El Deportivo Pasto, lo nuevo, lo bueno y lo que falta

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Por: Omar Raúl Martínez Guerra

Debutó la nueva versión del Deportivo Pasto, y lo hizo cumpliendo las expectativas de su gente, ganándole 1 a 0 al poderoso Independiente Medellín. Y era que las esperanzas de sus miles de aficionados venían creciendo desde cuando se concretó el cambio de asociación a sociedad; luego, con la noticia de que sería adquirido por un grupo de empresarios; más tarde con los anuncios de un técnico que no era Flabio Torres, Camilo Ayala o el profesor Rosero; posteriormente cuando se notificaron los nombres de jugadores de alguna o buena trayectoria, o de otros que ya habían pertenecido y dejado buena imagen. Todo ello permitió la recuperación parcial de la fe y el entusiasmo de las 4 barras más organizadas, fogosas y vistosas, cuyo amor pasional por el equipo no tiene límites, y con ellas, la de los seguidores creyentes y confiados en acertar por fin con un equipo, por lo menos, más competitivo, después del fracaso del 2025.

No era para menos: entre el subcampeonato del 2012 disputado en una final contra Santafé y el año actual, hubo uno que otro ingreso al octagonal en 13 largos años  y una disputa de título contra Junior en el 2019, que finalmente perdió por penaltis en un hecho que poca gente olvida y perdona, sobre todo porque gran parte del triunfante recorrido se hizo en Ipiales con el fervoroso apoyo de su cálida y encantadora ciudadanía, y la final se jugó en Bogotá con un Campin repleto de aficionados pastusos y costeños, quienes le dieron una histórica lección al país violento, de que el futbol es un juego para recrear,  divertir y convivir en santa paz.

 La nueva nómina, técnico incluido, así como lo visto el domingo 18 de enero en el Libertad, sin ser gran cosa, dejó razones para la ilusión. Nadie duda de la gigantesca desventaja en el papel frente a los llamados grandes. Pero hay un no sé qué, un pálpito, una sospecha, una ilusión recóndita, de que este año será mejor. ¿Campeón?  Durísimo pero no imposible. Con poca plata, lo fue con una nómina modesta y ha sido 3 veces subcampeón frente a Cali, Santafé y Junior. Por lo demás soñar es gratis y en eso nos pasamos parte de la vida los ilusos del fantástico deporte. Leo en alguna parte que existe una nueva junta directiva y que son sus objetivos estructurar un gran proyecto administrativo, financiero y deportivo. La verdad sea dicha, Pasto y el departamento de Nariño cuentan con las bases y una buena infraestructura  para ello, en tanto tiene, mantiene y crece una afición calificada y numéricamente grande; se da en un contexto seccional de desarrollo social, económico y cultural en crecimiento ; existe una red de espacios radiales y de comunicación masiva, impresos y virtuales, así como  escritores que publican revistas y libros especializados y de comentaristas y reporteros dedicados al análisis y difusión de temas deportivos. Tiene una experiencia acumulada de 30 y más años en categoría A. Y como si fuera poco, cuenta con un estadio que reúne las exigentes demandas de la FIFA, el emblemático estadio Libertad. Son entonces pocas por ahora las cosas que faltan, pero son supremamente importantes. ¿cuales?

La primera de ellas, la creación y puesta en marcha de una política (ojo, una política, no una decisión por salir del paso) para robustecer y ampliar una afición propia a partir de la existente. Es triste saber que existan grupos de aficionados que dan la vida por equipos foráneos, en especial de Nacional y América, en muestra del desarraigo cultural y un grotesco desdén por su tierra a cambio de un esnobismo por aparecer “distintos” y mejores. Pero no se trata de evangelizar infieles arribistas sino de construir devoción en las nuevas generaciones, y la fórmula mágica para ello existe: llevando niños y niñas al estadio. Un niño que a sus 7 años ve jugar al equipo de su ciudad nunca lo olvidará por el resto de su vida. Así han construido su grandiosa afición los paisas (siempre adelante, siempre emprendedores, siempre pujantes). No es posible concebir un estadio que se fundó y se remodeló con recursos del Estado para la gente, con la mayor parte de su gradería vacía. ¿Que cuesta llevar 5.000 infantes de los planteles educativos públicos gratuitamente a partidos en donde el estadio esta semivacío? Si de controlarlos se trata, que tan fácil es pactar con sus rectores y docentes para que ellos se encarguen de esa labor, sin necesidad de contratar más porteros, más policías o vigilantes.

La segunda cosa apunta a algo similar: más triste que aguantarse hinchas oportunistas con camisetas forasteras es ver esas graderías del costado norte, frías, ausentes, lúgubres, vacías. La mejor medida para que eso ocurra es poner boleterías caras. Y caras en Pasto son boletas de 30.000, 40.000 y 70.000 pesos. Comparar precios con los de una ciudad como Bogotá, que cuenta con suficiente población para pagar incluso 8 veces más esos valores es desconocer la diferencia entre los niveles de ingreso, costo de vida y desarrollo económico entre una y otra ciudad. Unas entradas a bajísimo costo a las fantasmales graderías norte estimularían el ingreso de los sectores más populares dentro de los populares, subsidiados y carnetizados, quienes se privan quincenalmente del partido porque no les alcanza lo de la boleta ni tampoco tienen para pagar los canales de Win. Un estudiante de primer semestre de economía puede hacer mejor las cuentas.

La tercera opinión apunta a lo que ya parece una desventura, el diseño de la camiseta del Deportivo Pasto. Nada se de los diseñadores de moda, que hoy se forman en las universidades, que se encarguen de elaborar una camiseta bonita. Desde la roja (y azul) del 2019, no se ha vuelto a ver nada parecido. Combinar armónicamente tres colores, amarillo, azul y rojo puede ser una tarea exigente y compleja pero posible. Pero el adefesio textil del 2026, con la fábula de hacerle honor a la campeona del 2006, fue al menos una pésima decisión, en mi opinión, claro está. Los hombros amarillos como chocantes charreteras y todos los colores distribuidos en franjas y franjitas, galones flecos, trencillas, rayas y arabescos, sin contar con las necesarias propagandas, para colmo verdes, dan ganas de ver el partido con los ojos cerrados. Peor que la pasada, considerada por algunos críticos como la tercera más fea de las 20. Parecido no le ha faltado a la chaqueta de un expresidente vecino, recientemente extraído a los Estados Unidos, de quien no se sabía si era su multicolor traje de gala para salir en público o su bata de baño para entrar a su recinto privado.

La cuarta no tiene que ver con el equipo sino con los dueños del Estadio Libertad: que feo es ver los espacios atrás de los arcos. Abandonados, pelados, con chécheres y materiales sobrantes, como físicas obras negras en construcción y, para colmo, con esos monigotes y botellas inflables publicitando trago y otras esencias. Total, desorden que devela desdén, descuido, desgobierno y mugre.

La quinta cosa va con la inefable alcaldía municipal: ni el alcalde ni sus asesores ni el concejo parecen conscientes de que la televisión le transmite al país y al mundo el postrero entorno del estadio Libertad. Lo que debería ser un atractivo parque con árboles, jardines, prados, fuentes luminosas y caminos adoquinados, como lo son en buena parte de los estadios de Colombia, en Pasto son peladeros con talleres, chircales y parqueo de camiones, que hoy en día se disimulan con techos fantásticos creados con inteligencia artificial para consuelo de los afligidos que gustan de creer en las promesas del gobierno. Cada vez que en esto pienso, digo que quizás el próximo alcalde se acuerde de Chapal, y a medida que el tiempo pasa, nada pasa.

Esperemos que mejore la grama y el cuidado de las zonas verdes, que el equipo adquiera su propio bus, la junta directiva acierte, los jugadores respondan y el equipo gane. Feliz 2026, Deportivo Pasto.

22 de enero de 2026

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