Colombia no está preparada para la paz

Buenos Aires, 16 de Noviembre de 2014

Independientemente del sentimiento que genere entre locales y nacionales, el historiador y pensador nariñense José Rafael Sañudo presentó en su momento una tesis que el tiempo puede resultar validando.  Sañudo afirmaba que aún no era el tiempo de iniciar la lucha por la independencia porque no estábamos preparados para asumirla y menos para afrontar lo que vendría después. Con o sin razón, lo que ha venido posteriormente no es alentador. Para ser más simple el asunto y haciendo un guiño a las lecturas latinoamericanistas sobre la independencia, Simón Bolívar también tuvo razón al avizorar que el proyecto emancipatorio de los pueblos latinoamericanos iba a quedar inconcluso. Era evidente, aún no estábamos listos; a lo que nos enfrentábamos en aquel entonces iba más allá de los cañones y bayonetas españoles; nos enfrentábamos a un nuevo orden: al sistema geo-político mundial moderno configurado en torno a la economía capitalista. Y esto, aquellos luchadores populares de los pueblos originarios, afrodescendientes y mestizos no lo vieron venir con claridad. Y desde entonces, unos pocos ‘privilegiados’ e indolentes se aprovecharon de esto y hoy son los dueños del país y nuestros gobernantes, quienes, sin duda, continúan oprimiéndonos.

Después de más de 200 años, aún con el proyecto de emancipación de nuestros pueblos inconcluso, estoy convencido de las serias dificultades que afrontamos para hacer la paz. Realmente considero que no estamos listos para hacerla y tampoco sabremos qué hacer si está, algún día, llega.

No puedo dejar de pensar que esta paz es el ‘caballo de batalla’ de los poderosos y opresores; que esta paz que es más un discurso que una práctica; que esta paz de papel, en un país en que la ley se hace para violarla, no será la paz sino otra de las formas de seguirnos engañando en medio de la carencia, como hasta ahora. Todos los gobiernos de este país han sido continuadores de un proyecto sistemático de incremento de la pobreza, la violencia, la injustica, la corrupción y la destrucción de la vida.  Las/os legisladoras/es siguen siendo el peor testimonio de impunidad y corruptela del país y del mundo, al igual, que las/os jueces, que por estos días están asaltándonos en nuestra buena fe, sin atisbo de vergüenza.

Tampoco dejo de pensar que los jefes guerrilleros, paramilitares y de las bandas criminales exijan –soberbiamente–  justicia transicional, participación política, perdones y olvidos y sigan imponiendo el miedo como forma de control y dominio en las zonas más pobres y vulnerables de la región y del país.

Y no quiero dejar de pensar que esta paz no se hace en La Habana; se hace en la casa, en el trabajo, en la escuela, en la calle, se hace en cada gesto, en cada mirada, en el saludo amable, se hace en lo cotidiano de la vida; que esta paz nos incumbe a todas/os, pero nos hacemos las/os indiferentes o las/os ‘vivos/as’ cada vez que se presenta la oportunidad de hacerlo;  que esta paz pasa por la honestidad y el respeto en el día a día, en las pequeñas cosas, en los ínfimos detalles. También somos soberbias/os. Estamos en el ‘sálvese quien pueda’ y así no se puede.

Me preocupa que estemos en medio de un nuevo reparto del país como hace 200 años y no puedo pensar esperanzadamente; porque de ese reparto, a los pobres, incluidos aquellas/os que dejarán las armas, sólo nos quedará una palabra vacía: la paz.  Lo que, espero, sea suficiente para que reinterpretando a Sañudo digamos que ya estamos listos para levantarnos en contra de todas las formas de opresión y manipulación, y que Bolívar, a pesar de sus desmanes, vea que las/os nariñenses se levantan para hacer posible el proyecto emancipador de nuestros pueblos.

Fernando Palacios Valencia

@FerPaval

Posdata. Interrogo que la inversión multimillonaria que el actual gobierno y las autoridades locales se vanaglorian de haber ejecutado no se refleje en la prosperidad  de la región y de la ciudad. Más infraestructura, más asfalto y a la vez, más pobreza, más violencia, más desempleo y por si fuera poco, según el DANE,  más inseguridad que en el resto de las ciudades del país. Así no podemos.

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