En Nariño comienza la patria milagro

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Pablo Emilio Obando A.

Hay hechos políticos que trascienden el simple protocolo y se convierten en símbolos. La reciente visita sorpresa del presidente electo de los colombianos, el doctor Abelardo de la Espriella, al departamento de Nariño y particularmente al majestuoso Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas, tiene precisamente ese carácter: el de un gesto cargado de historia, memoria, reconciliación y oportunidad.

No fue una visita cualquiera. No fue un recorrido calculado desde la comodidad electoral. Por el contrario, resulta profundamente significativo que el presidente electo haya decidido venir justamente a un territorio que no le respondió en las urnas y que, electoralmente, incluso le fue adverso. Allí radica, quizá, la grandeza política de este acto: tender la mano donde no hubo respaldo mayoritario y reconocer que gobernar a Colombia implica abrazar también a quienes pensaron distinto. Y ese mensaje, los nariñenses no podemos dejarlo pasar desapercibido.

Desde el imponente Santuario de Las Lajas, símbolo espiritual y cultural del sur colombiano, Abelardo de la Espriella habló con emoción de su gratitud hacia Nariño. Recordó que su abuelo fue uno de los gestores y fundadores de este departamento, enviado por el general Rafael Reyes en aquella histórica misión que contribuyó a consolidar institucionalmente esta región del país. Ese dato, más allá de la anécdota familiar, conecta al presidente electo con la historia profunda de nuestra tierra y con las raíces mismas de la construcción republicana de Nariño.

Pero además hubo un mensaje político de enorme trascendencia: “la patria milagro comienza en Nariño”.

No es una frase menor. No es un simple eslogan de ocasión. Es una declaración que compromete afectos, decisiones y prioridades. Y más aún cuando el presidente electo evocó al inmenso Aurelio Arturo y su eterna “Morada al Sur”, esa poesía donde “el verde es de todos los colores”, para referirse a esta tierra fecunda, espiritual y resistente que es Nariño.

Qué importante resulta que un presidente electo mire hacia el sur. Qué significativo que su primera visita de alguna manera protocolaria haya sido precisamente a nuestra región. Durante décadas, Nariño ha reclamado atención del poder central; ha exigido inversión, infraestructura, conectividad, oportunidades y presencia real del Estado. Por eso este acercamiento no puede quedarse únicamente en la emoción del momento ni en la fotografía política. Aquí debe aparecer la inteligencia colectiva de nuestra dirigencia.

Nuestros parlamentarios, congresistas, senadores, representantes, alcaldes, empresarios, académicos y líderes sociales tienen hoy una gran responsabilidad: convertir este gesto político en realidades concretas para el departamento. Esta es la hora de presentar proyectos sólidos, de reclamar inversiones estratégicas, de impulsar obras de infraestructura, desarrollo vial, conectividad, turismo, cultura, educación y generación de empleo.

Las oportunidades políticas no aparecen todos los días. Y cuando aparecen, los pueblos inteligentes saben aprovecharlas.

Nariño no puede encerrarse en los prejuicios ideológicos ni en las divisiones electorales. Todo lo contrario. Debemos atravesar ese puente de cordialidad y entendimiento que el doctor Abelardo de la Espriella ha comenzado a construir con esta visita. Los pueblos que progresan son aquellos que saben dialogar con el poder sin perder su dignidad, pero también sin desperdiciar las oportunidades históricas.

Hoy el sur de Colombia tiene una puerta abierta. Sería imperdonable dejarla cerrar por mezquindades políticas o sectarismos inútiles.

Ojalá que este encuentro en Las Lajas marque el inicio de una nueva relación entre el Gobierno nacional y Nariño. Ojalá que la patria milagro no sea solamente una bella expresión retórica, sino una verdadera hoja de ruta para transformar esta región olvidada pero inmensamente valiosa para Colombia.

Porque si el verde aquí es de todos los colores, también debería serlo la esperanza.

Y esa esperanza, hoy, ha comenzado a mirar hacia Nariño.

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