Por: Jefferson Sánchez Cifuentes
En el Pacífico colombiano tenemos una expresión sencilla, pero contundente, para describir cuando alguien genera una expectativa, compromete su palabra y después se aparta de lo acordado: hacer conejo.
Eso es, precisamente, lo que sentimos que ocurrió con la Fundación Compaz en el proceso desarrollado con el colectivo literario y cultural Marea Literaria del Pacífico.
Durante meses aportamos nuestro trabajo intelectual y literario a un proceso de memoria, mediante la elaboración de crónicas, relatos y poemas. En el desarrollo de ese trabajo existió un compromiso verbal de reconocer $9.000.000 en honorarios para los escritores.
Sin embargo, la respuesta entregada posteriormente por la Fundación Compaz a nuestro Derecho de Petición fue clara: no habrá pago de esos honorarios.
Aquí surge una pregunta que no podemos dejar pasar: ¿qué valor tiene entonces la palabra empeñada cuando se convoca a escritores, se recibe su trabajo y posteriormente se desconoce el compromiso económico que, según nuestra versión, fue adquirido?
No estamos hablando de un favor. Estamos hablando de trabajo intelectual.
Escribir una crónica, un relato o un poema también es trabajar. Investigar, conversar con las comunidades, reconstruir memorias, organizar testimonios y convertirlos en literatura exige tiempo, conocimiento y responsabilidad.
Además, este tipo de procesos no se construye de un día para otro. Detrás de cada texto hay recorridos, conversaciones, lecturas, revisiones y una disposición permanente para escuchar las voces de las comunidades. Muchas veces, quienes escriben deben asumir gastos de transporte, conectividad, materiales y tiempo que podrían dedicar a otras actividades remuneradas. Todo ese esfuerzo forma parte del valor real de una obra y no puede ser reducido a una colaboración simbólica o a un gesto de buena voluntad.
También es necesario recordar que los escritores y escritoras de los territorios no somos simples proveedores de contenidos. Somos sujetos culturales, portadores de memoria y autores con derechos. Nuestra participación no puede limitarse a entregar textos para fortalecer informes, publicaciones o proyectos institucionales, mientras las condiciones económicas y jurídicas quedan en el aire. Si se convoca a una comunidad creativa, debe existir desde el comienzo claridad sobre los compromisos, los recursos disponibles, la circulación de la obra y el reconocimiento correspondiente.
Y hay otro aspecto que merece ser reconocido: en su respuesta al Derecho de Petición, Fundación Compaz dejó expresamente establecido que no hará uso del libro de nuestra autoría Tumaco, Memoria contra el olvido.
Esa precisión resulta importante, porque nosotros no podemos permitir que la producción intelectual de Marea Literaria del Pacífico sea utilizada sin que estén claramente definidos los derechos de sus autores.
También consideramos necesario que este caso sirva para abrir una conversación más amplia sobre las condiciones en que se contrata y se vincula a los creadores de las regiones. En muchas ocasiones se habla de cultura, memoria y participación, pero se olvida que quienes hacen posible esos procesos necesitan garantías, acuerdos escritos y pagos justos. La dignidad de la cultura también se demuestra en la manera como se trata a sus trabajadores.
No buscamos confrontación. Tampoco pretendemos desconocer la importancia de los procesos de memoria histórica.
Lo que reclamamos es algo mucho más elemental: respeto por la palabra, reconocimiento por el trabajo realizado y respeto por los derechos de autor.
La memoria contra el olvido también debe comenzar por quienes escriben esa memoria.
Porque en el Pacífico sabemos que una palabra empeñada no se la lleva el viento.
La palabra tiene memoria.
El trabajo tiene valor.
Y la obra tiene autor.




