Por David Salcedo Castillo
El fenómeno climático denominado El Niño ya no es una posibilidad, es una realidad, tal como la ciencia lo vino anunciando con suficiente antelación. El Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) en su boletín de septiembre de 2026 menciona que El Niño ya alcanza la categoría de “Muy Fuerte” y, que se fortalecería aún más, desarrollando su pico máximo durante el trimestre octubre a diciembre, asimismo, las condiciones cálidas para ese trimestre tienen una probabilidad de ocurrencia del 100% con permanencia hasta el primer trimestre de 2027 y, con una posibilidad del 75% de que este fenómeno supere registros históricos desde 1950 [1]. Ahora bien, si aún caben dudas al respecto por escepticismos de diferente índole, observar las gráficas adjuntas podría ayudar a despejarlas, una imagen vale más que mil palabras, y en este caso, la imagen es contundente.
Comparando las imágenes de Copernicus Marine Service (s. f.) [2], se evidencia una anomalía significativamente mayor sobre la superficie del océano pacífico para el 19 de septiembre de 2026, en comparación con la anomalía registrada durante la etapa más crítica del fenómeno El Niño 2015 – 2016 a mediados de diciembre de 2015; es evidente que estamos ante la presencia de un super Niño.
La inminente llegada de este fenómeno ha reabierto un debate de tipo ambiental, académico, social y político tan repetitivo como el mismo fenómeno en sí y, que el país conoce demasiado bien: la deficiencia institucional para anticiparse y hacer prevención ante la vulnerabilidad de una matriz energética que continúa dependiendo aproximadamente un 70% de la disponibilidad de agua y, que además, en esta ocasión se exacerba no solamente por la reducción de los niveles de los embalses, sino también por el crecimiento de la demanda, los déficits proyectados de energía firme (térmica e hidráulica), los retrasos en infraestructura de transporte de energía, la deuda acumulada con el sector y la pérdida de autosuficiencia de gas natural.
Esta situación deja entrever que a pesar de que todas las condiciones mencionadas eran de conocimiento público y, que los efectos de las mismas en el sector eléctrico en mayor o menor grado ya estaban diagnosticados, una vez más, se actúa de manera reactiva ante un hecho inminente y no de manera preventiva ante una amenaza conocida. Desafortunadamente, la discusión de los expertos desde lo local hasta lo nacional, se ha enfrascado exclusivamente en cómo enfrentar la emergencia inmediata – lo cual está bien ante la emergencia, pero, deja de lado una pregunta estructural ¿qué oportunidades estratégicas sigue desaprovechando Colombia para reducir su vulnerabilidad ante las inminentes visitas de El Niño?
Por ahora, la apuesta por energías renovables no convencionales, principalmente la solar fotovoltaica y eólica, no es la respuesta de fondo, por el contrario, estas tecnologías de generación de energía también se ven afectadas directamente por la variabilidad climática, lo cual, es un llamado a la institucionalidad, para que en caso de darle continuidad a una política de transición energética, la visión sea más amplia y vaya más allá que la simple incorporación a la matiz energética de páneles solares en cantidades industriales.
Así las cosas, y con las evidencias en la palma de las manos, la forma en que durante los últimos años se ha gestionado la política de transición energética parece ir por un camino equivocado e invita a hacer una reflexión de fondo como un llamado a corregir a tiempo el rumbo: la evaluación y defensa de esta política no puede enfocarse solamente en la capacidad de energía renovable instalada, sino en su capacidad para fortalecer el sistema eléctrico y mantener la confiabilidad del mismo en las horas de máximo consumo, de tal manera que se pueda garantizar a los usuarios de todo el territorio nacional el suministro de energía con la confiabilidad, firmeza, seguridad, continuidad y estabilidad que estos tiempos de crecimiento anormal de demanda y condiciones climáticas adversas exigen.
La respuesta entonces, podría encontrarse en regiones que históricamente han permanecido al margen del debate energético nacional. Una de ellas, en el suroccidente, es el departamento de Nariño, concretamente en el territorio del resguardo del Gran Cumbal. Según Salcedo (2016) esta región volcánica fronteriza ha sido objeto de estudios técnicos desde 1970, entre los cuales, ISAGEN identifica un potencial geotérmico para la generación de energía eléctrica con capacidad de 90 MW (megavatios) [3]; suficiente para atender más del 65% de la demanda de todo el departamento y, con la posibilidad de contribuir en las exportaciones e importaciones de energía con el Ecuador.
Si bien, esta cantidad de energía porcentualmente es una mínima fracción de la demanda nacional, el proyecto Geotérmico Binacional Tufiño – Chiles – Cerro Negro representa una oportunidad para activar la ruta de la geotermia en Colombia, cuyo potencial según el Servicio Geológico Colombiano (2025) es de 1.170 MW, distribuidos en regiones volcánicas de Nariño, Cauca, Huila, Risaralda, Caldas y Tolima [4], pudiendo consolidar aproximadamente un 6% de la actual capacidad total de generación y con una diferencia fundamental: la energía geotérmica aprovecha el calor interno de la tierra, no depende de las condiciones climáticas y puede operar 24 horas al día, superando las 3.5 a 4.5 horas al día que operan en promedio la energía solar y la eólica. En síntesis, la geotérmica es energía firme, justo lo que requiere el sistema eléctrico nacional durante los meses de sequía.
Mientras el gobierno 2026 -2030 recibe un super Niño que anunció su visita con antelación por todos los medios científicos posibles, una vez más las limitaciones del sistema eléctrico quedan en evidencia. La fórmula resumida para mitigar el fantasma del apagón ya está en marcha: incentivar en los usuarios el ahorro energético para reducir la demanda e incrementar la generación térmica para cuidar los embalses, y al mismo tiempo, controlar el incremento de las tarifas para cuidar el impacto en el bolsillo de los colombianos. Sin embargo, el verdadero reto al que este super Niño desafía al gobierno entrante, es a anticiparse a los próximos fenómenos desarrollando una visión de largo plazo capaz de identificar fuentes energéticas renovables que no dependan de la variabilidad climática, sin importar la región donde surja el recurso energético.
El desarrollo de un proyecto como el Geotérmico Binacional Tufiño – Chiles – Cerro Negro, requiere inicialmente de voluntad política (desde lo nacional hasta lo municipal), además, articulación interinstitucional (gobierno – academia – sector privado y sociedad civil), estabilidad regulatoria, coordinación binacional y, como primer paso la construcción previa de consensos sociales con la comunidad del Resguardo del Gran Cumbal, etapa esta, que anteriormente se ha evadido, minimizado e ignorado, razón por la cual el proyecto no ha podido avanzar más allá de los estudios preliminares que en el año 2010 realizó ISAGEN en articulación con la Corporación Eléctrica del Ecuador (CELEC EP) en el marco de un convenio binacional suscrito ese mismo año.
Con este antecedente, y por tratarse de iniciativas de largo plazo resulta necesario identificarlas y comenzar a ejecutarlas antes de que las crisis energéticas obliguen nuevamente a toda la institucionalidad a tomar decisiones bajo presión. En el desarrollo de la geotermia una de las primeras barreras a superar es la alta inversión requerida, cuyos costos oscilan entre los tres a seis millones de dólares por cada megavatio instalado, de los cuales, el 50% son requeridos para la exploración y perforación, no obstante, superada la fase de instalación, el costo de producción de cada megavatio geotérmico puede estar igualando o inclusive por debajo del precio del megavatio hidráulico, lo cual, convierte a la geotermia en una opción muy competitiva frente a otras tecnologías de generación.
Ahora bien, la importancia estratégica de la geotermia en un departamento como Nariño no se limita a un importante monto de inversión que dinamizaría la economía de la región, tampoco al crecimiento y la seguridad energética que se pueda aportar desde un territorio que es cola de circuito, sino a la posibilidad histórica para poder transformar ventajas naturales en un legado que impactaría positivamente en el desarrollo social, económico, político y ambiental de una forma que no tiene precedentes en una región periférica y fronteriza que aún no ha podido desarrollar todo su potencial.
En este escenario, Nariño podría dejar de ser un territorio vulnerable a las consecuencias del super Niño y convertirse en un símbolo de una discusión mucho más amplia: la capacidad de Colombia para aprovechar sus ventajas geográficas y construir un sistema energético más diversificado, robusto, resiliente y preparado para el futuro, en concordancia con la visión del sector energético desde hace más de tres décadas.
La cuestión final, entonces, ya no es qué hacer cuando nos visite el próximo fenómeno de El Niño. La pregunta para los expertos es si el país aprovechará este super Niño para acelerar las decisiones estratégicas que ha venido postergando desde hace décadas, pues, mientras los embalses dependen de la lluvia, algunas de las soluciones para garantizar la seguridad energética nacional podrían estar esperando, silenciosamente, bajo la fuerza geológica de los volcanes del sur de Colombia.
[1] Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). (2026, septiembre). Boletín El Niño/La Niña: septiembre 2026. https://ciifen.org/wp-content/uploads/2026/09/Boletin_ElNino_LaNina_Septiembre_2026.pdf
[2] Copernicus Marine Service. (s. f.). MyOcean Health: Sea Surface Temperature Anomalies [Mapa interactivo]. Recuperado el 22 de septiembre de 2026, de https://myoceanhealth.marine.copernicus.eu/en?v=anom
[3] Salcedo Castillo, D. (2016). Discursos que dan razón del proyecto geotérmico binacional Tufiño-Chiles-Cerro Negro [Trabajo de grado de maestría, Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (CIDER), Universidad de los Andes].
[4] Servicio Geológico Colombiano. (2025, 11 de julio). Lo que debe saber sobre la energía geotérmica en Colombia y el volcán Azufral. https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/Lo-que-debe-saber-sobre-la-energia-geotermica-en-Colombia-y-el-volcan-Azufral.aspx




