Carlos Gaviria honró la profesión de abogado y jurista

Sin duda, en los últimos 25 años, paralelo con la expedición de la Constitución de 1991, Carlos Gaviria honró la profesión de abogado y jurista. Combinó la docencia en la Universidad de Antioquia, primero, con su incorporación a la Corte Constitucional, luego.

Fue una talanquera incorruptible de dignidad y decencia, en un país que ha perdido ambas, en alto grado, sobre todo, en las clases medias y sectores gobernantes. En particular, le puso tatequieto a los desmanes de la década infame, llamándole la atención con vigor a quien fuera uno de sus alumnos, Álvaro Uribe Vélez, uno de los protagonistas más oscuros, a la vez que visible de “la década infame”, el periodo que transcurrió entre el año 2000 y el 2010.

Carlos como liberal y socialista que fuera, en la línea de pensamiento de Jorge Eliécer Gaitán, nunca permitió confundir el delito político y el terrorismo, y por eso se opuso al tratamiento que se le dio y se le da a las organizaciones subversivas. En esos términos hizo posible que se sentaran bases para la negociación de paz actual, y las que siguen. Mientras que otros, obraron como calanchines del orden establecido, y mandaderos de las imposiciones del orden imperial.

Un perfil

Escéptico de la política, sin embargo, aceptó el desafío de ser candidato del PDA para enfrentar los efluvios autoritarios de AUV, y consiguió la más alta votación, quedando segundo en elecciones presidenciales, y relegando a un liberalismo descolorido, comparsa del orden de la seguridad autoritaria, a un tercer lugar. Tragedia que aún lo mantiene como un segundón de la oligarquía nacional.

Carlos, como cualquier ser humano tenía defectos, pero en el inventario de una vida, estos potencian sus virtudes como maestro, como jurista integérrimo y como político honesto. Tres cualidades que muy pocas veces se encuentra en la Colombia de hoy. Nos plantea a los que estamos vivos el compromiso de transformar al país librarlo de la guerra, avanzar en la construcción de una verdadera democracia, y darle consistencia a la promesa incumplida del Estado social de derecho, el goce de la igualdad social sin exclusiones y el desmonte de los privilegios.

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