Mientras Antioquia y Medellín asumieron con recursos propios tramos críticos del Túnel del Toyo tras las dificultades presupuestales del Gobierno Petro, en Nariño la doble calzada Pasto–Catambuco sigue sin cierre financiero. El contraste abre una pregunta incómoda: ¿el problema es solo la falta de apoyo nacional o también la falta de una actitud regional más firme para concretar las obras?
La comparación duele, pero es necesaria. Mientras en Antioquia celebran el cale del Túnel 0 de la vía al Túnel del Toyo, en Nariño la doble calzada Pasto–Catambuco continúa atrapada entre anuncios, reclamos, diapositivas, cartas, comunicados y falta de financiación completa.
En Antioquia, el gobernador Andrés Julián Rendón y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, presentaron el encuentro de los dos frentes de excavación del Túnel 0 como un hito de ingeniería y de gestión regional. La frase del gobernador fue contundente: “En Antioquia nada nos queda grande”. El Túnel 0 tiene 995 metros de longitud, demandó una inversión cercana a los $120.000 millones y hace parte de la Vía al Mar Gonzalo Mejía Trujillo, corredor estratégico que conectará el Valle de Aburrá con el Occidente antioqueño y Urabá.
El dato político más fuerte está en la financiación. Tras las dificultades presupuestales del Gobierno Nacional, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín asumieron tramos críticos de la megaobra e inyectaron conjuntamente $856.000 millones: $514.000 millones de la Gobernación y $342.000 millones del Distrito de Medellín. Con esos recursos evitaron la parálisis del proyecto y llevaron los tramos recibidos de cerca del 51 % a un avance superior al 80 %.
En Nariño, la doble calzada sigue en el aire
El contraste con Nariño es evidente. La doble calzada Pasto–Catambuco fue presentada como una obra clave para la movilidad de la capital nariñense, la conexión con el sur del país y la frontera con Ecuador. En octubre de 2025, la Alcaldía de Pasto anunció que el Gobierno Nacional había aprobado $325.000 millones para esta obra a través del Pacto Territorial Nariño. En ese momento se dijo que el proyecto mejoraría la competitividad del departamento y que los estudios serían entregados posteriormente para iniciar la construcción.
Pero meses después, la realidad fue distinta. Un documento de la ANI reveló que para la segunda calzada Catambuco–Pasto solo había recursos disponibles por cerca de $151.000 millones, pese a que en prefactibilidad se había estimado una necesidad de $455.000 millones. Es decir, la obra seguía sin cierre financiero y con un faltante superior a los $300.000 millones.
Ahí empieza la molestia. Porque una cosa es reclamarle al Gobierno Nacional por incumplir, y otra muy distinta es hacer creer que una obra está asegurada cuando el soporte real no pasa de presentaciones, anuncios o compromisos sin la fuerza suficiente para convertirse en obra.
¿Una diapositiva como prueba?
El debate regional se encendió cuando el alcalde de Pasto, Nicolás Toro, sostuvo que tenía documentos y elementos probatorios de los compromisos adquiridos por el Gobierno Nacional. Ante esa afirmación, el periodista independiente Jorge Esteban Benavides le respondió con una pregunta punzante: “Alcalde, ¿en serio el elemento probatorio es una diapositiva?”
La frase resume el problema de fondo. En la administración pública no basta con una presentación bonita, una mesa técnica o una promesa en tarima. Las obras se materializan con contratos, fuentes de financiación, vigencias garantizadas, estudios terminados, cierres financieros y documentos jurídicamente vinculantes.
Reclamar por lo que se le debe a Nariño siempre será válido. Pero si existe un compromiso formal y exigible del Gobierno Nacional, la ciudadanía tiene derecho a conocerlo completo. Si no existe, también hay que decirlo con claridad para no seguir alimentando expectativas falsas.
Antioquia no solo se quejó: asumió la obra
Antioquia también tuvo diferencias con el Gobierno Petro. También denunció falta de recursos. También señaló abandono nacional. Pero la diferencia es que sus autoridades lograron convertir la inconformidad en una decisión financiera y política: asumieron tramos, pusieron recursos, reorganizaron la obra y mostraron avances.
Ese es el punto incómodo para Nariño.
Claro que la capacidad fiscal de Antioquia y Medellín es distinta a la de Nariño y Pasto. No se puede comparar mecánicamente el músculo financiero de una de las regiones más fuertes del país con un departamento históricamente rezagado. Pero sí se puede comparar la actitud política, la coordinación institucional y la capacidad de convertir el reclamo en una estrategia.
Mientras Antioquia logra exhibir un túnel perforado y una obra con avance superior al 80 %, Nariño vuelve a quedarse en la indignación. Se denuncia el incumplimiento, se reclama con razón, se hacen videos y comunicados, pero la doble calzada continúa sin financiación completa.
Nariño necesita menos queja y más estrategia
La responsabilidad principal por la falta de financiación de Pasto–Catambuco recae en el Gobierno Nacional, que no dejó asegurados los recursos completos para una obra estratégica. Pero la dirigencia regional también debe revisar su papel.
Nariño necesita un cambio de actitud. No basta con lamentarse por el centralismo ni con señalar que Bogotá no cumple. Hace falta construir una bancada regional fuerte, articular Gobernación, Alcaldía, congresistas, gremios, academia y ciudadanía, y exigir con una sola voz los recursos que faltan. También se requiere creatividad financiera, presión técnica, gestión ante el nuevo gobierno y transparencia frente a lo que realmente está comprometido.
La doble calzada Pasto–Catambuco no puede seguir siendo una bandera para discursos. Debe convertirse en una causa regional con documentos sólidos, cronograma, presupuesto, responsables y seguimiento ciudadano.
La lección del Toyo para Pasto–Catambuco
El Túnel del Toyo deja una lección política: cuando una región tiene claro que una obra es estratégica, no puede resignarse a esperar indefinidamente al Gobierno Nacional. Debe presionar, negociar, cofinanciar cuando sea posible, priorizar y mostrar unidad.
Nariño no tiene los mismos recursos de Antioquia, pero sí puede tener una estrategia más seria. Puede exigir al nuevo gobierno que honre los compromisos pendientes. Puede pedir que la doble calzada Pasto–Catambuco sea incluida con fuente cierta de financiación. Puede publicar los soportes reales de los compromisos adquiridos. Puede dejar de depender de diapositivas y pasar a documentos vinculantes.
Antioquia convirtió una dificultad presupuestal en un hito constructivo. Nariño, hasta ahora, convirtió el incumplimiento en indignación.
Y esa diferencia debería preocuparnos.
Porque a Pasto y a Nariño no les basta tener la razón. También necesitan resultados.




