Solea Óptica: tres hermanos que emprendieron para transformar la manera de ver el mundo

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Cristina, Vanessa y Anthony Rangel unieron sus conocimientos, su creatividad y una tradición familiar de emprendimiento para crear Solea Óptica, una empresa que nació en Samaniego y que hoy también tiene presencia en Pasto. Su propuesta combina salud visual, moda, atención personalizada y una filosofía que invita a reconocer que cada persona tiene una manera única de mirar el mundo.

La historia de Solea Óptica comenzó mucho antes de abrir sus puertas. Nació en una familia de comerciantes que encontró en Samaniego un lugar para construir su futuro. Los padres de Cristina, Vanessa y Anthony Rangel llegaron a este municipio nariñense buscando nuevas oportunidades y emprendieron en el sector de las ferreterías.

El cariño con el que fueron recibidos y las experiencias que construyeron alrededor del comercio marcaron profundamente a sus tres hijos. En las conversaciones familiares siempre estuvo presente la posibilidad de crear una empresa propia, asumir riesgos y encontrar en el emprendimiento una forma de realizar sus proyectos personales.

Con el paso de los años, esa tradición se convirtió en una iniciativa que hoy reúne a los tres hermanos Rangel alrededor de Solea Óptica.

Cristina se desempeña en la administración, el marketing y la experiencia visual de la empresa. Vanessa es optómetra, especialista en entrenamiento visual y ortóptica. Anthony también está vinculado al servicio de optometría, que se construye a partir del compromiso y el trabajo conjunto de los tres hermanos.

Una empresa que nació de una conversación familiar

La idea de crear una óptica estuvo presente durante varios años. Vanessa recuerda que sus padres insistían en que debía aprovechar su profesión para independizarse y abrir su propio establecimiento. Sin embargo, ella consideraba indispensable adquirir experiencia antes de asumir esa responsabilidad.

Su trabajo en una clínica oftalmológica fue determinante. Allí pudo fortalecer sus conocimientos, conocer las necesidades de los pacientes y comprender la importancia de combinar la atención clínica con una relación humana cercana.

Aunque tenía el deseo de independizarse, también existían dudas sobre el momento adecuado para hacerlo y las personas con quienes podría emprender.

Por su parte, Cristina ya había tenido experiencias con otros emprendimientos. Algunos no prosperaron, pero todos le dejaron aprendizajes.

Fue en una conversación entre Cristina, Vanessa y Anthony cuando comenzó a tomar forma la posibilidad de abrir una óptica propia. Los tres compartieron la idea de construir una empresa diferente, que integrara la atención profesional con una propuesta estética, artística y sensible, en la que la moda también tuviera un papel importante.

La decisión no fue improvisada. Hubo temores, conversaciones y una preparación cuidadosa antes de iniciar. Pero también encontraron en el respaldo entre hermanos la confianza necesaria para asumir el desafío.

Samaniego, el lugar donde comenzó todo

La elección de Samaniego respondió tanto a una oportunidad de prestar un servicio como a una relación afectiva con el municipio.

Durante su experiencia profesional en Pasto, Vanessa atendió a numerosos pacientes procedentes de Samaniego. Muchos le preguntaban cuándo abriría una óptica en su municipio, donde las alternativas de atención eran limitadas.

Esa situación la llevó a reflexionar sobre las dificultades que enfrentan las personas que deben desplazarse a otra ciudad para acceder a servicios de salud visual.

Viajar a Pasto no representa únicamente el costo del transporte. Para algunas familias también significa asumir gastos de alimentación, alojamiento y tiempo, especialmente cuando requieren consultas o tratamientos especializados.

Vanessa encontró allí una razón para emprender: acercar un servicio profesional a la población y evitar desplazamientos innecesarios, sin renunciar a la calidad de la atención.

Para Cristina, Samaniego también tiene un significado especial.

Fue el municipio que recibió a sus padres cuando decidieron comenzar una nueva vida. Allí encontraron oportunidades para establecer su negocio y construir una historia familiar.

Esa experiencia alimentó la convicción de los tres hermanos de que podían desarrollar su propio proyecto en el mismo territorio.

La decisión de emprender en Samaniego también representó una manera de agradecer el respaldo que sus padres habían recibido años atrás.

Tres hermanos unidos por el emprendimiento

Crear una empresa familiar supone aprender a compartir responsabilidades, tomar decisiones y construir acuerdos. Para Vanessa, una de las mayores satisfacciones de esta experiencia ha sido descubrir el valor del trabajo en equipo.

A diferencia de su experiencia como empleada, donde tenía responsabilidades individuales, emprender le permitió comprender que el crecimiento de una empresa depende del compromiso de quienes participan en ella.

Saber que Cristina y Anthony pueden asumir las responsabilidades del negocio con la misma disposición y energía se ha convertido en una fuente de tranquilidad.

La confianza entre los tres hermanos constituye uno de los pilares de Solea. Más allá de las responsabilidades individuales, comparten el interés por consolidar una empresa que represente sus valores familiares.

Pero el emprendimiento también le ha permitido a Vanessa fortalecer una dimensión de su profesión que considera fundamental: la posibilidad de escuchar a las personas.

En Solea, la atención no se limita a identificar una dificultad visual o recomendar unas gafas. Vanessa encuentra en las consultas una oportunidad para conocer historias, comprender situaciones personales y acompañar a quienes llegan buscando ayuda.

A veces, ese acompañamiento puede consistir simplemente en escuchar o compartir un consejo, sin esperar necesariamente algo a cambio.

Para ella, esa vocación de servicio es una de las mayores recompensas de su trabajo.

Cristina, por su parte, ha encontrado en Solea un espacio para desarrollar su creatividad.

Durante años había sentido interés por explorar su lado artístico, pero no había encontrado un escenario donde pudiera hacerlo con libertad. Curiosamente, fue una óptica la que le permitió integrar sus ideas, su sensibilidad estética y su interés por crear experiencias diferentes.

En su trabajo cotidiano imagina nuevas propuestas y encuentra en su familia un respaldo para experimentar sin temor.

Esa libertad creativa se ha convertido en una de sus principales motivaciones y en un componente importante de la identidad de Solea.

Mucho más que vender unas gafas

La filosofía de Solea se resume en una frase: “Elige verte con confianza”.

Para Vanessa, la confianza comienza en el consultorio, cuando una persona recibe una valoración profesional, comprende su diagnóstico y encuentra respuestas a sus inquietudes.

Por eso considera fundamental continuar estudiando y actualizando sus conocimientos, para ofrecer una atención cada vez más completa.

Sin embargo, la confianza también tiene una dimensión personal y estética.

Después de una consulta, la elección de unas gafas puede convertirse en una experiencia relacionada con la identidad, la comodidad y la manera como cada persona desea presentarse ante los demás.

No se trata solamente de encontrar una montura que permita corregir una dificultad visual, sino de reconocer las características, actividades, gustos y necesidades de quien va a utilizarla.

Vanessa explica que cada persona representa un mundo distinto. Por eso la atención debe considerar no solamente lo que necesita desde el punto de vista clínico, sino también su estilo de vida y las actividades que realiza.

Para Cristina, esa mirada tiene un significado todavía más amplio.

La experiencia visual no se reduce a la capacidad física de observar. También está relacionada con la manera como cada ser humano interpreta la realidad.

Cada persona contempla el mundo desde una perspectiva diferente, construida a partir de sus experiencias, emociones y conocimientos.

Esa diversidad de miradas es, precisamente, uno de los elementos que Solea busca reconocer.

Los ojos, un puente para descubrir el mundo

Una de las reflexiones que mejor expresa la filosofía de Solea es una frase que los hermanos han incorporado a su propuesta:

“Los ojos son el puente entre lo que somos y todo lo que descubrimos”.

Para Cristina, la mirada permite mucho más que identificar formas, colores y objetos. A través de los ojos podemos contemplar la belleza del mundo, descubrir sus misterios y construir una relación con nuestro entorno.

Considera que cada persona tiene una forma particular de interpretar la vida y que esa diversidad de perspectivas enriquece nuestra comprensión de la realidad.

También encuentra una relación entre la capacidad de contemplar y la responsabilidad de cuidar.

Conocer la belleza de la naturaleza, reconocer su importancia y establecer un vínculo emocional con ella puede ayudarnos a comprender por qué debemos protegerla.

Desde esa perspectiva, cuidar la salud visual también significa preservar una de las capacidades que nos permite descubrir, aprender y relacionarnos con aquello que nos rodea.

Es una manera de entender la optometría desde una dimensión más humana, que conecta la ciencia con la sensibilidad, la estética y la experiencia personal.

Una atención que se toma el tiempo necesario

Otro de los elementos que caracteriza a Solea es su apuesta por la atención personalizada.

Vanessa explica que una consulta de optometría tiene una duración aproximada de veinte minutos, pero la experiencia no termina con la valoración clínica.

Después de la consulta, el equipo dedica tiempo a explicar las características de los lentes, presentar las diferentes monturas y acompañar a cada persona en su elección.

Por esa razón procuran organizar las citas con espacios suficientes entre pacientes, evitando que la atención se convierta en un proceso apresurado.

Los hermanos consideran importante que las personas se sientan tranquilas, puedan preguntar y tengan la libertad de probar distintas opciones antes de tomar una decisión.

Incluso ofrecen un café como parte de una experiencia que busca generar cercanía y confianza.

La elección de unas gafas, explican, no debería hacerse con afán. Para muchas personas se trata de un elemento que utilizarán todos los días y que debe responder tanto a sus necesidades visuales como a su comodidad y preferencias personales.

Por eso, en Solea acompañan a los pacientes durante el proceso de probar monturas hasta encontrar una opción con la que se sientan identificados.

La idea es que las personas no solamente puedan ver mejor, sino que también se sientan bien con su imagen.

Servicios especializados en salud visual

Además de la consulta general de optometría, Solea ofrece servicios especializados para atender distintas necesidades visuales.

Entre ellos se encuentran la adaptación de lentes de contacto y la atención de pacientes con queratocono, una condición que afecta la forma de la córnea y puede producir alteraciones importantes en la visión.

Vanessa explica que esta es una de las áreas en las que han fortalecido su trabajo, mediante conocimientos y equipos destinados a la valoración y atención de pacientes con irregularidades corneales.

Otro de los servicios que ofrece Solea es el entrenamiento visual y la ortóptica, áreas de especialización de Vanessa.

Se trata de intervenciones que buscan trabajar determinadas habilidades y funciones visuales mediante ejercicios y terapias indicadas de acuerdo con las necesidades de cada paciente.

Vanessa compara este proceso con un gimnasio para los ojos, aunque aclara que no todas las personas requieren este tipo de tratamiento.

El propósito es identificar los casos en los que puede ser útil y desarrollar un acompañamiento especializado.

De esta manera, Solea busca integrar la atención clínica, los servicios especializados y una experiencia de compra que reconoce la importancia de la estética y la moda.

Solea no es solamente el resultado de una decisión empresarial. Es también una expresión del vínculo de una familia con Samaniego, de la confianza entre tres hermanos y de una manera de comprender la salud visual desde la cercanía humana.

Porque, como lo expresa la filosofía de este emprendimiento, ver no consiste únicamente en distinguir lo que tenemos enfrente. También significa descubrir la belleza del mundo, reconocer la mirada de los demás y encontrar nuestra propia manera de contemplar la vida.

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