Por: Tirso Benavides Benavides
Hay una imagen que Juan Fernando Gutiérrez de la Rosa no ha soltado en más de veinte años de carrera: la de un niño acompañando a su padre en una finca cafetera, aprendiendo que el café no es solo un cultivo, sino una forma de disciplina, paciencia y amor por la tierra. Esa imagen, dice, es la que hoy lo acompaña en cada decisión que toma desde su nuevo cargo como Director Ejecutivo del Comité Departamental de Cafeteros de Nariño.
Ingeniero Agrónomo de la Universidad de Nariño y especialista en Alta Gerencia, Gutiérrez llega a la Dirección Ejecutiva después de recorrer, durante más de dos décadas, los 42 municipios cafeteros del departamento. Su nombramiento marca el relevo de Hernando Delgado Gómez, cuya gestión —reconoce el propio Gutiérrez— “deja un legado muy importante para la caficultura de Nariño” y sobre el cual asegura que seguirá construyendo.
Antes de los títulos y los cargos, hubo una finca. Gutiérrez viene de una familia cafetera, su padre lleva más de 50 años cultivando café y, gracias a ese trabajo, sacó adelante a sus hijos en las épocas buenas y en las difíciles del sector. Cuando sus hermanos se fueron a estudiar a otras ciudades, él se quedó acompañando a su padre en el campo, y fue allí donde tuvo su “primera escuela” y su “primer maestro”.
Ese vínculo con la tierra fue el que lo llevó a elegir su carrera. Pero el nuevo director es enfático: su verdadero aprendizaje no vino de un aula, sino de haber caminado el territorio junto a las familias productoras.
La trayectoria de Gutiérrez dentro de la institucionalidad cafetera comenzó en el terreno. Su crecimiento profesional como el personal también se dio entre plantaciones. Empezó como extensionista rural, recorriendo veredas y conversando con los caficultores. Luego fue Coordinador de Programas y, en octubre de 2009, asumió por encargo la Dirección del Servicio de Extensión Rural del departamento, cargo en el que fue nombrado en propiedad en febrero de 2012 y que ocupó durante más de catorce años.
Fue justamente en esa etapa, como Líder Departamental de Extensión Rural, cuando formó su familia. Su esposa y sus hijos, cuenta, han vivido con él cada paso de este camino y hoy lo acompañan con orgullo en este nuevo reto. Reto, que es sin duda un paso ascendente en su carrera pero que, sin embargo, tiene un costo que Gutiérrez no oculta, extraña las salidas de campo y el contacto directo con los caficultores. Aun así, es categórico sobre lo que no está dispuesto a perder: “Voy a seguir recorriendo las zonas cafeteras, porque estoy convencido de que las mejores decisiones nacen escuchando al caficultor.
Si hay una frase que resume la manera en que Gutiérrez entiende su nuevo cargo, es la que dice haber recibido de los caficultores que ha visitado durante años: “No cambie, siga siendo el mismo; no pierda la sencillez y siga cercano a la gente.”
Según el directivo, la lección más valiosa de tantos años recorriendo el departamento es la de que el caficultor nariñense nunca pierde la esperanza. Heladas, lluvias, derrumbes y precios bajos no han sido suficientes para que las familias dejen de sembrar y de creer en el café. Esa capacidad de levantarse, dice, es una enseñanza que trasciende lo técnico.
Un ritual sencillo: café con panela y conversaciones sin afán
Detrás del cargo hay también un hombre de costumbres simples. Gutiérrez no se declara exigente con la preparación de su café. En su casa siempre hay uno listo, y su momento favorito del día es compartir un tinto negro y cargado con su esposa, antes de salir o al volver del trabajo. En la oficina, confiesa entre risas, pierde la cuenta de cuántas tazas acepta entre reunión y reunión.
Pero el café que más valora, dice, es el que le ofrecen en las fincas: “preparado con panela, muchas veces acompañado de pan”, un gesto que para él representa la hospitalidad de las familias cafeteras que lo han recibido en sus hogares durante años.
Tiene una meta pendiente que no esconde: aprender a catar. “Quiero entrenar el paladar para diferenciar con precisión lo que hace único a un café de Nariño frente a otros orígenes”, explica, convencido de que un director ejecutivo también debe hablar el lenguaje de la calidad, no solo el de la productividad.
Los retos que hereda: minifundio, relevo generacional y rentabilidad
Gutiérrez asume la Dirección en un momento de retos concretos para la caficultura nariñense. El productor promedio del departamento tiene apenas 0,88 hectáreas y gran parte de los cafetales están en ladera, lo que encarece la recolección y absorbe buena parte de los ingresos que genera un café de alta calidad.
A esto se suma una preocupación que el nuevo director menciona sin rodeos, el envejecimiento del campo. Los caficultores de Nariño tienen, en promedio, más de 56 años, y cada vez son menos los jóvenes que optan por quedarse en la actividad. Por eso, entre sus prioridades están la renovación de cafetales envejecidos, una fertilización más técnica, líneas de crédito ajustadas al flujo de caja real de las fincas, y más oportunidades para que jóvenes y mujeres encuentren en el café un proyecto de vida rentable.
Sobre la fortaleza del café nariñense en el mercado mundial, Gutiérrez es claro en que la geografía —altura, suelos volcánicos, clima— no explica todo: “la verdadera diferencia no la hace solamente la montaña, la hacen las manos de las familias cafeteras”, afirma, destacando en particular el papel de las mujeres en la producción y administración de muchos cafetales.
Al sentarse por primera vez en el despacho de Director Ejecutivo, Gutiérrez no pensó de inmediato en anunciar proyectos. Su primera decisión fue revisar a fondo la situación financiera del Comité y reunirse con cada una de las áreas de la institución, para entender procesos, fortalezas y oportunidades antes de trazar el rumbo del gremio.
Al preguntarle sobre cómo quiere que lo recuerden las familias cafeteras de Nariño cuando termine su gestión, Gutiérrez no habla de infraestructura ni de cifras. Habla de cercanía. “Al final, no quiero que me recuerden por la oficina que ocupé, sino por las puertas que ayudé a abrir para las familias cafeteras de Nariño.”, afirma alguien que entiende que detrás de cada taza de café hay una familia trabajadora esperando que el milagro de la tierra les haga justicia con unos precios justos.




