Pasto, una ciudad que aprende a soñar en carnaval

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Pablo Emilio Obando A.
Definitivamente existen ciudades que enseñan a sus niños a leer el mundo; hay otras que, además, les enseñan a colorearlo, a cantarlo, a danzarlo y a convertirlo en una obra de arte. Pasto tiene el privilegio de pertenecer a ambas categorías. Su mayor riqueza cultural no está solamente en las carrozas monumentales que deslumbran cada enero, sino también en las manos pequeñas que comienzan a modelar sus sueños, en las voces infantiles que descubren la música y en los pasos de quienes aprenden que la tradición es una herencia que también se crea.
El viernes 23 de octubre, Pasto vivió una de esas jornadas que merecen mucho más que un aplauso pasajero. Más de 4.000 estudiantes de 39 instituciones educativas públicas y privadas se tomaron las calles con comparsas, murgas, danzas, música, color y entusiasmo, durante el Carnaval de la Alegría Estudiantil. Fue una fiesta de la imaginación, un encuentro de generaciones y, sobre todo, una demostración de que nuestra identidad cultural encuentra en las aulas uno de sus mejores refugios y posibilidades de crecimiento.
Los aplausos no cesaban. Cada presentación llevaba consigo horas de preparación, el acompañamiento de los docentes, el compromiso de los rectores, el respaldo de los padres de familia y la ilusión de unos niños que encontraron en las calles un escenario para compartir sus talentos. No contemplábamos únicamente un desfile: asistíamos a una lección colectiva de identidad, convivencia, creatividad y amor por nuestra tierra.
Por ello, merecen un reconocimiento especial la doctora Piedad Figueroa, desde la Secretaría de Educación Municipal; el alcalde de Pasto, doctor Nicolás Toro Muñoz; los directivos docentes, los maestros, las familias y todos quienes hicieron posible esta celebración. Pero el homenaje principal pertenece a los niños, niñas y jóvenes que demostraron que el Carnaval de Negros y Blancos no es solamente una fiesta que se espera cada enero: es una cultura que se aprende, se vive, se transforma y se transmite de generación en generación.
EL CARNAVAL TAMBIÉN DEBE ENTRAR AL AULA
Aquí comienza la reflexión que considero más importante. El Carnaval de la Alegría no debería entenderse únicamente como una actividad recreativa del calendario escolar. Su verdadero potencial consiste en convertirse en el punto de partida de una estrategia pedagógica permanente, capaz de integrar el arte, la historia, la música, la literatura, la danza, la escultura, el modelado, el diseño y la memoria cultural de nuestro pueblo.
¿Qué ocurriría si cada institución educativa de Pasto incorporara en su Proyecto Educativo Institucional (PEI) un componente sólido de formación artística y apropiación del Carnaval? ¿Qué pasaría si los estudiantes pudieran conocer, desde sus primeros años, la historia de nuestra fiesta, las técnicas de elaboración de máscaras, el trabajo de los artesanos, la composición musical, la creación de comparsas y los secretos de la construcción de carrozas?
Estaríamos abriendo las puertas a una educación más cercana a nuestra realidad, más sensible a nuestras raíces y más comprometida con el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas.
Esta propuesta encuentra un aliado natural en PIEMSA, la política educativa municipal que promueve los saberes, la alternatividad y la formación del ser pastuso. Articular el Carnaval con esta apuesta significaría llevar a la práctica una idea fundamental: educar también es reconocer quiénes somos, de dónde venimos y qué podemos ofrecerle al mundo desde nuestra propia identidad.
No se trata de reemplazar las áreas fundamentales del conocimiento, sino de enriquecerlas. Las matemáticas pueden encontrarse con las proporciones de una carroza; las ciencias, con los materiales y sus posibilidades; la historia, con la memoria de las tradiciones; el lenguaje, con la narración de nuestras leyendas, y las artes, con esa capacidad extraordinaria de transformar una idea en una creación compartida.
Así, el Carnaval dejaría de ser una celebración ocasional para convertirse en un laboratorio permanente de aprendizaje.
DEL TALENTO INFANTIL A LAS OPORTUNIDADES DE FUTURO
Existe, además, una dimensión que no podemos ignorar: la económica y laboral.
El Carnaval de Negros y Blancos moviliza conocimientos, oficios y capacidades que van mucho más allá de los días de celebración. Detrás de cada obra hay artistas, escultores, diseñadores, músicos, bailarines, costureros, maquilladores, artesanos, fotógrafos, comunicadores y numerosos trabajadores cuyo talento contribuye a mantener viva esta manifestación cultural.
¿Por qué no comenzar a preparar a las nuevas generaciones para reconocer esas posibilidades? ¿Por qué no ofrecerles espacios de formación artística, técnica y creativa que, con el tiempo, puedan convertirse en proyectos de vida, emprendimientos culturales y oportunidades de empleo?
La cultura no debe mirarse exclusivamente como un gasto ni como un espectáculo para el visitante. También puede ser una fuente de conocimiento, desarrollo económico y dignificación del trabajo. Cuando una sociedad forma a sus artistas, reconoce a sus artesanos y abre oportunidades para sus jóvenes creadores, está invirtiendo en su propio futuro.
Este es uno de los grandes desafíos para la Alcaldía de Pasto y la Secretaría de Educación Municipal: construir una ruta que vincule educación, cultura, creatividad y emprendimiento, en diálogo con los artistas, Corpocarnaval, las universidades, los colectivos culturales y el sector productivo.
Y aquí debe entrar también la empresa privada. Los gremios económicos, las organizaciones empresariales, las fundaciones y las entidades comprometidas con el desarrollo regional pueden convertirse en aliados fundamentales para financiar talleres, respaldar procesos de formación, apoyar materiales y herramientas, reconocer el talento estudiantil y garantizar que estas iniciativas tengan continuidad.
La responsabilidad de preservar nuestra cultura no puede recaer exclusivamente sobre el Estado ni sobre los maestros. Es una tarea compartida que requiere compromiso ciudadano, inversión y visión de largo plazo.
UN CARNAVAL QUE SE VIVA TODO EL AÑO
Nuestro Carnaval de Negros y Blancos, inscrito en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, representa una de las expresiones más significativas de nuestra identidad. Su grandeza reside tanto en la espectacularidad de sus manifestaciones como en la capacidad de reunirnos alrededor de la creatividad, la memoria y el reconocimiento de nuestras diferencias.
Por eso, el Carnaval de la Alegría Estudiantil merece ser entendido como un semillero de artistas, una escuela de ciudadanía y una oportunidad para fortalecer el sentido de pertenencia desde la infancia.
Imaginemos una ciudad en la que los colegios desarrollen proyectos permanentes de creación artística; en la que los niños conozcan a los maestros artesanos; en la que las instituciones educativas compartan sus producciones durante el año; en la que los barrios, las universidades, las empresas y las organizaciones culturales se sumen a una programación que mantenga viva la imaginación colectiva.
Pasto podría convertirse, de esta manera, en un escenario permanente de carnaval: no porque todos los días debamos desfilar, sino porque todos los días tendríamos la posibilidad de aprender, crear, investigar, compartir y celebrar aquello que nos identifica.
La jornada del viernes nos dejó una imagen esperanzadora: miles de estudiantes demostrando que el futuro cultural de Pasto está en buenas manos, siempre que sepamos acompañarlas.
Felicitaciones a la Secretaría de Educación Municipal, a la Alcaldía de Pasto, a los rectores, docentes, padres de familia y a toda la comunidad que hizo posible esta maravillosa celebración. Y, especialmente, gracias a nuestros niños, por recordarnos que la tradición no envejece cuando encuentra nuevas manos dispuestas a recrearla.
El desafío ahora es transformar el entusiasmo en política educativa, la celebración en formación y el talento en oportunidades.
Porque el Carnaval no comienza el 2 de enero ni termina el 6. Comienza mucho antes, cuando un niño descubre que puede dibujar un sueño, darle forma con sus manos, convertirlo en música o hacerlo bailar frente a su ciudad.
Pasto tiene la tradición, tiene el talento y tiene la imaginación. Hagamos de la educación el camino para que el Carnaval sea, durante todo el año, una escuela de identidad, creatividad, trabajo y esperanza.

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