Abelardo gana la primera vuelta, pero Nariño vuelve a marcar distancia con el país

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Con el 99,62 % de las mesas informadas a nivel nacional, Abelardo De la Espriella se ubica primero en la elección presidencial. Sin embargo, en Nariño el panorama fue radicalmente distinto: Iván Cepeda obtuvo más del 68 % de los votos y confirmó que el departamento sigue siendo uno de los territorios más fuertes del petrismo.

Colombia amaneció políticamente dividida. Con el 99,62 % de las mesas informadas, según el reporte de la Registraduría Nacional publicado este 31 de mayo de 2026 a las 6:03 p. m., Abelardo De la Espriella aparece como el candidato más votado de la primera vuelta presidencial, con 10.328.955 votos, equivalentes al 43,73 %.

En segundo lugar se ubica Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico, con 9.664.594 votos, para un 40,91 %. La diferencia entre ambos confirma una elección cerrada, marcada por la polarización y por la concentración del voto en dos proyectos políticos claramente enfrentados.

Aunque Abelardo gana la primera vuelta, los resultados muestran que no alcanza el 50 % más uno requerido para imponerse definitivamente en esta jornada electoral. El país queda así encaminado a una segunda vuelta entre dos candidaturas que representan visiones opuestas: de un lado, el discurso de seguridad, autoridad y ruptura con el actual Gobierno; del otro, la continuidad del proyecto progresista que ha tenido fuerte respaldo en varias regiones del país.

La tercera posición fue para Paloma Valencia, quien obtuvo 1.634.817 votos, equivalentes al 6,92 %. Su resultado confirma una de las tendencias que se venían anticipando: la derecha tradicional no logró consolidarse y buena parte de ese electorado terminó migrando hacia Abelardo De la Espriella, quien capitalizó el voto más duro contra el petrismo.

Nariño votó distinto: Cepeda ganó con amplia ventaja

Mientras el país puso a Abelardo en el primer lugar, Nariño volvió a votar mayoritariamente por el Pacto Histórico.

Con 3.853 mesas informadas, equivalentes al 98,76 % del departamento, y una participación de 696.286 votantes, Iván Cepeda obtuvo en Nariño 468.710 votos, que representan el 68,41 % de la votación departamental.

El dato confirma lo que Página 10 había anticipado en su análisis previo: Cepeda no sería sorpresa en Nariño. El departamento ya venía mostrando una clara inclinación hacia el petrismo desde la elección presidencial anterior y en las más recientes contiendas legislativas. Por eso, su triunfo regional no aparece como un fenómeno inesperado, sino como la continuidad de una tendencia política consolidada.

Nariño volvió a enviar un mensaje propio. Mientras buena parte del país se inclinó por una opción de derecha fuerte, el departamento reafirmó su cercanía con el proyecto progresista, especialmente en sectores rurales, populares, comunitarios, sociales y territorios donde el discurso de cambio, paz y justicia social mantiene influencia.

La sorpresa fue Abelardo, no Cepeda

La lectura electoral de Nariño tiene dos caras. La primera es la fuerza de Cepeda, que se esperaba por el comportamiento histórico reciente del departamento. La segunda es el crecimiento de Abelardo De la Espriella, quien logró convertirse en el principal referente de la oposición nacional y desplazar a Paloma Valencia como figura central de la derecha.

La publicación previa de Página 10 lo planteaba con claridad: “Cepeda no sería sorpresa en Nariño; Abelardo sí podría mover el tablero electoral”. Los resultados nacionales parecen confirmar esa hipótesis. Abelardo no solo movió el tablero: lo reorganizó.

Su campaña se benefició de una contienda donde el centro político se debilitó y donde la elección terminó convirtiéndose en una disputa entre dos polos. La moderación perdió espacio frente a discursos más definidos. En ese escenario, Paloma Valencia no logró cautivar con la fuerza esperada al elector de derecha y los votos que fue perdiendo terminaron fortaleciendo a Abelardo.

Lo cierto es que la primera vuelta confirmó el diagnóstico: el centro quedó disminuido, Paloma no logró consolidar su espacio y la disputa presidencial quedó concentrada entre dos proyectos antagónicos. En esa polarización, Nariño ratificó su respaldo progresista, pero también quedó conectado a una contienda nacional en la que Abelardo De la Espriella llega fortalecido y con la primera opción electoral del país.

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