La Embajada de Colombia en Ecuador no soporta otro escándalo

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A poco más de un mes de terminar el Gobierno Petro, la Cancillería volvió a mover fichas en un consulado fronterizo clave. El nombramiento provisional de Elvira Sanabria en Nueva Loja reabre el debate sobre mérito, improvisación y estabilidad en una relación bilateral que terminó en el limbo.

La representación diplomática de Colombia en Ecuador no soporta un escándalo más. Después de años marcados por cuestionamientos, nombramientos polémicos, demandas contra designaciones provisionales, tensiones bilaterales y una relación fronteriza debilitada, el Gobierno de Gustavo Petro vuelve a mover fichas en la Cancillería cuando ya está en la recta final de su mandato.

El nuevo episodio es el nombramiento de Elvira de las Mercedes Sanabria Salazar, actual secretaria general del Ministerio de Relaciones Exteriores, como primera secretaria de Relaciones Exteriores en el Consulado de Colombia en Nueva Loja, Ecuador, un cargo de carrera diplomática que fue provisto en provisionalidad. La designación quedó consignada en el Decreto 0645 del 26 de junio de 2026, firmado por el presidente Gustavo Petro y la canciller Rosa Yolanda Villavicencio, y fue conocida públicamente el 2 de julio.

El decreto sostiene que la Dirección de Talento Humano de la Cancillería certificó el cumplimiento de requisitos legales y la no disponibilidad de funcionarios de carrera para ocupar la vacante. Sin embargo, el momento político del nombramiento genera ruido: ocurre a poco más de un mes del cambio de gobierno y pese a que el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, pidió suspender nuevos nombramientos provisionales en cargos de carrera diplomática durante el empalme.

Ecuador, una sede golpeada por controversias

El problema no es solo este nombramiento. El problema es la acumulación.

Página 10 ya había advertido que la diplomacia colombiana en Ecuador venía deteriorada. En marzo de 2025, este medio publicó la nota “Dos nombramientos, dos escándalos: Tribunal golpea otra vez a la diplomacia en Ecuador bajo el mando de María Antonia Velasco”, en la que registró la suspensión provisional del nombramiento de María Camila Ceballos como segunda secretaria en el Consulado de Tulcán y recordó la nulidad del nombramiento de Silvio Javier Sánchez Cañizares, caso denunciado previamente por Página 10 como un hito judicial en defensa del mérito en la carrera diplomática.

Ese expediente judicial no fue menor. La Unión de Funcionarios de Carrera Diplomática y Consular demandó el nombramiento provisional de Silvio Javier Sánchez Cañizares como segundo secretario en la Embajada de Colombia en Ecuador, alegando que existían funcionarios de carrera formados, capacitados y con experiencia que podían ocupar el cargo. El proceso discutió si la provisionalidad se ajustaba o no a las reglas de la carrera diplomática.

Ese antecedente hace que cada nuevo nombramiento en Ecuador sea leído con mayor sospecha. La pregunta vuelve a ser la misma: ¿por qué insistir en provisionalidades y designaciones de cierre de gobierno en una sede que requiere estabilidad, experiencia y máximo cuidado político?

Una relación bilateral que terminó enfriada

La Embajada en Ecuador no solo ha estado cuestionada por nombramientos. También quedó en el centro de una crisis diplomática.

Página 10 publicó en abril de 2026 la nota “La diplomacia del chisme: el cierre accidentado de una gestión en Quito”, en la que analizó el enfriamiento severo de las relaciones entre Colombia y Ecuador. El texto recordó que Quito llamó a consultas a su embajador en Bogotá y que Petro ordenó el regreso inmediato de María Antonia Velasco, entonces embajadora de Colombia en Ecuador, en medio de tensiones por las declaraciones del presidente colombiano sobre Jorge Glas y por la decisión de Daniel Noboa de imponer una tasa de seguridad del 100 % a productos colombianos.

Ese mismo análisis de Página 10 señaló que la gestión de Velasco estuvo marcada por una diplomacia más cercana a la tribuna política que al lenguaje prudente de Estado. También recordó el episodio de la carta atribuida a alias “Fito”, jefe criminal ecuatoriano, dirigida a la embajadora y a la entonces canciller encargada. La Cancillería confirmó que Velasco recibió la carta, aunque aclaró que su autenticidad no estaba comprobada y que no hubo trámite oficial por canales diplomáticos.

Con esos antecedentes, la relación con Ecuador quedó deteriorada. Y para un país como Colombia, especialmente para departamentos fronterizos como Nariño y Putumayo, eso no es un asunto lejano: afecta comercio, seguridad, migración, cooperación, movilidad, integración cultural y presencia estatal en la frontera.

La política no puede estar por encima del mérito

El servicio exterior no debería ser un premio de salida ni un espacio de acomodo político. La diplomacia exige conocimiento, criterio, prudencia, experiencia y manejo técnico de las relaciones internacionales. Mucho más en un consulado fronterizo como Nueva Loja, ubicado en una zona estratégica para la relación entre Colombia y Ecuador.

El Gobierno sostiene que el nombramiento de Sanabria cumple los requisitos y que no había funcionarios de carrera disponibles. Esa es la versión formal. Pero el debate de fondo no se agota en la legalidad mínima. La pregunta es si, después de tantos escándalos, la Cancillería debía hacer nuevos nombramientos provisionales en una sede sensible cuando el gobierno está a punto de terminar.

La respuesta debería ser evidente: no era prudente.

Después de cuatro años, Colombia y Ecuador terminaron con una relación en el limbo. Hubo crisis arancelaria, tensión política, deterioro diplomático y ausencia de una agenda fronteriza robusta. En vez de dejar una relación binacional más fuerte, el Gobierno Petro deja una representación cuestionada y una frontera que sigue esperando decisiones serias.

Nariño necesita una diplomacia de frontera, no de favores

Para Nariño, este debate es especialmente importante. La relación con Ecuador es vital para el comercio de Ipiales, la movilidad en Rumichaca, la agenda de seguridad, la frontera del Pacífico, el puente sobre el río Mataje, Tumaco, Esmeraldas y la integración cultural entre pueblos vecinos.

Por eso, Colombia necesita en Ecuador personas capacitadas, con experiencia diplomática, conocimiento territorial y compromiso real con la frontera. No más improvisación. No más nombramientos polémicos. No más diplomacia convertida en cuota política, amiguismo o refugio de funcionarios de salida.

La relación con Ecuador requiere seriedad y estabilidad. Lo político no puede estar por encima del mérito. Y menos cuando la frontera sur ha pagado durante años el costo de la improvisación estatal.

El nuevo gobierno tendrá que revisar con lupa lo que ocurrió en la Cancillería y reconstruir una relación bilateral que no puede seguir dependiendo de afinidades ideológicas, nombramientos cuestionados o crisis de último minuto.

Colombia necesita una diplomacia profesional. Ecuador merece respeto institucional. Y Nariño necesita una política exterior que por fin entienda que la frontera no es un adorno en los discursos: es una realidad diaria para miles de ciudadanos.

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