Más consumo energético, mayor responsabilidad con el ahorro

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Por: David Salcedo Castillo

 

Las proyecciones climáticas y los anuncios del gobierno indican que la etapa más intensa del fenómeno El Niño se presentará en diciembre, manteniéndose hasta marzo de 2027. La ventana de tiempo para actuar en esta contingencia es reducida y resulta prácticamente imposible resolver en apenas unas semanas, problemas estructurales que llevan años acumulándose: la crisis financiera del sector energético, la escasez y el alto costo del gas, así como los retrasos en la entrada de proyectos de generación y transmisión de energía eléctrica. Ante esta realidad, el ahorro de energía emerge como una de las soluciones más inmediatas, pero, ¿a quién se le debería exigir mayor compromiso con esta medida?

Cuando una región consume diez veces más energía que otra, la diferencia no se limita a los kilovatios-hora demandados; también refleja brechas en actividad económica, inversión, infraestructura y generación de riqueza. Aunque la demanda energética no explica por sí sola el desempeño económico de una región, sí constituye un indicador indirecto de la intensidad de su actividad productiva, por tanto, las brechas en el consumo de energía eléctrica reflejan, en buena medida, las profundas asimetrías que caracterizan el desarrollo territorial colombiano. En síntesis, allí donde se concentran la industria, el comercio y la actividad empresarial, también se concentra la demanda de energía, contrariamente, donde estas actividades son limitadas, el consumo eléctrico tiende a ser menor. Resulta igualmente llamativo que las exigencias de ahorro energético no distingan entre regiones con niveles de consumo profundamente diferentes, así las cosas, aquellas regiones que demandan más energía deberían dedicar mayor esfuerzo y compromiso institucional para hacer efectivos sus programas de ahorro y alcanzar las metas propuestas.

La equidad en un programa de ahorro energético no significa exigir lo mismo a todos los territorios, sino distribuir los esfuerzos de acuerdo con el peso que cada región tiene en el consumo nacional.

En Colombia la demanda de energía es asimétrica y, entre otros aspectos, tiene una correlación con el PIB de cada región. Los datos regionales permiten observar con claridad esta relación entre actividad económica y consumo energético. A manera de ejemplo y con base en datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE, 2026), Nariño representa el 1.5% del PIB y aproximadamente el 1.2% de la demanda de energía nacional, en contraste con Antioquia cuyo PIB representa el 15% y alrededor del 14% de la demanda nacional. En ambos casos se observa una proporción cercana a diez a uno; Antioquia consume aproximadamente diez veces más energía que Nariño y, su participación en la economía nacional también es cercana a diez veces la de este departamento.

Según datos de XM S.A. E.S.P. (s. f.) durante septiembre de 2026 la demanda nacional de energía se concentró en seis regiones: Bogotá – Cundinamarca con 19.16%; la costa atlántica, distribuida entre Caribe Sol y Caribe con 14.64% y 11.53% respectivamente; Antioquia con 13.80%; Cali-Yumbo y Valle del Cauca con 8.65%; Boyacá con 4.52% y Santander con 4.49%. En conjunto, este primer grupo representa el 76.5 % de la demanda de energía y aproximadamente el 78.5 % del PIB nacional. Un segundo bloque de regiones dentro de las cuales están: Meta con 3.86%, Cesar con 3.41%, Norte de Santander con 2.74%, Tolima con 2.16% y Caldas con 2.09%, que representan en conjunto un 14.26 % de la demanda y, un 10.2 % del PIB nacional.  Finalmente, un tercer grupo de menor consumo donde se ubican regiones como Huila con 1.27%, Cauca con 1.18%, Nariño con 1.08%, Arauca con 1.07 %, Pereira con 0.83% y, Casanare con 0.81%, las cuales, en conjunto consumen 6.54 % de la demanda y representan un 8.5 % del PIB nacional.

Las cifras muestran que el mayor potencial de ahorro energético se encuentra precisamente en las regiones de mayor consumo. Lograr ahorrar en promedio un 10% de la energía en las regiones del primer grupo, las de alta demanda, significaría una disminución aproximada de 7.85%, un porcentaje superior a las necesidades de ahorro que diversos análisis consideran necesarias para enfrentar un periodo crítico. En contraste, en las regiones del tercer grupo, aquellas con demanda cercana al 1% nacional, solamente con un ahorro del 100%, es decir una desconexión total (algo inviable), se conseguiría alcanzar la meta cercana al déficit energético. Aunque cada kilovatio-hora ahorrado en cualquier rincón de Colombia ayuda en la actual contingencia, estas dos situaciones evidencian que una estrategia uniforme de ahorro energético resulta menos eficaz que una focalizada en los grandes centros de consumo, la cual permitiría alcanzar las metas técnicas establecidas para mitigar los efectos de la sequía y alejar el fantasma del apagón.

La discusión sobre el programa de ahorro energético no debería centrarse únicamente en metas nacionales, sino también en responsabilidades regionales diferenciadas. Si tres cuartas partes de la energía del país se consumen en un reducido grupo de regiones, es allí donde las medidas de eficiencia pueden generar los mayores beneficios en el menor tiempo posible. En momentos de riesgo para la seguridad energética nacional, la focalización deja de ser una opción y se convierte en una necesidad técnica.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2026). PIB por departamento. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cuentas-nacionales/cuentas-nacionales-departamentales [dane.gov.co]

XM S.A. E.S.P. (s. f.). Demanda comercial por región. Sinergox. Recuperado el 14 de octubre de 2026, de https://sinergox.xm.com.co/demand/commercial-demand/evolution-commercial-region [sinergox.xm.com.co]

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