{"id":70879215287,"date":"2026-05-30T15:13:47","date_gmt":"2026-05-30T20:13:47","guid":{"rendered":"https:\/\/pagina10.com\/web\/?p=70879215287"},"modified":"2026-05-30T21:15:54","modified_gmt":"2026-05-31T02:15:54","slug":"la-desconocida-diplomacia-del-afecto-entre-el-galeras-y-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pagina10.com\/web\/la-desconocida-diplomacia-del-afecto-entre-el-galeras-y-el-mundo\/","title":{"rendered":"La desconocida diplomacia del afecto entre el Galeras y el mundo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por: Tirso Benavides Benavides<\/strong><\/p>\n<p>El miedo no se mide en kil\u00f3metros, se mide en el instante exacto en que dos manos se sueltan en la sala de embarque del aeropuerto El Dorado de Bogot\u00e1. Para Mariana y Mart\u00edn, dos j\u00f3venes de diecisiete a\u00f1os criados bajo el amparo familiar en el barrio La Colina, de la capital nari\u00f1ense, el despegue tuvo una carga doblemente gravitacional. Mellizos, acostumbrados desde el vientre materno a compartir el latido primordial antes de conocer el mundo, hab\u00edan caminado juntos cada paso de la infancia y la adolescencia. Su primera gran separaci\u00f3n ocurri\u00f3, despachada en mostradores de aerol\u00edneas distintas, partiendo el cord\u00f3n umbilical de su cotidianidad para arrojarlos a los extremos opuestos del mapa europeo.<\/p>\n<p>Para Mariana, el verdadero monstruo del viaje no fue el g\u00e9lido invierno de Europa del Este ni la mara\u00f1a de consonantes del idioma polaco. Su miedo real cab\u00eda en la estrechez de una cabina a\u00e9rea, en el peso in\u00e9dito de su propia individualidad: \u201cMi mayor temor fue tomar ese primer vuelo. Sab\u00eda que, desde ese momento, yo ser\u00eda la responsable de tomar las decisiones de mi vida y asumir las consecuencias de mis acciones. Todo depender\u00eda de m\u00ed, no de mis pap\u00e1s ni de mi hermano. Me daba much\u00edsimo miedo fallar, no lograrlo sola y sentirme perdida tan lejos de casa\u201d.<\/p>\n<p>A miles de kil\u00f3metros de all\u00ed, en la misma sinton\u00eda de la incertidumbre, Mart\u00edn desembarcaba en Jodoigne, un peque\u00f1o pueblo incrustado en el Brabante Val\u00f3n belga, lidiando con una fractura id\u00e9ntica en su burbuja personal: \u201cMi mayor miedo, aparte del hecho de llegar sin saber hablar nada de franc\u00e9s, fue salir de mi zona de confort, ya que todos vivimos en nuestra burbuja, y llegar sin conocer nada y a nadie es dif\u00edcil\u201d.<\/p>\n<p>Mientras los mellizos del sur de Colombia miraban las nubes de pa\u00edses distintos con el v\u00e9rtigo de una autonom\u00eda forzada, el camino inverso se trazaba desde los paisajes y los relojes milim\u00e9tricos del norte de Europa. \u00cdivo Aatsinki, un finland\u00e9s de diecisiete a\u00f1os nativo de Tampere, intentaba descifrar su destino tecleando en el buscador de su computador: <em>&#8220;Pasto, Colombia&#8221;<\/em>. Lo que la pantalla le devolvi\u00f3 fue un enigma de altitudes y costumbres andinas: &#8220;Antes de venir no sab\u00eda mucho sobre Pasto. Solo sab\u00eda que aqu\u00ed la gente com\u00eda cuy y que la ciudad quedaba muy arriba, en medio de las monta\u00f1as&#8221;.<\/p>\n<p>Junto a \u00e9l, Sof\u00eda, una estudiante alemana de diecisiete \u00a0a\u00f1os que cambi\u00f3 Colonia, donde est\u00e1 su hogar, por el viento del Galeras, compart\u00eda el mismo desamparo geogr\u00e1fico al empacar sus maletas. Al igual que Alanis Coline Guez, una francesa de Clermont-Ferrand, ambas tuvieron que lidiar con las advertencias sombr\u00edas de sus propios entornos europeos. \u201cSe burlaron un poco porque iba a un &#8220;pueblo perdido en el fondo de Colombia&#8221;, pero en mi familia ya est\u00e1n acostumbrados porque mi hermana hizo un intercambio en Patagonia\u201d, recuerda Alanis.<\/p>\n<p><strong>La \u201chora pastusa\u201d, la liturgia del plato y el caos vehicular<\/strong><\/p>\n<p>El aterrizaje es siempre un doble choque, visual y social.<\/p>\n<p>Alanis cuenta que durante la transici\u00f3n a\u00e9rea, elevaba una s\u00faplica silenciosa mientras el avi\u00f3n planeaba sobre la cordillera. \u201cCuando estaba en el avi\u00f3n, miraba los caser\u00edos abajo rezando que no fuera Pasto porque no quer\u00eda vivir en un pueblito perdido en las monta\u00f1as\u00bb. Esta idea le dur\u00f3 poco tras pisar la pista de Chachag\u00fc\u00ed, al notar llegando a la ciudad porque a su nuevo domicilio le dicen la Ciudad Sorpresa.<\/p>\n<p>Sin embargo, la verdadera aduana de un extranjero no est\u00e1 en el pasaporte, sino en los c\u00f3digos de la mesa y en el uso del reloj, al menos para nuestros visitantes.<\/p>\n<p>Para \u00cdivo, el rigor escandinavo de la puntualidad sufri\u00f3 un cortocircuito inmediato en una capital donde se ha establecido la tan c\u00e9lebre y reprochable hora pastusa. \u201cLo m\u00e1s dif\u00edcil de entender para m\u00ed ha sido la puntualidad. A veces los eventos son muy puntuales, pero otras veces parece raro llegar exactamente a la hora. Eso me confundi\u00f3 bastante al principio, porque en Finlandia normalmente si se dice una hora, uno intenta llegar a esa hora&#8221;. Alanis coincide en el extra\u00f1amiento de esa &#8220;hora el\u00e1stica&#8221; que rige nuestras din\u00e1micas sociales. \u201cAl inicio me parec\u00eda raro llegar 2 horas tarde a una fiesta, pero ahora tiene sentido\u201d, manifiesta.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed la an\u00e9cdota devela una profunda sociolog\u00eda de lo cotidiano. Mientras el Viejo Continente concibe el tiempo como un recurso contable y escaso que debe ser gestionado con precisi\u00f3n matem\u00e1tica, el sur de Colombia lo entiende como inagotable, un contexto donde todos parecen haberse puesto de acuerdo contra la tiran\u00eda del minutero.<\/p>\n<p>Esa laxitud temporal contrasta con la intensidad de la mesa nari\u00f1ense. Ac\u00e1 el almuerzo no es un tr\u00e1mite r\u00e1pido frente a una pantalla, como cuenta Sofia que es lo habitual en las metr\u00f3polis europeas, es un ritual lit\u00fargico de tres tiempos donde conviven el arroz, la papa y el pl\u00e1tano en una armon\u00eda de carbohidratos que desaf\u00eda la l\u00f3gica nutricional de un extranjero. Sof\u00eda se declara ahora una devota absoluta de los jugos naturales y las empanadas con aj\u00ed, uno de nuestros platos t\u00edpicos que dice podr\u00eda comer \u201ca cualquier hora del d\u00eda\u201d. Pese a que el imaginario colectivo pastuso esperaba a la t\u00edpica alemana de postal n\u00f3rdica y trenzas claras, Sof\u00eda rompi\u00f3 las expectativas con una melena casta\u00f1o oscura que parec\u00eda mimetizarla, a primera vista, con cualquier muchacha de la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Alanis, en cuestiones de paladar, coincide en gustos, al preguntarle por su comida preferida no duda.\u00a0 &#8220;Por supuesto las empanadas. Me gustan todas pero las de a\u00f1ejo son las mejores. Las frutas tambi\u00e9n, aqu\u00ed hay muchas m\u00e1s variedades de frutas, y en Francia esas frutas son super caras\u201d.<\/p>\n<p>Pero el territorio y su cultura tambi\u00e9n impone fronteras insalvables para el paladar europeo. El cuy, nuestro orgullo gastron\u00f3mico, divide las aguas de la experiencia. Mientras \u00cdivo lo observa con un asombro anal\u00edtico, \u201cme sorprendi\u00f3 el cuy, porque nunca pens\u00e9 que un animal tan peque\u00f1o pudiera comerse como un plato t\u00edpico\u201d, no se rehusa, a \u00e9l no lo molesta el aspecto ni el sabor, sino que un solo carilargo no lo llena. Alanis levanta una barrera infranqueable dictada por su crianza: \u201cPrimero el cuy, para mi es una mascota entonces no entiendo como comen eso\u201d, un veto que ella extiende a otra instituci\u00f3n culinaria tradicional, \u201cno volver\u00eda a probar el tamal\u201d, cuenta en un espa\u00f1ol fluido pero que conserva un dejo franc\u00e9s. Finalmente el verdadero quiebre para la etiqueta gala no es el contenido del plato, sino las maneras del ritual. Acostumbrada a los modales estrictos de la mesa francesa, Alanis confiesa que hay h\u00e1bitos del sur que prefiere dejar en el inventario de la an\u00e9cdota: &#8220;No creo que exportar\u00eda los rituales alrededor de la mesa all\u00e1, por ejemplo, no podr\u00eda comer con las manos o empezar a comer antes que todos tienen su comida&#8221;.<\/p>\n<p>Otra cosa que todav\u00eda impresiona a \u00cdivo, quien ya tiene acento pastuso, es el desorden en nuestras calles, el tr\u00e1nsito ca\u00f3tico, el irrespeto al peat\u00f3n y a las se\u00f1ales. Ha sabido adaptarse, caminando a la defensiva, entendiendo que una luz en rojo no le da seguridad a que los carros paren, que la cebra no es un espacio exclusivo para quienes caminan y que cada paso debe darse con cautela.<\/p>\n<p><strong>El fr\u00edo de all\u00e1 y el aprender a decir &#8220;No&#8221;<\/strong><\/p>\n<p>En el reverso del espejo, los pastusos Mariana y Mart\u00edn descubr\u00edan en Varsovia y Jodoigne que el orden europeo tiene un costo, la distancia humana. Para dos muchachos criados en una cultura donde el saludo al vecino y la conversaci\u00f3n de pasillo son obligatorios, la sobriedad del Viejo Continente se sinti\u00f3 como una baja inesperada de temperatura social.<\/p>\n<p>\u201cAdaptarme fue diferente porque aqu\u00ed las personas son mucho m\u00e1s directas&#8221;, explica Mariana desde las avenidas anchas de Varsovia. &#8220;No tienen problema en decir lo que piensan o simplemente decir &#8220;no&#8221;, mientras que nosotros los colombianos solemos responder con un &#8220;yo te aviso&#8221;\u201d. Este matiz idiom\u00e1tico trasciende la simple cortes\u00eda, revela un mecanismo de defensa cultural del colombiano, que prefiere dilatar y suavizar las negativas a trav\u00e9s del rodeo verbal para preservar la armon\u00eda relacional, chocando de frente con una honestidad seca europea que no teme al conflicto porque cimenta su confianza en la transparencia directa.<\/p>\n<p>Mart\u00edn vivi\u00f3 la misma experiencia en el entorno escolar belga, descifrando la delgada l\u00ednea que separa la amabilidad formal de la verdadera intimidad de los c\u00edrculos locales. \u201cSiento que es muy dif\u00edcil entrar realmente al c\u00edrculo de alguien de ac\u00e1, son bastante reservados y cuidadosos con quien eligen como sus confidentes, por esto en todos lados te van a acoger, pero ir m\u00e1s all\u00e1 puede ser dif\u00edcil\u201d, cuenta.<\/p>\n<p>Hasta la estructura de los afectos familiares se revel\u00f3 distinta para estos estudiantes de intercambio.<\/p>\n<p>Mientras el desapego europeo sorprendi\u00f3 a los j\u00f3venes pastusos, quienes ven\u00edan de hogares con din\u00e1micas de clan, Alanis not\u00f3 de inmediato, al observar a sus anfitriones en Pasto, \u201cque aqu\u00ed los pap\u00e1s son mucho m\u00e1s pegados a sus hijos y es m\u00e1s complicado irse de la casa&#8221;. Una observaci\u00f3n que \u00cdivo complementa con cifras de su propia experiencia en Tampere: \u201cLas familias en Colombia son mucho m\u00e1s cercanas. Se re\u00fanen por muchas ocasiones durante el a\u00f1o&#8230; En Finlandia las familias no siempre son as\u00ed, y a veces puede pasar que una familia se re\u00fana solo una vez al a\u00f1o\u201d. De \u00cdivo se destaca su independencia, trabaja on line, tiene su propio dinero, se mueve por sus medios, consciente de que en su pa\u00eds cuando se es mayor de edad se debe dejar el hogar.<\/p>\n<p>Es en ese aislamiento donde la nostalgia encuentra su alimento y la distancia se agranda. A Mariana le hace falta la geograf\u00eda humana de su cotidianidad perdida. \u201cExtra\u00f1o caminar por la Avenida de los Estudiantes, comerme un helado, ir a los restaurantes, comer cuy, vivir el Carnaval y sentir el cari\u00f1o de las personas. Hay d\u00edas en los que uno entiende que los lugares no son solo calles, sino la gente que les da vida\u201d.<\/p>\n<p>Para Mart\u00edn, el desarraigo se tradujo en una carencia clim\u00e1tica y alimentaria. En el descubrimiento de que el invierno no es una tarde nublada en la Plaza de Nari\u00f1o, sino una agresi\u00f3n f\u00edsica: \u201cEste a\u00f1o viv\u00ed por primera vez lo que son las estaciones y en especial un invierno bajo cero, nosotros no sabemos de lo que hablamos cuando decimos que vivimos en clima fr\u00edo\u201d. Y en medio de ese congelamiento, la frustraci\u00f3n de no hallar el ingrediente m\u00e1s b\u00e1sico de su memoria de infancia: &#8220;Lo que siempre busco y nunca encuentro es Harina de ma\u00edz, en nuestra perspectiva es normal tener en la casa pero para ellos es algo ex\u00f3tico\u201d.<\/p>\n<p><strong>El engranaje que une el mapamundi<\/strong><\/p>\n<p>Detr\u00e1s de cada maleta empacada a toda prisa y de cada l\u00e1grima derramada en las salas de espera de los aeropuertos, opera la labor institucional del Club Rotario que teje estas autopistas de doble v\u00eda sobre el mapa del mundo.<\/p>\n<p>Legi Pazrosero Gonz\u00e1lez, Coordinadora Regional para Nari\u00f1o y Cauca del programa de intercambio de esta organizaci\u00f3n internacional aclara que no estamos ante agencias de turismo estudiantil ni ante un cat\u00e1logo comercial de idiomas. \u00a0La postura que defiende el Club es un manifiesto de resistencia civil frente al mercado: \u201cRotary no vende programas de intercambio, solo brinda oportunidades de vivir la mejor experiencia y crecimiento personal a cada uno de los estudiantes\u201d. El programa depende estrictamente de un sistema de espejos rec\u00edprocos, los cupos de salida para los j\u00f3venes nari\u00f1enses est\u00e1n atados, por un nexo de hospitalidad, al n\u00famero de hogares locales que decidan abrirle las puertas a los extranjeros.<\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, este experimento de diplomacia cotidiana ha tenido un impacto positivo. El registro regional detalla que por la geograf\u00eda de Nari\u00f1o han transitado cerca de 120 estudiantes internacionales, la mayor\u00eda de ellos en la capital, Pasto, y algunos en la fronteriza ciudad de Ipiales.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva institucional de esta organizaci\u00f3n, el fin de estas experiencias m\u00e1s que sellar pasaportes o aprender otras lenguas es profundamente humanitario: \u201cpropender la paz en el mundo a trav\u00e9s del conocimiento de otras culturas\u201d. Una certeza basada en la idea que solo desarmando el misterio de las costumbres ajenas y oblig\u00e1ndose a mirar de cerca la humanidad del otro, podremos mirarnos a nosotros mismos sin levantar muros.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>El ritmo y el idioma de universal del baile<\/strong><\/p>\n<p>Si el lenguaje divide, el cuerpo unifica. El gran hallazgo de estos estudiantes es que el movimiento es una lengua franca que no necesita traducci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antes de pisar suelo colombiano, \u00cdivo sosten\u00eda una relaci\u00f3n pasiva con el sonido. \u201cLa m\u00fasica aqu\u00ed se vive m\u00e1s con el cuerpo. En Finlandia normalmente escuchamos m\u00fasica solo para escucharla, pero aqu\u00ed la m\u00fasica hace que la gente quiera bailar, compartir y moverse juntos\u201d. Su aprendizaje en las fiestas pastusas tuvo la rigurosidad de un axioma matem\u00e1tico: \u201cAntes de venir a Colombia, yo pensaba que la salsa se pod\u00eda bailar con cualquier m\u00fasica, pero despu\u00e9s entend\u00ed que la salsa se baila con salsa\u201d.<\/p>\n<p>Alanis experiment\u00f3 la misma transici\u00f3n corporal. \u201cEn Francia ya conoc\u00eda la salsa y la bachata pero no sab\u00eda c\u00f3mo se bailaba. Aqui aprend\u00ed a bailarlos, y otros ritmos. Me encanta bailar y eso es una de las cosas que voy a exportar a Francia\u201d, opina. Sof\u00eda, por su parte, adopt\u00f3 la costumbre del baile entre amigos, convirti\u00e9ndolo en el centro de su bit\u00e1cora nocturna.<\/p>\n<p>En las reuniones de Varsovia y Jodoigne, Mariana y Mart\u00edn descubrieron que su herencia r\u00edtmica era un pasaporte de admiraci\u00f3n. \u201cCuando pongo salsa o m\u00fasica latina en una reuni\u00f3n, quedan totalmente sorprendidos\u201d, relata Mariana. \u201cA veces se quedan mir\u00e1ndonos como si estuvieran viendo una pel\u00edcula, porque no entienden c\u00f3mo podemos transmitir tanta alegr\u00eda solo movi\u00e9ndonos al ritmo de una canci\u00f3n\u201d. Mart\u00edn, convertido a la fuerza en core\u00f3grafo del Brabante Val\u00f3n, confirma la fascinaci\u00f3n de los j\u00f3venes\u00a0 y las familias belgas ante lo que consideran un enigma tropical: \u201cM\u00e1s de una vez me han pedido que ense\u00f1e bachata, salsa y merengue que para nosotros es algo normal pero para ellos es nuevo\u201d, cuenta, guardando la diplomacia para no decir que las lecciones nunca tienen los resultados esperados, sobre todo por la falta de ritmo de los aprendices.<\/p>\n<p><strong>El equipaje intangible<\/strong><\/p>\n<p>El a\u00f1o llega a su fin y las maletas se llenan de objetos cruzados. Caf\u00e9 de Nari\u00f1o para las alacenas europeas, individuales de paja de Sandon\u00e1 para las mesas, recuerdos de Las Lajas vistos bajo el encanto de sus luces nocturnas. Pero el verdadero contrabando es de car\u00e1cter incorp\u00f3reo. Los j\u00f3venes regresan con el car\u00e1cter modificado por el territorio ajeno.<\/p>\n<p>Esta transformaci\u00f3n mutua encontr\u00f3 sus propios templos en la cotidianidad escolar de la ciudad. El intercambio no solo se vivi\u00f3 en las salas de las casas anfitrionas, sino en las aulas de los colegios que abrieron sus puertas para convertirse en laboratorios vivientes de esta diplomacia. Sof\u00eda y Alanis lucieron orgullosas el tradicional uniforme a cuadros rojinegro de las Bethlemitas, integr\u00e1ndose a una comunidad educativa que vio c\u00f3mo sus pasillos se impregnaban de acentos extranjeros y debates globales.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, \u00cdivo asum\u00eda su rol en las aulas de las Franciscanas, viviendo la cotidianidad de esta instituci\u00f3n. F\u00edsicamente, el finland\u00e9s se convirti\u00f3 en una disrupci\u00f3n inevitable en los patios del viejo claustro, con su imponente estatura de 1.84 metros y su cabello marcadamente rubio, sobresal\u00eda por encima del promedio, gan\u00e1ndose el afectuoso apodo de <em>Golden Boy<\/em> que plasmaron con lapiceros sobre una camiseta sus compa\u00f1eros pastusos al terminar el a\u00f1o.<\/p>\n<p>Gracias a esa inmersi\u00f3n, \u00cdivo vuelve a Tampere con una soltura poco conocida para romper el hielo n\u00f3rdico y un mensaje claro. &#8220;Mi consejo ser\u00eda que salgan a conocer gente por iniciativa propia, porque en Finlandia normalmente las personas no se acercan primero a hablar contigo. No significa que sean malas personas, simplemente la cultura es m\u00e1s reservada&#8221;. Se lleva, adem\u00e1s, un tesoro que no pesa en la aduana, \u201cSi pudiera llevarme algo de Pasto a Europa que no fuera un objeto, me llevar\u00eda la amabilidad de la gente y la forma tan social y cercana que tienen de vivir\u201d, concluye.<\/p>\n<p>Alanis regresa a Clermont-Ferrand con una victoria sobre sus propios nervios. &#8220;Siento que soy m\u00e1s tranquila y tengo menos ansiedad en general\u201d. El aislamiento de esta provincia andina le otorg\u00f3 una lucidez que la alta cultura europea a veces nubla: \u201cHaber vivido en un lugar tan recluido y haber descubierto unas costumbres incre\u00edbles me hizo recordar que no tienes que visitar \u00fanicamente los lugares m\u00e1s famosos y tur\u00edsticos, porque cada cultura es \u00fanica y hermosa\u00bb. Sof\u00eda, empacando algunos discos de m\u00fasica local y el recuerdo de los sabores andinos, regresa dispuesta a inyectar un poco de la espontaneidad y flexibilidad de este sur en la rigurosa cotidianidad alemana.<\/p>\n<p>Y en nuestros embajadores del sur, el viaje produjo el milagro del autorreconocimiento y la maduraci\u00f3n individual. Separados por primera vez en diecisiete a\u00f1os, aprendieron a existir sin el reflejo del otro. Mart\u00edn regresa a Colombia extra\u00f1ando el orden belga, dispuesto a aplicar en su vida \u201csu organizaci\u00f3n y la forma de entender las obligaciones\u201d, pero con una urgencia de apertura que solo se adquiere cuando se mira la casa desde lejos: \u201cSiento que el mundo es mucho m\u00e1s peque\u00f1o de lo que pensamos&#8230; deber\u00edamos promocionar mucho m\u00e1s nuestra cultura y abrirnos al mundo porque no muchos conocen qu\u00e9 es Colombia\u201d.<\/p>\n<p>Para Mariana, la traves\u00eda europea termin\u00f3 por consolidar su identidad como un escudo de honor. \u201cEste viaje me hizo convertirme en una mujer orgullosamente colombiana. Ahora siento que mi mejor accesorio es mi nacionalidad. Me encanta mostrarle al mundo lo hermoso y privilegiado que es nuestro pa\u00eds y nuestra regi\u00f3n. Antes daba por sentada la calidez de la gente y algo tan simple como una risa, aqu\u00ed muchas personas son mucho m\u00e1s serias, y eso me hizo valorar a\u00fan m\u00e1s la alegr\u00eda con la que crecimos&#8221;, dice, mientras para comprobarlo con hechos, sonr\u00ede.<\/p>\n<p>Al final, este viaje es la prueba de que las fronteras son solo l\u00edneas de tiza sobre un tablero escolar. Cinco muchachos han demostrado que, aunque a veces la diplomacia de los tratados oficiales falla, siempre quedar\u00e1 la diplomacia del afecto, esa capacidad humana de incluir al mundo entero, una diplomacia en donde la sonrisa sincera en la esquina de cualquier calle del planeta es el mejor pasaporte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Tirso Benavides Benavides El miedo no se mide en kil\u00f3metros, se mide en el instante exacto en que dos manos se sueltan en la sala de embarque del aeropuerto El Dorado de Bogot\u00e1. 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