Que difícil despedir a un hermano, que doloroso despedir a un hijo, quisiéramos despertar de esta pesadilla y encontrar vivo a Fabio; pero esta es la realidad que nos ha tocado enfrentar, sobre todo al saber que se rompe la humanidad cuando una madre debe despedir a su hijo, no debería nunca ser así, pero así lo ha querido la vida y debemos enfrentarlo. La muerte es vida, es una máxima presente en casi todas las religiones y creencias del mundo, pero no quisiéramos aceptar que alguien que pareciera que no ha cumplido su ciclo deba dejarnos. Pero esa muerte temprana, es quizá un sinónimo de fortaleza y de esperanza ¿Acaso el bosque más joven del mundo, el Amazonas, no está ardiendo? ¿Acaso la humanidad no tiene la esperanza que de ahí retoñe ese verdor y se recupere y vuelva a ser el pulmón del planeta? Fabio fue uno de esos robles que caen a mediana edad, de esos que crecen impetuosos y venciendo todos los obstáculos, de esos que buscan extender su copa y vivir a plenitud la vida. Pero de esa fina madera salen las mejores piezas para seguir construyendo. Fabio fue, es y seguirá siendo ese fino roble al que jamás podremos olvidar.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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