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Una jornada ambiental reunió a la Fundación Eco Ciudad, el Ejército Nacional y la comunidad en torno a una causa que ya no admite aplazamientos: recuperar, proteger y reverdecer el territorio.
Comprendemos que se presentan momentos en los que sembrar deja de ser simplemente una actividad agrícola o paisajística y se convierte en una declaración de principios. Eso ocurrió en la vereda Zaragoza, municipio de Yacuanquer, donde una jornada ecológica y ambiental permitió llevar más de 200 especies vegetales al Condominio Campestre Zaragoza y a zonas adyacentes.
Detrás de esta iniciativa existe una voluntad que merece ser reconocida: la de la ingeniera ambiental Ana Lorena Caicedo Bolaños, directora de la Fundación Eco Ciudad, quien hizo posible la donación de estas especies y acompañó una acción que trasciende ampliamente las fronteras de un condominio o de una vereda.
Porque hoy sembrar árboles y especies vegetales significa mucho más que embellecer un paisaje. Significa contribuir a recuperar ecosistemas, proteger la biodiversidad, generar espacios de vida y asumir una responsabilidad frente a una crisis climática que ya no pertenece al futuro: es el presente de la humanidad.
En Zaragoza la tierra recibió nuevas raíces. Pero también recibió un mensaje: todavía estamos a tiempo de actuar.
La jornada contó con la participación de integrantes del Ejército Nacional de Colombia, cuya presencia resultó fundamental en las labores de preparación y adecuación del terreno y posteriormente en la siembra. Hombres y mujeres que, desde su vocación de servicio, demostraron que la defensa del territorio también puede hacerse sembrando, protegiendo y construyendo futuro.
Este encuentro entre sociedad civil, organizaciones ambientales y Fuerza Pública constituye un ejemplo que debería multiplicarse en todos nuestros municipios. La protección de la naturaleza no puede depender únicamente de declaraciones oficiales ni de efemérides ambientales. Necesita manos, voluntad, recursos y compromiso permanente.
Por eso resulta necesario llamar la atención sobre el papel que cumplen fundaciones como EcoCiudad. Son organizaciones que convierten la preocupación ambiental en hechos concretos. Allí donde otros hablan de cambio climático, ellas buscan sembrar soluciones; allí donde se advierte sobre el deterioro de los ecosistemas, ellas ponen sus capacidades al servicio de la recuperación del territorio.
Y justamente por ello considero indispensable destacar la labor de la ingeniera Ana Lorena Caicedo Bolaños. Su trabajo representa la capacidad de una mujer profesional para poner conocimiento, sensibilidad y liderazgo al servicio de una causa que nos pertenece a todos.
A ella, a la Fundación EcoCiudad y a quienes hicieron posible esta jornada, nuestro reconocimiento.
En nombre de los copropietarios del Condominio Campestre Zaragoza expresamos nuestra gratitud por una contribución que tiene un valor que difícilmente puede medirse únicamente en número de plantas sembradas. Más de 200 especies vegetales son también más de 200 oportunidades para que la vida encuentre un lugar, para que el paisaje se transforme y para que las futuras generaciones reciban un territorio un poco mejor que el que nosotros encontramos.
Pero este esfuerzo también deja una pregunta sobre la mesa: ¿cuánto más podríamos hacer si nuestras instituciones, nuestros gobernantes, nuestras empresas y nuestras comunidades decidieran respaldar de manera decidida a quienes trabajan por la defensa del ambiente?
La respuesta está en nuestras manos.
Zaragoza acaba de demostrar que las grandes transformaciones pueden comenzar con algo tan elemental como abrir un hoyo en la tierra, colocar una planta y comprometerse a cuidarla.
Un árbol no hace discursos. No promete. No reclama. Simplemente crece y ofrece vida.
Quizá esa sea una de las mejores lecciones de esta jornada.
Hoy, en Zaragoza, se sembraron especies vegetales.
Pero, en realidad, se sembró futuro.
Y en tiempos de crisis climática, sembrar futuro es una de las formas más nobles de defender la vida




