El pacífico nariñense: una riqueza inmensa, un liderazgo que debe despertar

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Por: Jefferson Sánchez Cifuentes

El Pacífico nariñense es una de las regiones más extraordinarias y estratégicas de Colombia. Su riqueza natural; sus ríos, manglares, selvas, mares, playas y biodiversidad, constituye un patrimonio que pocos territorios del país pueden igualar. Pero su mayor riqueza no está únicamente en lo que produce la tierra ni en lo que guarda el océano,  está en su gente, en su cultura, en su memoria, en su capacidad de resistir y en la fuerza creadora de sus comunidades.

Tenemos una región con posibilidades inmensas para desarrollar el turismo sostenible, la pesca, la agricultura, la economía comunitaria, la cultura, las artes, la educación y múltiples actividades productivas asociadas a nuestra biodiversidad. Contamos con una posición geográfica privilegiada frente al océano Pacífico y con un puerto que debería ser una verdadera puerta de Colombia hacia el mundo, no un símbolo permanente de oportunidades desperdiciadas.

Y, sin embargo, la contradicción resulta inaceptable: una región tan rica continúa padeciendo profundas carencias sociales, violencia, pobreza, economías ilegales, narcotráfico, corrupción y abandono institucional.

Aquí comienza nuestra responsabilidad colectiva.

No podemos seguir limitándonos a enumerar lo que nos falta. También debemos exigir respuestas y preguntarnos por qué, teniendo tantas potencialidades, no hemos logrado convertirlas en bienestar, oportunidades y desarrollo para nuestras comunidades.

Una de las respuestas está en la ausencia de una visión política verdaderamente regional.

El Pacífico nariñense necesita dirigentes, sí; pero, sobre todo, necesita liderazgo político. Y no es lo mismo dirigir que liderar. Dirigir puede significar ocupar un cargo; liderar significa tener una visión, convocar a la comunidad y trabajar por objetivos que estén por encima de los intereses individuales, electorales o partidistas.

Durante años, nuestra región ha tenido representantes en distintos escenarios institucionales, pero seguimos esperando la construcción de una agenda común que permita defender, con una sola voz y con verdadera capacidad de presión, las grandes necesidades del litoral.

La crítica no pretende desconocer el trabajo de quienes han ejercido responsabilidades públicas. Tampoco busca convertir la política en un escenario de señalamientos estériles. Busca provocar una reflexión urgente y asumir una exigencia inaplazable.

Porque mientras cada municipio intenta resolver sus problemas de manera aislada, los grandes desafíos se profundizan y la región continúa perdiendo tiempo, recursos y oportunidades.

Tumaco, Barbacoas, Roberto Payán, Magüí Payán, El Charco, Olaya Herrera, Mosquera, La Tola, Francisco Pizarro, Santa Bárbara de Iscuandé y los demás territorios del litoral tienen problemas particulares, pero también comparten una misma realidad histórica. Por eso necesitan una visión compartida de región, no una suma de esfuerzos dispersos ni promesas desconectadas.

Esa visión debe construirse entre la población civil, las organizaciones comunitarias, los consejos comunitarios, las autoridades étnicas, los empresarios, los educadores, los jóvenes, los trabajadores de la cultura y, por supuesto, la clase dirigente. Nadie puede seguir actuando como si los problemas del Pacífico fueran asuntos aislados o responsabilidad exclusiva de otro.

No podemos continuar aceptando que cada período electoral traiga nuevas promesas sobre los mismos problemas, mientras las soluciones nunca llegan y las comunidades siguen pagando el costo del abandono.

El liderazgo que reclama el Pacífico debe ser capaz de mirar más allá de las elecciones y pensar en las próximas generaciones. Debe convertir la educación en una prioridad real; promover empleo y emprendimiento; fortalecer la conectividad; mejorar la infraestructura; defender la cultura y el patrimonio; proteger nuestros ecosistemas y generar alternativas económicas concretas para nuestros jóvenes.

La lucha contra la violencia y el narcotráfico tampoco puede reducirse a la respuesta militar o policial. Una sociedad con educación de calidad, oportunidades laborales, cultura, deporte, conectividad y posibilidades reales de construir un proyecto de vida tendrá mayores herramientas para enfrentar las economías ilegales. La seguridad sin inversión social será siempre una respuesta incompleta y temporal.

Pero también la ciudadanía tiene responsabilidades.

No podemos exigir una nueva política mientras continuemos permitiendo que el voto sea utilizado como mercancía. La transformación del Pacífico también comienza cuando sus ciudadanos entienden que elegir no es vender la conciencia, sino decidir el rumbo de la región y exigir cuentas a quienes reciben su confianza.

El Pacífico nariñense no carece de capacidades. Carece, en buena medida, de articulación, decisión política y voluntad colectiva.

Tenemos escritores, artistas, maestros, profesionales, pescadores, agricultores, emprendedores, investigadores, mujeres lideresas y jóvenes con talento suficiente para transformar nuestra realidad. Lo que necesitamos es unir esas capacidades alrededor de un propósito colectivo y convertirlas en fuerza organizada, propuestas concretas y resultados verificables.

No se trata de buscar culpables para alimentar la frustración. Se trata de asumir responsabilidades, exigir compromisos y dejar atrás la resignación.

El Pacífico nariñense no puede seguir siendo solamente una región rica en recursos y pobre en oportunidades.

Necesitamos una dirigencia que comprenda que gobernar no es administrar el presente ni repartir promesas, sino construir el futuro con transparencia, planificación y resultados. Y necesitamos una ciudadanía que deje de mirar la política desde la resignación y comience a ejercerla desde la conciencia, la participación y la exigencia democrática.

Ha llegado el momento de sentarnos alrededor de una misma mesa y responder, sin intereses particulares, una pregunta fundamental:

¿Qué Pacífico nariñense queremos dejarles a nuestros hijos y a las generaciones que vienen?

La respuesta no puede quedarse en discursos, fotografías ni compromisos de campaña.

Debe convertirse en una agenda regional, en un compromiso colectivo y en acciones concretas, con responsables, recursos y seguimiento ciudadano.

Porque esta tierra tiene mar, selva, biodiversidad, cultura, memoria y talento humano.

Lo que necesitamos ahora es convertir toda esa riqueza en dignidad, oportunidades y futuro.

Y para lograrlo, el Pacífico nariñense necesita algo más que dirigentes: necesita un liderazgo firme, colectivo y capaz de despertar a toda una región.

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