{"id":70879209091,"date":"2024-12-31T21:03:16","date_gmt":"2025-01-01T02:03:16","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=70879209091"},"modified":"2024-12-31T21:03:16","modified_gmt":"2025-01-01T02:03:16","slug":"el-arbol-de-rumipamba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/el-arbol-de-rumipamba\/","title":{"rendered":"El \u00e1rbol de Rumipamba"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Por: Vicente Apr\u00e1ez Apr\u00e1ez\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Con las galas de su remodelaci\u00f3n incorporadas a su esencia, el parque de San Andr\u00e9s acoge las modernidades y recupera su ancestral categor\u00eda. Esa de Rumipamba, que como tal, mejor rima con su r\u00edgida estructura colonial. En cuanto ese parque se integra a la carrera 27, ser\u00e1 la mano siempre estar\u00e1 dispuesta a rescatar esos blasones que Pasto, antes de la fatal sentencia, en m\u00e9rito de su prosperidad comparti\u00f3 con Cartagena, Tunja, Mompox, Popay\u00e1n y Santa Martha.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta hace poco, dentro de la peque\u00f1a plazoleta se advert\u00edan vestigios de ese centro de autoridad desde el cual se dispensaba autoridad y gobierno. La parroquia con la comunidad, supieron manejar la convivencia y armon\u00eda prevalecientes entre espa\u00f1oles y criollos, y merced a las dispensas otorgadas por el obispado de Popay\u00e1n, desarrollar el mensaje dado por la preciosa imagen que alg\u00fan andante dejara olvidada en ese cruce de caminos, y erigir en el santuario la capilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde \u00e9pocas inmemoriales, en San Andr\u00e9s se concentraron los jolgorios, mercados y reuniones, que por conducto de sus caporales, priosters y fiesteros organizaban se\u00f1ores y encomenderos. Entre tantas, con especial esmero, las fiestas patronales de San Juan; de la Dolorosa en su d\u00eda, y los a\u00f1os viejos del final del a\u00f1o y advenimiento del siguiente. Durante esas, unos y otros compart\u00edan generosas viandas de fritada, choclos, cuyes, empanadas y puerco horneado, con las cuales habr\u00eda de fomentarse la rica cultura gastron\u00f3mica, que en paralelo con la l\u00fadica hisp\u00e1nica, se traducir\u00eda en tientas de novillos, ri\u00f1as de gallos, vacas locas, castillos de fuego, palos encebados y marranos engrasados, que entre tantas dar\u00edan pauta al surgimiento de aquellas esas expresiones artesanales, cuya fusi\u00f3n sincr\u00e9tica de rituales cristianos y paganos, tendr\u00eda inmejorables int\u00e9rpretes en los carnavales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, las solemnidades por excelencia, tal como a la presente llegaron, radican en la procesi\u00f3n que con posterioridad al rezo de las estaciones y el serm\u00f3n de las siete palabras, convocan a la veneraci\u00f3n del Santo Sepulcro cuya maestr\u00eda artesanal se patentiza en la carroza dorada de la Catedral Mayor. Esa procesi\u00f3n cuyo epilogo luctuoso corre por cuenta de la banda sinf\u00f3nica, con los acordes luctuosos de la marcha de Chopin despide el paso de la Dolorosa de San Andr\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la hora de la oraci\u00f3n del d\u00eda siguiente, una veintena de legionarios conduce el anda de la Virgen Dolorosa, cuando acompa\u00f1ada por numerosas damas va por las calles que en lento ritual conducen hasta San Agust\u00edn. All\u00ed, la regia matrona vestida de purpura, con su coraz\u00f3n cruzado por argentos pu\u00f1ales,\u00a0\u00a0extrav\u00eda su mirada sobre los perfiles del sol sobre el Galeras. La Dolorosa, levitante y con la expresi\u00f3n dejada por las l\u00e1grimas que tatuaron su rostro, proyecta im\u00e1genes capaces de conmover los m\u00e1s recalcitrantes agnosticismos. En cuanto la escena transcurre envuelta por las l\u00fabricas simbiosis del conjunto, el bullicio se confunde entre los babil\u00f3nicos lamentos y las repetitivas jaculatorias. La Virgen Dolorosa de San Andr\u00e9s en su rictus junta su llanto con el de tantas mujeres que, con las \u201clocas de Mayo\u201d; las \u201cmadres de Soacha\u201d; las de La Escombrera, y cu\u00e1ntas y cu\u00e1les m\u00e1s que, a lo largo y ancho del orbe, en su desespero claman justicia por la irreparable p\u00e9rdida de esos hijos que, en aras de inconfesables perversiones, por lo siglos de los siglos siguen siendo crucificados, sacrificados, fusilados, torturados, explotados y\/o vilmente desaparecidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al igual que en los templos de la edad media, tambi\u00e9n en el de San Andr\u00e9s, millares de cirios votivos disipan las penumbras que insin\u00faan perfiles de esos que en su postrer adi\u00f3s, all\u00ed marcaran sus improntas. Largos silencios que se apagan ante los tiernos gemidos que desde las pilas bautismales acuden a la escena. Esto, sin que por a\u00f1ejas que fuesen para sus circunstanciales actores, borren el recuerdo de irresponsables arrebatos, que, bajo el embrujo de fantasiosas formas, all\u00ed materializaron aquellas liviandades que al producir milagrosas siembras, vaya iron\u00eda!!!\u2026 qui\u00e9n lo creyera!!!, en cuanto fructificaron, con los hijos, sus parejas, nuestros nietos y sus hijos, adem\u00e1s de validar nuestro paso por la vida, a fe que le han prestado invaluable soporte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>II El cipr\u00e9s que preside el parque\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En el centro del magn\u00edfico escenario de Rumipamba, airoso se yergue el enorme cipr\u00e9s que, desde su siembra dada a inicios de 1970, sin pausa se convirtiera en insomne guardi\u00e1n de indecibles saudades. Este, en su condici\u00f3n de insular sobreviviente del hacha que en la remodelaci\u00f3n blandiera su furor, altanero hiso valer su condici\u00f3n de amo y se\u00f1or, y a los ejecutores inspir\u00f3 derroteros que a la obra no solo auguraron afortunados resultados, sino la posibilidad de expandir el parque hasta entonces aprisionado entre anacr\u00f3nicas construcciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A quienes fuimos sus mentores, el \u00e1rbol nos licencia a compartir intr\u00edngulis de lo sucedido allende los a\u00f1os, cuando en el huerto de la casa paterna vecina a San Andr\u00e9s, quiz\u00e1 tra\u00edda por las brisas, de golpe apareci\u00f3 la matita que gracias a sus singulares encantos, para todos, y en espacial para mis peque\u00f1os hijos: Diego de casi seis a\u00f1os y Adriana de tres, habr\u00eda de ser objeto de predilecci\u00f3n. Ese cipr\u00e9s, con sus propias fortalezas no solo enfrent\u00f3 las contingencias del desolado parque, sino que se\u00f1al\u00f3 el instante en que habr\u00edamos de librarle del tarro que despu\u00e9s de brindarle soporte, tambi\u00e9n fuera su tormento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En atenci\u00f3n a la insistencia con que los ni\u00f1os requer\u00edan el trasplante, la siembra finalmente se efectu\u00f3 una ma\u00f1ana del mes de junio, cuando\u00a0\u00a0provistos de cuanto chuzo pudimos encontrar, gozosos fuimos hasta San Andr\u00e9s dispuestos a ejecutar tan obligante encargo. Una vez all\u00e1, Diego, asumiendo la autoridad derivada de su mayorazgo, sin requerir permiso alguno, impuso que hab\u00eda que plantar el \u00e1rbol en el mism\u00edsimo centro del lugar. Por su parte la nena, en espont\u00e1neo derroche de la gracia y fulgor que desde entonces irradian sus bellos ojos glaucos, de la tarea hiso toda una fiesta cuando con su media lengua, comenz\u00f3 a tararear esas canciones que, aprendidas en el instituto preescolar San Jorge refer\u00edan cuentos de los habitantes patag\u00f3nicos, que con duendes, hadas y elfos, reinaban en la Quebrada de Humahuaca. &#8211; Curiosa coincidencia de la vida, cuando muchos a\u00f1os despu\u00e9s, al recorrer con ella y Fr\u00e9d\u00e9ric los indescriptibles parajes argentinos de la provincia de Jujuy, en una curva del camino que al salir de La Garganta del Diablo conduce al Cerro de los Siete Colores, intempestivamente tropezamos con los predios que, marcados con el nombre de la Quebrada de Humahuaca nos transportaron a mundos colmados de gratas a\u00f1oranzas. &#8211;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomando el cuento: de entre los entretelones de la memoria rescatamos momentos, en los que despu\u00e9s de luchar para vencer las rigideces del suelo, literalmente agotados; embadurnados del lodo y con las manos ampolladas, al fin nos sentimos satisfechos de encontrar alojo grato a nuestra fr\u00e1gil criatura. Ansiosos por compartir detalles de semejante aventura, al regreso a casa lo hicimos invadidos por la m\u00e1s extra\u00f1a sensaci\u00f3n de alegr\u00eda, remordimiento y culpa. Culpa, ante los temores y\/o certezas de que, adem\u00e1s del gran vac\u00edo que el arbolito hab\u00eda dejado en nuestro patio, desde esa noche se debatir\u00eda entre indecibles asechanzas. De esas cavilaciones que viajaban acompa\u00f1adas de gran satisfacci\u00f3n, nos sacaron los gritos de Adriana, cuando con su revoltijo de consonantes y vocales reclamaba la presencia de la mami quien, a esas horas, aperada de refrescos y estropajos nos aguardaba a la entrada de la casa: Mami\u2026 maammiii\u2026 mamitaaa\u2026 Mariuuu\u2026: all\u00e1 en el parque, cerquita de la iglesia dejamos la matica&#8230; Y aqu\u00ed que Diego irrumpi\u00f3: s\u00ed mami, all\u00e1, frente a la tienda de los pirulies y los volantines, con el papi dejamos enterrada la matica del tarro, y\u2026 Y, cuando arrepentidos y al borde de una pataleta quisimos rescatarla\u2026 a Adri y a m\u00ed nos dijo, que, en vez de lloriqueos, deb\u00edamos comprometernos a que, adem\u00e1s de visitarle frecuentemente, jam\u00e1s \u00edbamos a olvidarle. Y que adem\u00e1s supi\u00e9ramos, que con los a\u00f1os, ese cipr\u00e9s iba a ser el mejor y m\u00e1s grande \u00e1rbol de ese parque\u2026, tan grande y fuerte como la mism\u00edsima torre de la iglesia\u201d, esa que para nosotros parec\u00eda un rascacielos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Qui\u00e9n para prever entonces qu\u00e9, en sus inescrutables designios, la existencia reservara imprevisibles rumbos. Esos, que siendo extremos se dar\u00edan al precio de sacrificar nuestra permanencia en tan amados lares. Sin embargo, y como si tal todo siguiese siendo inalterable, los ni\u00f1os disfrutaban del amigable ambiente de la ciudad, en la cual cada d\u00eda transcurr\u00eda sin que a nadie importase s\u00ed el hoy era diferente al de ayer, ni el ayer se pareciese al ma\u00f1ana, mientras que nuestros proyectos se concretaban a las actividades generadas por su propia din\u00e1mica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dentro de esas cotidianidades, un d\u00eda la familia, fue gratamente sorprendida por la visita de una blanca cig\u00fce\u00f1a, que cansada de desafiar distancias, mientras peinaba su blondo plumaje, anunciaba la llegada de la tierna criatura que pl\u00e1cidamente descansaba en la cunita de mimbre que Mar\u00eda Eugenia hab\u00eda preparado para recibir a Gustavo. Este que pronto se convertir\u00eda en centro y raz\u00f3n del conjunto marcado por los designios pendulares que, a su arbitrio trazaron nuevos horizontes. S\u00ed de evaluar las repercusiones derivadas de renunciar a tanto para incursionar en inescrutables mundos se tratase, adem\u00e1s del desarraigo, es preciso reparar en lo dr\u00e1stico de cambiar esas rutinas matizadas por el c\u00e1lido entorno de familiares y amigos, e ir en busca de lo desconocido. Y, despu\u00e9s de muchos otros sacrificios, prescindir de los buc\u00f3licos arrullos prodigados por los amaneceres presididos por la imponente figura del Urcunina, y esos atardeceres bajo los sin iguales marcos de los policromos trazos dejados por los cueches, cuando con los \u00faltimos rayos del sol se disputan el horizonte. Que dif\u00edcil ser\u00e1 cambiar el alegre triste de nuestros requintos, zampo\u00f1as y cununos, para adoptar sones que hermosos que fuesen, ser\u00e1n siempre ajenos. Como renunciar a los arrullos po\u00e9ticos de Aurelio Arturo, Luis Felipe de la Rosa, y Alberto Quijano, y a los devaneos verbales del maestro Ignacio Rodr\u00edguez Guerrero. Que pesar del gracejo de las gentes que parecen masticar las erres, y el deleitante sabor de nuestros tragos y comidas. Y, sumado a eso, a cuanto por toda la vida formara parte esencial del entorno social y familiar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, las alusiones que en la nueva casa constantemente se hac\u00edan respecto a las costumbres y entra\u00f1ables personas que all\u00e1 dejamos, as\u00ed en sus a\u00f1oranzas siempre estuviese vigente, nadie se atrev\u00eda a mencionar el cipr\u00e9s del parque. Sin embargo, dadas nuestras irrenunciables conexiones con Pasto, ninguno ignoraba que en cualquier momento alguien tropezar\u00eda con tan preciado objeto de nuestros afectos. El turno me correspondi\u00f3, cuando al pasar cualquier d\u00eda por San Andr\u00e9s, a lo lejos apreci\u00e9 una figura que bamboleada por el viento me notificara, que por nuestra culpa moraba en ese sitio. Con esa percepci\u00f3n a filo de boca llegue a Bogot\u00e1, pero cu\u00e1l no ser\u00eda mi desconsuelo, cuando dentro del usual cat\u00e1logo de preguntas que sobre los viajes se hacen, en esa ocasi\u00f3n ninguna estaba referida al \u00e1rbol del parque. Seguro del fondo nost\u00e1lgico que el hecho entra\u00f1aba, percib\u00ed lo dif\u00edcil que para todos era abordar tan espinoso tema, y lo evidente de que cada intento ser\u00eda un desgastador esfuerzo destinado a estrellarse contra esas murallas que en su aparente frialdad, no eran sino barreras interpuestas por lo afectos contrariados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Much\u00edsimos soles alumbrar\u00edan, antes de que esas a\u00f1oranzas se materialicen como en efecto sucedi\u00f3 al momento en que, Diego, desandando con su prole esas calles de gentes nuevas y estrechos andenes plenos de fantasmas, de la mano del entra\u00f1able afecto por su ciudad detuvo su paso frente a la iglesia catedral, y con todos fue a visitar la cripta donde yacen los restos de sus abuelos paternos. Una vez cumplido ese ritual del alma y de la raza, por segunda vez puso a prueba sus nervios frente al hogar que en su infancia fuera el templo en que su abuelo Mardoqueo impuso las improntas de su reacio car\u00e1cter. Con nuevas fortalezas alentadas por las brisas que desde el oriente soplan, con la garganta seca y el coraz\u00f3n henchido, tom\u00f3 valor antes de confrontar al consentido de su ni\u00f1ez. Al llegar a la esquina de la calle 17 con carrera 28, desde la distancia percibi\u00f3 el llamado filial de ese que, desde su pedestal de Rumipamba le convocaba. A falta de sus hermanos ausentes, qui\u00e9nes mejor qu\u00e9 sus peque\u00f1os hijos: Juan Felipe y Pablo pudieran ser mejores circunstantes para que en compa\u00f1\u00eda de su madre Luz Amparo se involucrasen dentro de contextos que desde siempre les pertenecen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda llegado el momento de desnudar el alma, cobrar r\u00e9ditos y explicarles que esos momentos estaban a punto de reunirse con un ser cuya existencia encarnaba sacrosantos recuerdos de su infancia. Sobre las hojarascas provenientes del \u00e1rbol, Diego, prodigo en detalladas disquisiciones matizadas por variopintas an\u00e9cdotas comenz\u00f3 diciendo: \u201chan pasado m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os desde el momento en que en compa\u00f1\u00eda de su t\u00eda sembramos a este, que aqu\u00ed y ahora nos permitir\u00e1 hacer que esta visita sean la mayor realizaci\u00f3n de nuestro viaje a Pasto\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras ese emocionado pre\u00e1mbulo, incitados por las voces provenientes del crujiente le\u00f1o abatido por el viento, los tres, durante largo tiempo permanecimos abrazados al rugoso tronco que misteriosamente, y a manera de respuesta vert\u00eda resinas salidas de las cicatrices dejadas por soles estivales y g\u00e9lidas noches de viento, lluvia y hielo. Eran l\u00e1grimas emanadas de su alma vegetal, que pronto se fundir\u00edan con las nuestras y los abrazos a los que, con los ojos empapados se sumaba Luz Amparo. De esa manera copiosos torrentes se encargaron de humedecer las met\u00e1foras que acompa\u00f1aron nuestro reencuentro con el inmenso \u00e1rbol del presagio. Tan alto y fuerte como la mism\u00edsima torre de la iglesia, desde donde todos los amaneceres, y a la hora de la oraci\u00f3n, las campanas repican el \u00e1ngelus&#8230;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>III\u00a0La remodelaci\u00f3n del parque<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En torno a su remodelaci\u00f3n, en sus detales encontr\u00e9 curiosa sincron\u00eda con los trabajos y acabados arquitect\u00f3nicos adosados al conjunto, y sus resultados permit\u00edan inferir la intervenci\u00f3n de personas distintas a quienes all\u00ed fungian como ejecutores. As\u00ed las cosas, como quiera que permanezco expectante de cuantos cambios ocurren en mi terru\u00f1o, despu\u00e9s de reparar en que parecidas caracter\u00edsticas est\u00e1n presentes en diversos componentes materiales y vegetales de los jardines del Caf\u00e9 de La Catedral; sin respuestas que satisfagan mis hip\u00f3tesis, ni posibilidades de debelar la identidad del art\u00edfice de esos direccionamientos, de mi propia cosecha he deducido que, entre esas coincidencias pudiera esconderse el secreto. Mi intuici\u00f3n condujo mis pasos hasta los jardines de La Catedral, donde refundido entre arcos caprichosamente formados por rosales y enredaderas, concentrado no solo en develar el encono con que las espinas montan guardia en derredor de los\u00a0\u00a0delicados p\u00e9talos de las rosas, o en estudiar cuantas formas reproductivas y caprichos gen\u00e9ticos gu\u00edan la conducta de los blancos magnolios y sus variantes lilas, sino en descifrar los fundamentos de la voracidad con que, lenta pero seguramente: hiedras, helechos y madreselvas, se empoderan de los muros que a su paso se atraviesan. En medio del marem\u00e1gnum que caracteriza el trabajo de los iluminados por la naturaleza, se encontraba mi amigo Carlos Bravo, celosamente preservando sus tesoros integrados por variad\u00edsimas especies conseguidas en sus asaltos furtivos a parques y antejardines de Bogot\u00e1, Barcelona, Madrid, Londres o Washington.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Con los frutos de sus empe\u00f1os visibles en sus primorosos jardines, el Ingeniero no solo alienta sus a\u00f1os oto\u00f1ales, sino que encuentra solaz en las f\u00f3rmulas con que adem\u00e1s de escapar de las recurrentes banalidades de las parroquiales tertulias de su caf\u00e9, mejor aquilata su esp\u00edritu rom\u00e1ntico. Mientras, gracias a su madurez y experiencia, de paso dosifica las alquimias con las que apacigua las efervescentes bravuras de estos suelos volc\u00e1nicos. Esos haberes, no solo le hacen acreedor a merecidos reconocimientos, sino que dan razones para desmentir la injustificada fama de cascarrabias que le acompa\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue mi obstinaci\u00f3n el acicate con que logre sacarlo de su obstinada idea de convertir los rastrojos de Pinasaco en realidades urban\u00edsticas, y ayudarme a dilucidar mis necedades sobre la remodelaci\u00f3n del parque de San Andr\u00e9s, como aun as\u00ed se llamaba. Ya en el sitio, comprob\u00e9 que Carlos, efectivamente estaba investido del respeto que obreros y sobrestantes reservan a sus directores. De esa manera, despu\u00e9s de franquear las lonas, con suficiente propiedad me explico detalles que indudablemente conocen los ejecutores. No obstante, que esas evidencias me serv\u00edan para confirmar mis sospechas, por experiencia se, que a pesar de eso, el desprendimiento y modestia con que Carlos siempre ha asumido su importancia, le mostraran reacio a reconocer concurso en los resultados visibles. Este amigo de toda mi vida, es de quienes, por encima de honores o lisonjas, preferir\u00e1 continuar reput\u00e1ndose como obsecuente admirador de esos rincones que concentran afectos que, desde nuestra ya lejana infancia cultivamos en los jardines de nuestras casas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Vicente Apr\u00e1ez Apr\u00e1ez\u00a0 Con las galas de su remodelaci\u00f3n incorporadas a su esencia, el parque de San Andr\u00e9s acoge las modernidades y recupera su ancestral categor\u00eda. Esa de Rumipamba, que como tal, mejor rima con su r\u00edgida estructura colonial. 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