Carlos Suárez, estratega de campaña del presidente electo, afirmó que la posesión se realizaría en una guarnición militar del Pacífico colombiano. Si Nariño fuera el lugar escogido, el gesto tendría una carga política enorme: reconocer a un territorio que respaldó poco al nuevo mandatario, pero que sigue reclamando presencia real del Estado.
La posesión presidencial de Abelardo De la Espriella, prevista para el próximo 7 de agosto de 2026, podría romper con la tradición centralista de los actos solemnes en Bogotá. Según afirmó Carlos Suárez, estratega de su campaña, en una entrevista con Meridiano Regional, el presidente electo se posesionaría en una guarnición militar ubicada en el Pacífico colombiano, como un mensaje sobre la importancia del suroccidente y la necesidad de recuperar territorios golpeados por la violencia.
La posibilidad no es menor. De acuerdo con la publicación de Meridiano Regional, Suárez también aseguró que departamentos como Cauca, Nariño y Valle del Cauca no serán castigados por los resultados electorales y que, por el contrario, la nueva administración buscará fortalecer la presencia del Estado, mejorar la seguridad y avanzar en inversiones pendientes para estas comunidades.
Si el acto de posesión llegara a realizarse en Nariño, especialmente en el Pacífico nariñense, el mensaje sería potente. Sería una señal de que el nuevo gobierno entiende que el país no se gobierna únicamente desde la Plaza de Bolívar ni desde los salones de Bogotá. También se gobierna desde las fronteras, los puertos, las montañas, las veredas y los territorios donde el Estado ha sido más promesa que presencia.
Nariño sabe bien lo que significa el abandono. Durante el Gobierno Petro, el departamento entregó un respaldo político amplio al proyecto progresista, pero no recibió una correspondencia proporcional en obras estructurales. La doble calzada Pasto–Catambuco no quedó financiada plenamente; el Pacto Territorial dejó dudas sobre ejecución real y vigencias futuras; el puente sobre el río Mataje siguió sin convertirse en un verdadero paso binacional; y el Pacífico nariñense continuó enfrentando violencia, economías ilegales y baja presencia institucional.
Por eso, una posesión en Nariño no debería ser solo una fotografía histórica. Tendría que convertirse en el punto de partida de una agenda concreta: seguridad con presencia social, apertura efectiva del puente Mataje, inversión en Tumaco, vías para el desarrollo, fortalecimiento del puerto, integración real con Ecuador, apoyo al campo y cumplimiento de compromisos pendientes.
Abelardo ha insistido en presentarse como un hombre de provincia. Esa condición podría permitirle comprender mejor las realidades de los distintos territorios que componen Colombia. Como lo entendió el poeta nariñense Aurelio Arturo, nacido en La Unión y autor de Morada al Sur, el país no es una sola geografía uniforme, sino un conjunto de memorias, paisajes, acentos y regiones profundas que también deben ser escuchadas.
Ese es el sentido de hablar de los “países de Colombia”: reconocer que el centro no puede seguir decidiendo por todos sin conocer las heridas y posibilidades de cada territorio. Nariño es frontera, Pacífico, Andes, cultura, puerto, campo, comercio binacional y biodiversidad. También es una región que ha resistido con dignidad el aislamiento, la violencia y la indiferencia estatal.
La posesión en el Pacífico podría ser un gesto de alto valor simbólico. Pero los gestos solo tienen fuerza si vienen acompañados de decisiones. Si Abelardo decide posesionarse en Nariño, el país leería ese acto como una promesa directa con el sur. Y esa promesa tendría que medirse después en obras, presupuesto, seguridad, inversión y presencia institucional.
Nariño no necesita ser castigado por cómo votó. Tampoco necesita ser usado como escenario decorativo. Necesita ser tomado en serio.
Si el presidente electo quiere enviar un mensaje verdaderamente distinto, Nariño sería un buen lugar para empezar: un territorio que no lo eligió mayoritariamente, pero que espera que el nuevo gobierno lo gobierne con respeto, justicia y resultados.




