El informe de UNODC y el Gobierno de Colombia sobre monitoreo de cultivos de coca 2024 confirma que Nariño sigue siendo el departamento con mayor área sembrada. Tumaco retornó al primer lugar nacional, con cerca de 31.300 hectáreas, en medio de una dinámica marcada por frontera, Pacífico, economías ilícitas y disputa territorial.
Nariño vuelve a quedar en el centro del mapa nacional de los cultivos de coca. El informe “Monitoreo de territorios con presencia de cultivos de coca 2024”, elaborado por UNODC/SIMCI y el Gobierno de Colombia, revela que el país llegó a 261.000 hectáreas de coca a corte del 31 de diciembre de 2024, un aumento del 3,5 % frente a las 253.000 hectáreas registradas en 2023.
Pero el dato más fuerte para el departamento está en Tumaco. Según el reporte, de los 1.122 municipios de Colombia, 180 presentan afectación por coca y en solo 10 municipios se concentra cerca de la mitad del área sembrada. En ese grupo, Tumaco retorna al primer lugar nacional, con cerca de 31.300 hectáreas de coca en 2024.
La cifra muestra la dimensión del fenómeno: para alcanzar la misma concentración de coca que reúnen los 10 municipios más afectados, sería necesario sumar el área sembrada en 167 municipios del país.
Nariño, el departamento con mayor área sembrada
El informe también señala que Nariño continúa siendo el departamento con mayor área sembrada con coca, posición que ocupa desde 2021. En 2023, el departamento había incrementado su área en 15 %, llegando a cerca de 74.500 hectáreas.
La dinámica no es nueva. El documento recuerda que, en 2001, cuando inició el monitoreo nacional, Nariño tenía menos de 7.500 hectáreas. Sin embargo, con el paso de los años, el cultivo se consolidó en zonas fronterizas como Nariño y Norte de Santander. Para 2019, la concentración del fenómeno ya se había afianzado en Nariño, Norte de Santander y Putumayo, tres departamentos que en 2024 concentraron el 64 % del área total nacional.
Esto significa que el problema no se expandió de manera desordenada por todo el país, sino que se intensificó en territorios específicos, especialmente aquellos con valor estratégico para las economías ilegales.
Tumaco y el Pacífico: una ruta estratégica
Tumaco no solo aparece como el municipio con más coca. También figura como un punto estratégico dentro del corredor del Pacífico. El informe advierte que el acceso al océano Pacífico por parte de Colombia, Ecuador y Perú representa una ventaja que las redes del crimen organizado han utilizado para consolidar rutas hacia Europa, Norteamérica, Asia y Australia.
En Colombia, el documento destaca especialmente las rutas ubicadas en Tumaco, Nariño, y en el puerto de Buenaventura, Valle del Cauca, como puntos estratégicos para el tráfico de cocaína por el océano Pacífico. Las organizaciones criminales han desarrollado modalidades como lanchas rápidas, carga balizada en contenedores, uso de GPS y comunicación satelital para reducir riesgos de interdicción.
Esto explica por qué el fenómeno en Tumaco no puede analizarse únicamente como un problema agrícola o de siembra. Allí confluyen cultivo, procesamiento, rutas marítimas, frontera, presencia de grupos armados, control territorial y economías criminales transnacionales.
La frontera aumenta el riesgo
El reporte identifica una tendencia preocupante: las zonas más cercanas a las fronteras terrestres siguen siendo las de mayor concentración del cultivo. Entre 2019 y 2024, el área sembrada con coca en zonas de frontera registró un incremento del 70 %. El informe explica que la estabilidad nacional del área sembrada se debe a una compensación entre el incremento en zonas de frontera en Nariño y Catatumbo, y la reducción en Putumayo y Bajo Cauca.
En el caso nariñense, esta situación es especialmente sensible por la frontera con Ecuador, la conexión con el Pacífico y la presencia de corredores ilegales que facilitan el tránsito de insumos, pasta base, clorhidrato de cocaína y recursos asociados al narcotráfico.
Otros municipios nariñenses también aparecen en el mapa crítico
Aunque Tumaco encabeza el listado nacional, no es el único municipio de Nariño con alta presencia de coca. En el grupo de los 10 municipios con mayor área sembrada también aparecen El Charco y Roberto Payán.
Según el informe, El Charco registró 7.669 hectáreas en 2024, mientras Roberto Payán alcanzó 5.950 hectáreas.
Esto confirma que el fenómeno tiene una fuerte presencia en el Pacífico nariñense y que no puede reducirse a un solo municipio. La costa nariñense sigue siendo uno de los territorios donde la coca, la pobreza, el abandono institucional y la disputa armada se cruzan con mayor intensidad.
Más coca en menos territorios
Uno de los hallazgos más importantes del informe es que el país no enfrenta una expansión generalizada hacia nuevos territorios, sino una concentración cada vez más fuerte en zonas donde la coca ya estaba presente.
El documento señala que el 90 % de los cultivos de coca detectados en 2024 se encuentra en territorios donde la coca ha permanecido durante más de una década. Es decir, el crecimiento no se explica tanto por la llegada del cultivo a nuevas zonas, sino por la densificación en los mismos territorios históricamente afectados.
También advierte que los enclaves productivos pasaron de 7 en 2019 a 15 en 2024, y que el área con coca dentro de estos territorios se duplicó, al pasar de 56.000 hectáreas a 114.000 hectáreas.
En Nariño, el enclave Frontera Tumaco es uno de los más preocupantes. El informe indica que, frente a 2023, este enclave incrementó el área con coca en 43 %.
Un problema que exige más que erradicación
Las cifras vuelven a plantear una discusión de fondo para Nariño: la política antidrogas no puede limitarse a erradicar cultivos si no existen alternativas reales para las comunidades.
En Tumaco, El Charco, Roberto Payán y otros municipios del Pacífico, muchas familias viven en territorios donde el Estado llega tarde o llega poco. La falta de vías, crédito, asistencia técnica, comercialización, seguridad, educación, salud e inversión productiva facilita que la economía ilegal siga siendo una opción dominante o, en muchos casos, impuesta por actores armados.
La coca no se sostiene únicamente por decisión de los campesinos. Se sostiene por una estructura criminal que compra, controla, amenaza, financia y captura territorios. Por eso, cualquier respuesta seria debe combinar seguridad, sustitución, desarrollo rural, presencia institucional y oportunidades económicas sostenibles.
Tumaco, el espejo de una deuda nacional
El regreso de Tumaco al primer lugar nacional en cultivos de coca no debería verse solo como una mala noticia para Nariño. Es también un mensaje para Colombia: donde no hay Estado social, entran las economías ilegales; donde no hay vías ni mercados, gana el intermediario ilegal; donde no hay seguridad ni justicia, se impone el grupo armado.
Nariño necesita una política integral que no trate al Pacífico únicamente como zona de erradicación o interdicción. Tumaco necesita inversión productiva, seguridad para las comunidades, cumplimiento del PNIS, infraestructura, educación rural, apoyo a economías lícitas y una estrategia binacional seria con Ecuador.
El informe confirma lo que las comunidades llevan años diciendo: el problema de la coca no se resuelve con anuncios. Se resuelve transformando las condiciones que la hacen rentable, persistente y dominante.
Tumaco volvió al primer lugar. Ahora el desafío es que el Estado no vuelva a responder con la misma fórmula de siempre.




