nunca| hubiera imaginado, pens\u00f3, que a pesar de la derrota en la competencia fuera a ganar un premio mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Camilo Eraso E. El parque principal estaba enmarcado por una combinaci\u00f3n de casonas coloniales y edificios modernos como los de la Gobernaci\u00f3n, la Alcald\u00eda y algunos bancos. Sobre sus cuatro costados estacionaban taxis con una empresa autorizada para ocupar cada costado. 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