No hay ningún colombiano sensato que no esté a favor de una paz legítima y totalmente en contra de la corrupción rampante. En ello no hay duda, incluyendo al mismo ‘uribismo’ y sus más recalcitrantes integrantes. El meollo del asunto es que estos temas han sido ‘utilizados’ de forma descarada para ejercer actos de competencia política desleal y también lo que se llama vulgarmente como ‘politiquería’.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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