En la vereda Santa María, municipio de Buesaco, don Segundo Alejandro Ordoñez cultiva oro. No del que se extrae con retroexcavadora, sino del que se cuida con manos agrietadas, paciencia de años y sabiduría campesina: café. Desde 1986, cuando sembró sus primeros arbolitos, ha convertido tres hectáreas de ladera en el sustento de su familia. En plena cosecha puede emplear hasta treinta personas por jornada. Su finca no solo produce granos, sino educación, empleo y dignidad. “Gracias a Dios por mi café estoy así, descansando unos días tranquilo”, dice con la voz pausada del que ha aprendido a valorar cada cosecha. Gracias al café, sacó adelante a sus hijos. Gracias al café, su grano viaja a Londres mientras él recorre el camino que une la vereda con el Municipio en una vía construida con recursos e iniciativa cafetera.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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