El avance mostrado por el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, deja ver que el abogado y exembajador Juan Carlos Caiza Rosero haría parte del equipo de empalme en el área internacional. Para Nariño, su presencia debería servir para reabrir una agenda urgente: el puente internacional sobre el río Mataje y una relación binacional real, productiva y cultural entre Colombia y Ecuador.
Por lo menos un nariñense aparece en el equipo de empalme del presidente electo Abelardo De la Espriella. Se trata de Juan Carlos Caiza Rosero, quien, según las imágenes compartidas por el vicepresidente electo José Manuel Restrepo en Instagram, figura en el componente de Relaciones Exteriores dentro de la estructura de empalme del nuevo gobierno.
La imagen muestra una reunión virtual del equipo de transición y una presentación titulada “Equipo de empalme”, en la que se observan áreas de trabajo sectorial, entre ellas la relacionada con asuntos internacionales. En otra de las capturas se alcanza a leer el nombre de Juan Carlos Caiza, asociado al frente de relaciones exteriores.
Su presencia no es menor para Nariño. Caiza Rosero es un abogado nariñense con experiencia en cargos públicos de alto nivel. Además, Caiza tiene trayectoria diplomática. La Cancillería informó en 2019 que presentó cartas credenciales como embajador extraordinario y plenipotenciario de Colombia ante la República de Corea del Sur, durante el gobierno de Iván Duque. También fue designado viceministro de Transporte en 2012, en un anuncio hecho por el entonces presidente Juan Manuel Santos durante un Acuerdo para la Prosperidad realizado en Pasto.
Una oportunidad para Nariño y la frontera
La presencia de Juan Carlos Caiza en el empalme de Relaciones Exteriores debería ser leída como una oportunidad concreta para que Nariño vuelva a poner sobre la mesa una agenda que durante años ha sido aplazada: la integración real con Ecuador desde el Pacífico, especialmente a través de Tumaco, Esmeraldas y el puente internacional sobre el río Mataje.
Como lo ha planteado nuestro director Mario Cepeda en sus columnas de opinión, Colombia ha ejercido durante décadas una política exterior demasiado concentrada en las capitales y muy poco conectada con la realidad física de sus fronteras. Se privilegian los discursos diplomáticos entre Bogotá y Quito, pero se olvidan los territorios donde la ausencia del Estado ha permitido el avance de actores ilegales, economías ilícitas, contrabando, narcotráfico y disputas por el control territorial.
En ese contexto, la apertura efectiva del puente internacional sobre el río Mataje no puede seguir tratándose como un asunto secundario. Es una obra que fue inaugurada simbólicamente, pero que no ha cumplido plenamente su función de conectar dos territorios que necesitan comercio, turismo, movilidad legal, control institucional y cooperación binacional. Como advirtió Cepeda, un puente sin uso, después de una inversión pública significativa, termina convertido en un verdadero elefante blanco en la frontera.
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Para Nariño, el Mataje no es solo una estructura de concreto. Es una posibilidad de soberanía real. Abrirlo y ponerlo en funcionamiento significaría que Colombia y Ecuador ejercen presencia institucional en una zona históricamente débil, porosa y aprovechada por estructuras ilegales. También permitiría fortalecer la relación entre Tumaco y Esmeraldas, dos territorios del Pacífico que comparten problemas, cultura, comercio, historia y una necesidad común de desarrollo.
Cepeda también ha insistido en que Nariño no puede seguir mirando al Pacífico solo cuando hay emergencias, bloqueos, deslizamientos o aislamiento en la vía Panamericana. Tumaco debe ser entendido como una puerta estratégica para el futuro del departamento. Allí está el puerto, la conexión marítima, la relación con Ecuador y una posibilidad concreta de proyectar a Nariño hacia el Pacífico y hacia una integración suramericana más amplia.
El Gobierno Petro habló de cambio, paz total e integración latinoamericana, pero en la práctica no logró convertir el puente de Mataje ni la frontera Pacífica con Ecuador en una prioridad ejecutada. Mientras hubo una atención política visible hacia Venezuela, la relación con Ecuador y con el sur del país quedó rezagada. Esa falta de acción dejó pendiente una tarea fundamental: construir una relación binacional productiva, cultural, comercial y de seguridad que responda a las necesidades de las comunidades de frontera, no solo a las agendas diplomáticas de las capitales.
Una relación binacional productiva, real y cultural
Nariño necesita que la relación con Ecuador deje de depender de coyunturas diplomáticas o crisis arancelarias. La frontera debe ser tratada como una oportunidad estratégica.
Abrir y poner en funcionamiento el puente internacional sobre el río Mataje permitiría fortalecer el intercambio comercial, facilitar la movilidad legal, impulsar el turismo, articular cadenas productivas, mejorar el control institucional y construir una agenda cultural entre comunidades que comparten historia, territorio y vida cotidiana.
Tumaco y Esmeraldas no pueden seguir conectados únicamente por la informalidad, el abandono o las economías ilegales. La integración binacional debe pasar por infraestructura, instituciones, cooperación, seguridad y desarrollo social.
El reto para Caiza y el nuevo gobierno
El departamento necesita que sus cuadros técnicos y políticos sirvan para abrir puertas reales. Caiza conoce el Estado, la diplomacia y las necesidades territoriales de Nariño. Por eso, su participación puede ser importante si logra llevar al empalme una agenda concreta para el sur: frontera con Ecuador, puente de Mataje, cooperación binacional, seguridad en el Pacífico, comercio legal, movilidad y desarrollo cultural.
El nuevo gobierno de Abelardo De la Espriella tiene una oportunidad: demostrar que la provincia no será solo un discurso de campaña. Y Nariño tiene una prioridad clara: que sus representantes en el empalme conviertan la presencia regional en resultados.




