Altos funcionarios nariñenses del Gobierno Petro deben rendir cuentas: ¿qué hicieron realmente por Nariño?

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Desde Página 10 se propone abrir diálogos públicos con quienes ocuparon ministerios, viceministerios, direcciones, cargos diplomáticos y posiciones estratégicas en el primer gobierno progresista. La pregunta es directa: si llegaron en nombre de los “vientos del sur”, ¿qué resultados concretos dejaron para el departamento?

Nariño necesita una conversación seria, pública y sin evasivas sobre el papel que cumplieron los altos funcionarios nariñenses o vinculados políticamente al departamento durante el Gobierno de Gustavo Petro.

Durante estos cuatro años, varios nombres de origen nariñense o con trayectoria política en el departamento ocuparon cargos de alto nivel en el Gobierno nacional. Hubo viceministros, directores, diplomáticos, asesores y funcionarios en entidades estratégicas. Algunos llegaron con el discurso de representar al sur, de llevar la voz de Nariño al centro del poder y de traducir la votación petrista del departamento en inversiones, obras y presencia estatal.

Pero al final del mandato, la pregunta sigue abierta: ¿qué hicieron concretamente por Nariño?

El Gobierno les cumplió a algunos, pero ¿le cumplió a Nariño?

La crítica que hoy se escucha en distintos sectores del departamento es fuerte: el Gobierno Petro les cumplió a algunos nariñenses con cargos, burocracia y representación, pero no necesariamente le cumplió a Nariño con obras estructurales.

El caso de la doble calzada Catambuco–Pasto resume esa sensación. Página 10 reveló que, pese a las expectativas generadas, la obra quedó sin cierre financiero: la ANI tenía disponibles cerca de $151 mil millones, mientras en prefactibilidad se había estimado una necesidad de $455 mil millones. En otras palabras, una obra clave para Pasto y el sur del país siguió sin financiación completa.

Este punto toca directamente a quienes tuvieron responsabilidades en transporte, planeación, gestión territorial o interlocución con el Gobierno nacional. Si Nariño tuvo presencia en altos cargos, es legítimo preguntar por qué una obra estratégica como Pasto–Catambuco no quedó asegurada.

Lo mismo ocurre con el Pacto Territorial para la Vida y la Paz en Nariño. El DNP lo presentó como un acuerdo histórico con 255 proyectos estratégicos para 13 subregiones y una inversión indicativa superior a $12,2 billones. Sin embargo, la propia página del DNP detalla que dentro de esa bolsa hay 60 proyectos con vigencias futuras por $4,3 billones y 97 proyectos en rutas de gestión por $476 mil millones, lo que obliga a diferenciar entre recursos ejecutados, recursos comprometidos, vigencias futuras y simples gestiones.

Ahí está el debate: no basta con celebrar pactos, anuncios o fotografías. Nariño necesita saber qué quedó contratado, qué quedó financiado, qué quedó en estudios, qué quedó en vigencias futuras y qué depende del próximo gobierno.

Del discurso ideológico a los resultados

Varios de estos funcionarios defendieron con fuerza el proyecto político del Gobierno Petro. Algunos asumieron posturas cada vez más radicales e ideologizadas en el debate público. Eso hace parte de la política. Pero ahora viene una etapa distinta: pasar del discurso a los resultados.

La rendición de cuentas no puede limitarse a decir que “se acompañó al presidente”, que “se defendió el cambio” o que “se abrieron espacios”. La pregunta debe ser más concreta:

¿Qué recursos gestionaron para Nariño?
¿Qué proyectos destrabaron?
¿Qué obras quedaron financiadas?
¿Qué municipios se beneficiaron?
¿Qué compromisos no pudieron cumplir y por qué?
¿Qué quedó en manos del próximo gobierno?
¿Qué errores reconocen?

Esa conversación debe darse con cifras, documentos, contratos, convenios y cronogramas.

Página 10 abre la invitación

Desde Página 10 invitamos públicamente a los altos funcionarios nariñenses que hicieron parte del Gobierno Petro a participar en diálogos abiertos para presentar sus resultados ante la ciudadanía.

La invitación incluye a quienes ocuparon viceministerios, direcciones, cargos diplomáticos, entidades nacionales, espacios de planeación, desarrollo rural, paz, transporte, interior, igualdad, restitución, cooperación y demás posiciones desde las cuales pudieron incidir en favor del departamento.

El propósito es revisar. Es escuchar. Es contrastar. Es permitir que cada funcionario diga qué hizo, pero también que la ciudadanía pregunte qué faltó.

Nariño no puede seguir midiendo su influencia nacional por el número de cargos entregados, sino por el volumen de inversiones ejecutadas, obras terminadas y transformaciones reales en el territorio.

Lo importante es que las inversiones lleguen

En política regional hay una verdad sencilla: los cargos pasan, pero las obras quedan. Los protagonismo personales se apagan, pero las carreteras, hospitales, universidades, distritos de riego, proyectos productivos y programas sociales permanecen.

Por eso, la discusión no debe ser quién fue más cercano al presidente ni quién defendió mejor al Gobierno en redes sociales. La discusión debe ser quién logró que Nariño recibiera lo que necesitaba.

Si el primer gobierno progresista tuvo una presencia importante de nariñenses en altos cargos, esos funcionarios tienen hoy una responsabilidad histórica: explicar si esa presencia sirvió para transformar el departamento o si apenas sirvió para ocupar espacios de poder.

Nariño no necesita más discursos desde Bogotá. Necesita resultados. Y quienes llegaron al poder en nombre de los “vientos del sur” deben volver al territorio, mirar a la gente a los ojos y rendir cuentas.

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