Las Mandalas de la Paz

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Una reflexión personal de mi participación en el proceso de paz con Comuneros del Sur en Nariño, Colombia*

Recuerdo el 7 de julio de 2024 como una fecha que partió mi vida en dos. Ese día, junto a una delegación de actores nacionales e internacionales, volamos en helicóptero a Betania, una vereda en medio de las montañas de Samaniego, para reunirnos por primera vez con la comandancia de Comuneros del Sur.

No era fácil asistir a ese encuentro. En centros de pensamiento y medios de comunicación se discutía la inconveniencia de iniciar un proceso de paz con un grupo disidente del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Como profesor en reconciliación y construcción de paz en la Universidad de Winchester en el Reino Unido, yo mismo había participado en espacios de seguimiento y apoyo analítico al proceso de paz entre el gobierno del presidente Petro y el ELN, en particular alrededor del Comité Nacional de Participación, y compartía algunas de esas dudas.

Fue un alivio cuando montado en el avión que de Bogotá nos llevaba a Pasto volví a encontrarme con antiguos colegas que también habían decidido acompañar esta exploración. En la noche preparamos la reunión de Betania junto al Comisionado de Paz y Carlos Erazo, el jefe de la delegación. Me sorprendió el enfoque que ponía Carlos: un énfasis en la participación de las comunidades y las transformaciones territoriales.

Cuando sobrevolábamos en el helicóptero la cordillera de los Andes entre el aeropuerto de Pasto y Samaniego, recordé mi primer viaje para reunirme con un comandante guerrillero en 2016. En esa ocasión viajé por carretera desde San Vicente del Caguán a los Llanos del Yarí para hablar con Carlos Antonio Lozada, miembro del Secretariado de las FARC — iba como representante de la sociedad civil a hablar de perdón y reconciliación después de que las FARC habían firmado el acuerdo de paz con el gobierno Santos. Esta vez era distinto. Volaba a reunirme con Gabriel Yepes, comandante de Comuneros del Sur, como facilitador del gobierno nacional. Aún no había proceso de paz, ni agenda. Era el primer gran paso para consolidar unos acercamientos exploratorios que habían comenzado unos meses antes.

En medio del verde de las montañas, apareció una columna de humo y un grupo de personas. A medida que el helicóptero descendía pude ver que las personas tenían banderas blancas en la mano. Cuando aterrizamos, entre el polvo que levantaban las aspas del helicóptero aún encendidas, observé mujeres y hombres parados con las banderas que resultaron ser de papel. A su lado había guerrilleros de Comuneros del Sur, sin armas, quienes se acercaron a nosotros cuando bajábamos del helicóptero. Gabriel saludó uno por uno a quienes llegábamos y luego nos llevaron hacia unas camionetas a la vera del camino mientras las personas ondeaban las banderas blancas.

Después de diez minutos de camino por trocha llegamos al lugar donde nos reuniríamos formalmente con la comandancia de Comuneros del Sur. Entramos a un salón e iniciamos la reunión. Además de los representantes del gobierno nacional y la comunidad internacional, también estaba el Gobernador de Nariño, quien había sido clave en la fase exploratoria. A los veinte minutos golpearon la puerta. Al abrirla observamos a varios líderes indígenas y afrodescendientes quienes solicitaban entrar al espacio porque la negociación no podía hacerse sin ellos. El Comisionado de Paz, Carlos, Gabriel y el Gobernador aceptaron la solicitud y los líderes entraron y proseguimos con la reunión. Se plantearon tres temas claves para avanzar: (1) parar la violencia ya, (2) trabajar en pro de transformaciones estructurales para superar la marginalidad del territorio, y (3) discutir de una vez el tránsito de los miembros de Comuneros del Sur a la ciudadanía plena. Todos los asistentes se mostraron conformes con que estos aspectos eran la base para avanzar.

Salimos del espacio. La comunidad que estaba afuera del salón había organizado una mandala con frutas y verduras de la región. Nos pararon alrededor de la mandala y, después de que una lideresa indígena realizó una armonización, las comunidades nos pidieron rendir cuentas de la reunión. Tras escuchar al Comisionado de Paz, a Gabriel y al Gobernador de Nariño, las autoridades indígenas entregaron tres bastones de mando, uno a cada uno, y exigieron que esta vez la paz se construyera en el territorio y para el territorio. Clamaron que querían ver crecer a sus hijos sin la amenaza de ser reclutados, sanar las heridas de la guerra y vivir dignamente.

Nunca en todos mis años de estudiar procesos de paz había leído sobre una experiencia similar: una negociación de paz entre el gobierno y un grupo armado ilegal que iniciara con los insumos directos de las comunidades y fuera refrendado por ellas en tiempo real. En ese momento entendí que lo que ocurría en Nariño era único. Era una irresponsabilidad histórica no tratar de contribuir al proceso de paz que estaba naciendo en ese momento. Además, era una oportunidad de poner en práctica las lecciones aprendidas en otras negociaciones en Colombia y el mundo para consolidar un proceso que tenía todas las posibilidades de ser exitoso y de plantear un nuevo paradigma de construcción de paz.

Han pasado dos años desde ese día. A lo largo de esos meses fue consolidándose lo que decidimos llamar la Mesa para la Co-Construcción de Paz Territorial en Nariño, un proceso que reconoce la importancia de la negociación directa entre el gobierno y el grupo guerrillero, pero que no termina ahí; crece como una raíz que se nutre de los nutrientes del territorio: la resiliencia de las comunidades, la voluntad política de actores locales, regionales y nacionales. Además, la Mesa ha contado con un acompañamiento nacional e internacional clave que ha permitido recorrer el territorio y tejer confianzas activando proyectos culturales, productivos y artísticos, así como tomar distancia y reflexionar sobre cómo estamos construyendo paz. En este tiempo no logramos un acuerdo definitivo para la transición de Comuneros del Sur a la ciudadanía, pero sí alcanzamos varios logros importantes para la población de los 10 municipios priorizados, como da cuenta este informe de rendición de cuentas.

La última vez que vi a Gabriel subimos con Carlos al resguardo El Sandé por carretera. Durante las dos horas de recorrido desde Samaniego, atravesando las montañas, repasé los doce acuerdos parciales que firmamos. Recordé los espacios de armonización alrededor de una mandala antes de cada una de las ocho sesiones de la Mesa y el evento en el que el presidente Petro dio la orden al ejército de Colombia de destruir una tonelada de material de guerra de Comuneros del Sur. El día en que la profe Martha me comentó como la recuperación de 30 cuerpos de personas dadas por desaparecidas por parte de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas le había devuelto la esperanza. Tantos logros que debíamos proteger para consolidar los avances, los cuales necesitaban nuevos acuerdos para resolver dos retos que teníamos — la justicia y la seguridad — para poder avanzar en la discusión de un proceso gradual de tránsito hacia la ciudadanía plena.

Esa última no fue una reunión fácil. El primer día fue tenso. No avanzamos. Pensé en ese momento en las palabras del expresidente Santos: “es más fácil hacer la guerra que hacer la paz”. Pasé la noche en vela, preocupado. A las cuatro de la mañana me levanté a hacer yoga. En ese momento, suspendiendo múltiples pensamientos y emociones en la mente, vi claramente que el camino era volver a dialogar sobre lo que nos habían exigido las comunidades casi dos años atrás. Acordamos trabajar en una propuesta de justicia territorial con un enfoque de justicia restaurativa relacional y en una propuesta de seguridad integral para el territorio. Tenía la expectativa de poder entregar resultados concretos basados en el trabajo acumulado desde noviembre de 2024, pero las elecciones presidenciales se atravesaron.

Hoy tenemos una propuesta de acuerdo de justicia y lista una resolución presidencial para crear la Zona de Ubicación Temporal, pero no podemos avanzar sin el compromiso del nuevo gobierno de continuar con el proceso. La paz desde Bogotá se ve muy distinta a lo que implica co-construir la paz en el territorio. Pero como nuestra Constitución establece que la paz es un deber y un derecho de obligatorio cumplimiento, espero que el próximo gobierno dé continuidad a la implementación de los doce acuerdos y que logre nuevos acuerdos para hacer realidad el fin de una guerra, que se ve cerca, sin tener que pagar el altísimo costo humanitario de pretender cerrarla con una victoria militar, que se ve remota.

La paz se construye con los enemigos, no con los amigos. Hemos tratado de avanzar pero hemos enfrentado obstáculos debido a la reticencia de sectores políticos, sociales, económicos, entre otros, a las dinámicas geopolíticas y a las prácticas perversas que generan las economías ilegales. El informe del Centro Nacional de Memoria Histórica, en cumplimiento al acuerdo 6 de la Mesa, revela en 600 páginas el profundo impacto de la violencia, los corredores estratégicos que perpetúan la guerra, las contradicciones internas de Comuneros del Sur y la deuda del Estado con los diez municipios de sexta categoría que este gobierno ha intentando empezar a saldar a través de la Mesa como un articulador de los ministerios para construir paz territorial. Todos estos son retos que enfrentará el próximo gobierno. El informe también da cuenta de la resiliencia de las comunidades, como un acumulado histórico sobre el cual ha evolucionado un nuevo paradigma que busca avanzar al mismo tiempo en procesos que traigan desarrollo, seguridad y paz en Nariño. En ese contexto, el nuevo gobierno tiene una oportunidad para cerrar una negociación con un actor que se ha alzado en armas durante más de 30 años pero que en los últimos dos años ha mostrado voluntad de paz.

Nariño y Colombia se merecen la paz. Esperemos que se haga el milagro.

23 junio de 2026

* Esta reflexión fue escrita para el informe ejecutivo de la delegación de gobierno nacional en la mesa para la co-construcción de paz territorial en Nariño, publicado por la OCCP el 4 de agosto de 2026. El informe completo se puede descargar aquí: Informe_Ejecutivo_Delegación_Gobierno_Mesa_Co_Construcción_Paz_Territorial_En_Nariño_Julio_2026

Fuente: https://andreigomezsuarez.substack.com/p/las-mandalas-de-la-paz?r=8mcjvq

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