Cuando Janine Áñez se autoproclamó presidenta de Bolivia, exhibió una Biblia como símbolo de exorcización del Palacio Presidencial donde los últimos 14 años habían estado auténticos salvajes, indios e indias alejados de Dios cuyo arrojo llegó a tanto que se atrevieron a entrar a las instancias del gobierno mirando hacia arriba, sin antes ser fumigados para combatir sus olores y, lo que es peor, con sus propias polleras y sus trajes originarios.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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