Francia Elena Belalcázar, una magistrada cuya infancia transcurrió entre noticias y la radio

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Por Albeiro Arciniegas

En Francia Elena Belalcázar, el derecho empezó a aparecer en las conversaciones familiares, en las noticias escuchadas por la radio y en aquellas noches en las que, siendo niña, debía explicar a sus padres lo que había ocurrido durante el día en la vida del país.

Nació en Pasto, pero ligada a los municipios de Pupiales y Gualmatán, por ser cuna de sus padres, pasó su infancia junto a ellos, su hermano y sus abuelos, personas caracterizadas porque siempre le brindaron un valor preponderante a la academia. Fueron años de juegos, pero también de disciplina y aprendizaje.

En la tienda que su abuela tenía en Pupiales descubrió, casi sin saberlo, algunas de las lecciones que terminarían acompañándola durante su vida profesional: el valor del trabajo, la generosidad, la solidaridad y, sobre todo, la honestidad. “Fue una época muy feliz y muy significativa de mi vida”, manifiesta.

Cuando ingresó a la Universidad de Nariño a estudiar Derecho, el lenguaje jurídico y político le resultaba familiar debido a que su padre ha dedicado buena parte de su vida a esa actividad y en su casa se hablaba constantemente del país, de la Constitución, del Congreso y de problemáticas sociales.

Su formación tuvo una particular disciplina. Su padre exigía a sus hijos leer la prensa y mantenerse informados, sobre todo, escuchando radio. Varias noches a la semana, Francia Elena y su hermano –el hoy médico Fernando Otmaro Belalcázar– debían oír noticias y después presentar en casa un informe sobre la actualidad nacional. “Esas prácticas y ese entorno van formando tu criterio y te van encauzando hacia la profesión que quieres ejercer”.

En cuanto al ascenso de las mujeres a posiciones de responsabilidad dentro del Estado colombiano para Francia Elena es parte de una transformación que todavía está en marcha. Las mujeres vienen conquistando espacios en la Administración Pública, el Congreso, las corporaciones de elección popular y la rama judicial. “No ha sido un camino sencillo”.

La preparación profesional, el conocimiento y la capacidad de trabajo son algunas de las herramientas que permiten avanzar, pero la magistrada considera que esta conquista no debe plantearse como una renuncia a otros ámbitos de la vida. “La crianza y el cuidado del hogar también constituyen una contribución fundamental a la sociedad”.

De ahí la importancia que atribuye a la llamada economía del cuidado, un concepto que reconoce el valor de un trabajo que durante mucho tiempo permaneció invisible. Para la magistrada ser mujer profesional y ser madre no son caminos excluyentes.

A los jóvenes nariñenses que aspiran a convertirse en abogados o que buscan construir una carrera profesional, Belalcázar les propone una fórmula en apariencia sencilla, pero que exige constancia, tener claros los propósitos, trabajar por ellos y mantener la disciplina. Y, sobre todo, amar aquello que se hace.

Siendo la estudiante más destacada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nariño cuando cursaba sus estudios, fija una condición más humana y fundamental que el éxito profesional: ser buena persona. “Que sean unos buenos seres humanos, unos profesionales íntegros y unos ciudadanos ejemplares”.

Quizá por eso concede tanta importancia a la huella que se deja en los demás. Hay personas con las que uno se encuentra una sola vez y, aun así, la manera en que tratan permanece en la memoria. No siempre se recuerda lo que alguien sabe o dice, menos lo que tiene, sino quién es, lo que se conoce como esencia. “Y eso es lo más importante”, dice la abogada. Es el camino también para mantener amistades saludables a lo largo de la vida.

La justicia como responsabilidad

Acceder al cargo de magistrada para Francia Elena Belalcázar representa el cumplimiento de una meta. Un logro que está acompañado por una conciencia permanente de responsabilidad. No se trabaja únicamente con leyes o expedientes. Detrás de cada decisión hay personas que acuden a la justicia porque necesitan resolver conflictos y confían en las instituciones para encontrar una respuesta. Ello obliga a que la administración de justicia sea eficaz y, sobre todo, oportuna. “Una justicia pronta es una verdadera justicia”, enfatiza.

Al final, se puede establecer una conexión entre la niña que creció escuchando las noticias por la radio y conversando sobre el país y que se convirtió en una académica brillante y una magistrada con sobrados méritos al imponerse en los concursos que permiten el acceso a esas dignidades. Y, allí, frente al respeto que otorga un cargo, Francia Elena Belalcázar Chaves habla con la amabilidad y la frescura que la caracteriza siempre, pues mucho antes de los códigos y las leyes aprendió la importancia de trabajar, ser honesto y tratar bien a los demás.

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