Andrés Antonio Cerón Arteaga*
Estamos en momentos de realidades que se parecen mucho a los mejores futuros soñados de empresas apalancadas en sistemas digitales altamente inteligentes, capaces de crear empresas de eficiencia inconmensurable, pero a su vez también, parece que vivimos el inicio o la acentuación de los peores escenarios distópicos, donde lo digital, representado desde la IA, elimina lo humano y lo esconde detrás de un velo que simula progreso.
Los bandos que defienden cada una de estas esquinas, llenan sus argumentos con un sin numero de datos, ejemplos y elementos que pretenden entregarle la razón a su posición, así como también pueden atacar de manera decidida y medianamente contundente su contraparte. Los actores que simulan neutralidad y que tratan de navegar en la vía de hablar de equilibrios entre estas dos realidades, encuentran muchas dificultades pragmáticas para establecer modelos reales que permitan articular elementos de ética, moral, buenas práctica, políticas, derechos humanos, humanidad y demás marcos de acciones necesarios para que los elementos digitales de IA y los factores humanos en la vida, puedan articularse de manera correcta, de cierta manera ese equilibrio tiene mas una naturaleza retorica ante las realidades actuales.
En este convulsionado escenario, y ante la desbordada oferta de diálogos, clases y escenarios de análisis y enseñanza de temas de IA, vale la pena centrar por un momento la mirada en comprender las implicaciones nacientes del uso de la IA en los procesos empresariales, desde las grandes empresas, como abanderadas de la apropiación y uso de dichas tecnología, hasta los pequeños negocios, que hoy en día son parte, casi sin querer, de esa necesidad infundada de la famosa transformación digital, que las convierte en adoptantes posteriores de la mencionada tecnología.
Con una experiencia naciente, de unos 3 años aproximadamente, del despliegue de diversas plataformas y modelos de lA, ya se tienen algunos ejemplos de resultados tangibles del uso de la misma, en diversos procesos empresariales, ejemplos que nos van dando línea de que tipo de futuro podemos ir esperando, así como también de futuros que podemos modificar de manera inmediata, si nos hacemos las preguntas correctas a tiempo, para modificar los rumbos desorientados y peligrosos, que van configurándose en estos limitados años de experiencia.
Bajo esta línea de pensamiento, hay dos preguntas puntuales que deben orientar la discusión empresarial alrededor de la IA y su implementación. La primera es ¿Qué ganamos con el uso de la IA?, y la segunda es ¿Quiénes realmente ganan con el uso de esa IA en la empresa?
Estas preguntas deben llevar a un nutrido debate entre todos los niveles organizacionales, o sea, incluyendo la mirada, opinión y propuesta de los niveles operativos y de los hacedores del día a día de las operaciones de una empresa. Esas realidades donde un nivel ejecutivo y gerencial toma decisiones de implementar esta tecnología por un tema de moda y tendencia y no por un análisis razonable, y posteriormente lo despliega a toda la empresa desde algunas acciones débiles de capacitación y uso, no pueden repetirse en esta modernidad, en el entendido que la IA no es una tecnología tradicional, sino, una capaz de transformar desde la base, las condiciones de las relaciones empresariales.
No hablamos de usar un software nuevo, hablamos de incorporar un elemento que puede redefinir la forma en la que establecen las relaciones, condiciones y metodologías laborales en una empresa, y esta redefinición, no puede ser solo el resultado de dos coordinadores imponiendo bajo un velo de modernidad, el uso de alguna herramienta de IA, sino, debe ser el resultado de un grupo de seres humanos con responsabilidades, conocimientos, talentos, opiniones, deseos y derechos hablando de cómo pensamos trabajar conjuntamente, mediados por una herramienta digital, que rompe toda lógica tradicional y que influye de manera radical sobre temas más profundos y mucho más filosóficos como la originalidad, la creatividad, el tiempo, la plusvalía, la humanidad del pensamiento, el valor agregado, entre muchos mas temas dentro de una empresa.
Cualquier pseudo coloquio sobre los beneficios de la IA, que impulse su uso empresarial hoy en día, lleva a mostrar que el uso de dichos modelos, tiene como máximo resultado una mejora en la eficiencia del proceso en el que se implemente, entendiendo a la eficiencia, exclusivamente desde una perspectiva de mejora en el tiempo utilizado para una tarea. En ejemplos claros, muchas de estas herramientas, pueden reducir a minutos, trabajos que podían tomar horas, días o semanas. Magnifico aporte. Ahora, bajo ese esquema, una tarea o proceso que implemente dichos modelos de IA, por ende, contará con horas, días o semanas “libres”, que no se van a ocupar en desarrollar la actividad del ejemplo. Aquí precisamente es donde aparece uno de los grandes vacíos.
Algunos “panelistas” han sorteado este agujero negro, indicando que esos tiempos nuevos que aparecen por el uso de la IA, son los momentos donde las personas pueden y deben “Dedicarse a pensar y crear nuevas actividades, proyectos o ideas que generen valor para la empresas y los procesos”, o que “son los momentos en que el talento humano puede y debe aprovechar para dedicarse de manera directa a lo que de verdad deben hacer más allá de actividades repetitivas, operativas o administrativas”, continuando así con la retórica tan propia de estos temas. En ningún caso aparecen propuestas donde el ahorro de tiempo pueda reflejarse en mejorar la calidad de vida de las personas en los procesos, principalmente por tiempo libre para su propia vida, pero si en más explotación en favor de la empresa.
Se evidencia así que muchas empresas solo encuentran sentido a si mismas y a sus procesos en tareas repetitivas y sin valor real, y que eliminar estas repeticiones o ejecutarlas mediante una IA, hace que cargos, procesos, áreas departamentos pierdan sentido. De igual manera, el debate sobre que es realmente agregar valor en una empresa, toma una connotación mayor, en medida de que los argumentos hacen ver que algo hecho por una IA, pareciera nunca haber agregado valor a la empresa si lo ejecutaba una persona, independientemente del tiempo que le tome. Y finalmente, entra en análisis, la visión mecanicista empresarial que nos lleva a una modernidad de la administración clásica donde cambiamos de seres humanos apéndices de las maquinas a vapor, por seres humanos apéndices de modelos de IA, en pro del capital y la empresa.
¿Por qué deberíamos usar herramientas de IA en nuestros procesos, si estos nos dan mas tiempo para que asignen más funciones, obligaciones y responsabilidades en la empresa? ¿Por qué deberíamos usar herramienta de IA en tareas empresariales, que impedirán la repetición o experiencia, que en algunos casos, crea la maestría en los seres humanos? ¿Por qué deberíamos usar herramientas de IA que hacen actividades en minutos, pero donde el tiempo extra no es un beneficio para las personas, sino más oportunidad de explotación laboral en cada empresa? ¿Por qué deberíamos usan herramientas de IA, cuando las empresas no tienen ni idea de que responsabilidades o actividades asignar en los “tiempos libres” otorgados por los modelos de “mesías digitales de la eficiencia contemporánea”?.
Un modelo de IA, sigue patrones, opera bajo probabilidades, y se limita al seguimiento inequívoco de un algoritmo. Un ser humano, si lo decide, no.
Y eso, lo hace precisamente humano.
Y si las organizaciones son de humanos, pensar, cuestionar, preguntar y tener pensamiento critico deber ser un imperativo que nos desconecta de las modas digitales modernas.
*¿Administrador de Empresas. Universidad de Nariño.
Especialista en Gerencia Integral de la Calidad. Universidad Sergio Arboleda
Especialista en Gerencia de Proyectos. Universidad del Cauca
Master en Dirección de Operaciones y Calidad. Universidad Internacional de la Rioja.
Magister en Gestión de la Innovación. Universidad ICESI
Auditor Interno ISO 9001: 2015, HSEQ 2015. ICONTEC.
Docente Investigador, gestor de proyectos, consultor organizacional




