La lluvia cae de manera pertinaz sobre la soledad de las calles empedradas de la ciudad en aquella penetrante noche de invierno y orfandad. Un hombre de gabán oscuro, bufanda y sombrero, camina presuroso en medio de la constante lluvia y la penumbra proyectada por la sombra establecida bajo aquellos cobertizos de teja de barro y humedad; al llegar a una esquina contempla el armazón estructural del nuevo templo que allí se construye con sus ojivales torres imponentes en aquel espacio donde un río con su puente enmarcan majestuosamente el parque habitual de San Sebastián o la Panadería.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
Desde $20.000 COP el día




