Nariño: en los últimos puestos en educación. 

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Por: Manuel Alejandro Pantoja Rodríguez[1]

El departamento de Nariño tiene una de las peores educaciones del país y esto demuestra la inutilidad de la casta política que lo dirige hace varias décadas. En el último informe de la fundación Arteaga, “la educación de Colombia, departamento por departamento”, se elaboró un ranking para medir la educación territorial entre 2018 y 2025 (los gobiernos de Camilo Romero, Jhon Rojas y Luis Alfonso Escobar).  En el indicador global del informe, que mide la trayectoria educativa de cada departamento en los últimos 7 años, Nariño ocupó una de las peores posiciones: 23 de 33. Si se analiza cada indicador empleado para medir la trayectoria del departamento se evidencia la grave crisis educativa del Sur.

En el índice de cobertura neta, Nariño tuvo un resultado lamentable. Por un lado, el indicador midió cuántos jóvenes (11 a 14 años) están matriculados en los grados de sexto a noveno por cada 100. El promedio para Colombia es de 70,6. Esto significa que de cada 100 jóvenes en el país hay 70 matriculados en los grados mencionados. En Nariño apenas llegamos a 55,6 matriculados de cada 100, muy por debajo de lo que registran otros departamentos como Boyacá, donde 82 estudiantes de cada 100 están matriculados. Por otro lado, el indicador mide cuántos jóvenes entre los 15 y los 16 años están matriculados en décimo y once. En Nariño, de cada 100 jóvenes en este rango de edad 34,9 están matriculados. En departamentos como el Atlántico son 57,4 por cada 100, casi el doble que Nariño. Si se juntan los dos grupos de edad, se puede evidenciar que en Nariño más de la mitad de los jóvenes entre los 11 y los 16 años están por fuera de las aulas. Miles de niños y jóvenes en Nariño no están aprendiendo las bases de los conocimientos humanos, tampoco socializando con sus contemporáneos y mucho menos adquiriendo competencias para la educación superior. ¿Cómo pretende Nariño ser un departamento desarrollado si deja a su juventud abandonada de la formación más básica y elemental del individuo?

Por su parte, el indicador de tránsito muestra las deficiencias de la inclusión y la movilidad social en Nariño. Este indicador mide de cada 100 bachilleres cuántos entran a la educación superior al año siguiente de graduarse. El indicador para el país es de 46,9 y para Nariño es de 33,7. Es decir, que de cada 100 bachilleres que se gradúan en los municipios de nuestra geografía, solo 33 ingresan a la educación superior. Departamentos como el Quindío y Bogotá registran 57,8 y 56,2 respectivamente. Nariño ocupa la posición 29 de 33. Esto significa que los jóvenes en Nariño, cuando se gradúan, no profesionalizan ni tecnifican sus capacidades mentales, la mayoría se queda en casa, sin hacer nada, o entra a trabajar para subsistir en una economía empobrecedora y sin mayor valor agregado. Por esto la educación en Nariño es un factor de desigualdad social, quienes logran un título universitario o técnico son una minoría.

Todo lo anterior se complementa cuando se analiza la calidad de la educación en Nariño. El informe analizó los resultados de cada departamento en las Pruebas Saber y nuestro departamento se encuentra por debajo del promedio nacional. Al medir el puntaje global en las pruebas, Colombia tiene como resultado 262,1, departamentos como Santander registran 280,5 y otros como Quindío 279,5. En Nariño el promedio es de 259,2. Esto implica que nuestros jóvenes son menos competitivos y cualificados que los demás territorios de Colombia, lo cual se traduce en menos oportunidades para acceder a instituciones de educación superior, estímulos y becas.

Ahora bien, los resultados pudieron ser peores para Nariño. En buena medida, Pasto sube el promedio de los indicadores. La cobertura, calidad y transición en la capital son mucho mejores que los registrados por los demás municipios. Pero en el fondo esto revela la gran tragedia de la desigualdad en nuestro departamento. La gobernación ha sido inútil en propiciar una política educativa en los últimos 8 años para reducir la brecha educativa en nuestro departamento. Aún cuando los dirigentes de este tiempo presumieron con su demagogia provenir de las regiones de Nariño: Romero (Ipiales), Jhon (Buesaco) y Escobar (Francisco Pizarro); en el informe se demuestra que Nariño fue uno de los 5 departamentos donde hubo mayor brecha entre la capital y el resto de los municipios.

Tal lamentable estado de nuestro sistema educativo es beneficioso para la casta política del departamento. Una casta, en su gran mayoría inculta y poco compleja en su comprensión del mundo, necesita para reproducir su poder político y económico de una población con escasa formación educativa. A ellos no les conviene una ciudadanía crítica, con acceso a la educación superior, mucho menos que esté tecnificada y profesionalizada para generar riqueza.

El sistema de la casta es el de la pobreza. Cada nariñense viviendo del día a día es una presa fácil para el sistema de compra de consciencia. Una teja, un bulto de cemento, plata en efectivo por el voto, un puestico en la administración pública, todo adquiere valor en una región de escasas oportunidades. Esa ausencia de un sistema de riqueza es producto de que la educación en Nariño es reproductora de las condiciones que permiten la existencia de la casta política. Por eso la nula acción por revertir este efecto. Nótese que el informe señala que todos los departamentos avanzaron frente a 2018, pero Nariño es señalado como el que menos avanza, el que lo hace lento, despacio, con timidez; en buena medida porque esta parsimonia es la oculta acción de la politiquería por mantener su poder.

[1] Estudiante del doctorado en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Magíster en Gerencia para el Desarrollo y profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado. Historiador de la Universidad Nacional.

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