Doble calzada Pasto-Popayán: un obra fantasma

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Por: Pablo Emilio Obando A.
Durante los últimos días, las redes sociales en Nariño se han llenado de entusiasmo. Fotografías, mensajes de celebración, titulares optimistas y comentarios que anuncian —casi con tono triunfal— el inicio de la doble calzada Pasto–Popayán. Para muchos ciudadanos pareciera que, por fin, el departamento de Nariño entra en la senda de las grandes obras de infraestructura que históricamente le han sido esquivas.
Sin embargo, detrás de ese entusiasmo colectivo se esconde una verdad mucho menos alentadora: la doble calzada Pasto–Popayán, sencillamente, no existe.
Ni en documentos oficiales, ni en licitaciones, ni en cronogramas de obra aparece una doble calzada que conecte el territorio nariñense con el Cauca bajo ese nombre. Lo que realmente se ha anunciado es la licitación de la doble calzada entre Popayán, Timbío y El Estanquillo, un proyecto importante, sí, pero que se desarrolla exclusivamente dentro del departamento del Cauca.
Celebrar esta obra como si fuera un triunfo para Nariño es, en términos simples, celebrar una boda ajena. Así de sencillo.
Por supuesto, nadie discute que la construcción de infraestructura en el Cauca sea positiva. Nos alegra profundamente que el departamento vecino reciba inversiones de gran magnitud. Una doble calzada significa empleo, dinamización económica, competitividad y mejores condiciones logísticas. Todo eso es necesario y justo para el Cauca. Pero también es necesario decir la verdad: esa obra no llega a Nariño.
El proyecto termina en Popayán, como han terminado tantas promesas históricas de infraestructura en el sur del país. Allí se detiene el progreso que se anuncia con tanto entusiasmo desde el centro del país. Allí se corta, una vez más, la ilusión de una conexión moderna para el departamento de Nariño.
No es la primera vez que ocurre. La historia de la infraestructura en el sur de Colombia parece repetirse con una precisión casi dolorosa: las grandes obras llegan hasta Popayán y allí se detienen. Pasó con el poliducto. Pasó con múltiples proyectos estratégicos. Y hoy vuelve a pasar con esta doble calzada.
Mientras el Cauca se prepara para recibir una obra que fortalecerá su economía y atraerá inversión, Nariño observa desde la distancia, como el vecino que contempla cómo en la casa de al lado levantan dos o tres pisos nuevos mientras la suya sigue siendo una vivienda envejecida y frágil.
La metáfora es dura, pero describe bien la realidad: nos alegramos por el progreso del vecino mientras nuestra propia casa continúa deteriorándose.
Y lo más preocupante es que esta situación parece haber sido maquillada por la repetición constante de mensajes en redes sociales. A fuerza de repetirse, la idea de que “la doble calzada Pasto–Popayán ya es una realidad” terminó convirtiéndose en una especie de eslogan colectivo. Muchos lo celebran sin detenerse a revisar qué dice realmente el proyecto.
La pregunta que queda en el aire es inevitable:
si el gobierno central afirma querer tanto al sur del país, por qué no iniciar la doble calzada desde Pasto hacia el norte, en lugar de hacerlo desde Popayán hacia el sur. ¿Por qué, una vez más, el progreso se detiene antes de cruzar la frontera del departamento de Nariño?
Sin doble calzada, sin vías 4G, sin anuncios concretos de inversión estructural, Nariño sigue enfrentando enormes desventajas competitivas. Las empresas que podrían instalarse en el territorio encuentran dificultades logísticas. Los costos de transporte siguen siendo elevados. La conectividad continúa siendo precaria frente a otras regiones del país. Y mientras tanto, celebramos.
Celebramos una obra que no se construirá aquí. Celebramos un desarrollo que se quedará en otro departamento. Celebramos una infraestructura que solo beneficia a Nariño cuando ya hemos salido de su territorio.
Tal vez lo que hace falta no es más propaganda, sino más lectura crítica. Más capacidad para distinguir entre lo que realmente se ha logrado y lo que simplemente se repite en redes sociales hasta convertirse en una ilusión colectiva.
Porque, por ahora, la verdad es simple y contundente: La doble calzada Pasto–Popayán no existe. No hay licitación. No hay contrato.
No hay recursos asignados. Ni siquiera hay un proyecto claro en el papel.
Y si nada cambia, el departamento de Nariño podría seguir esperando otros 40, 50 o 60 años para ver una obra de esta magnitud atravesando su territorio.
Ojalá algún día dejemos de celebrar los progresos ajenos y podamos, por fin, inaugurar los propios. Analicemos, con nuestras limitaciones, el desarrollo de la obra y su nula incidencia vial en territorio nariñense :
Al revisar con detenimiento los mapas oficiales del proyecto vial presentado para el corredor sur de la Carretera Panamericana, aparece una realidad que contrasta con el discurso político que durante años ha hablado de una supuesta doble calzada entre Pasto y Popayán.
La imagen del proyecto es contundente: la doble calzada no llega a Nariño. En realidad, toda la infraestructura moderna proyectada se concentra exclusivamente en el departamento del Cauca.
El esquema técnico muestra varios tramos de intervención. El primero es la Variante Occidental de Popayán, con 15,6 kilómetros, donde se plantea rehabilitar la calzada existente y construir una segunda calzada. Es decir, una ampliación completa para mejorar la movilidad alrededor de la capital caucana.
Más adelante aparece el tramo Popayán – Timbío, de 11,2 kilómetros, también con construcción de segunda calzada y mejoramiento de la vía actual, consolidando una doble calzada continua entre estas dos poblaciones del Cauca.
El proyecto continúa hacia el sur con el tramo El Estanquillo – Timbío, de 74,4 kilómetros, donde ya no se habla de doble calzada sino simplemente de rehabilitación de la vía existente y atención de puntos críticos. Es decir, mantenimiento y mejoramientos sobre la carretera actual.
Adicionalmente, el esquema incluye una variante entre El Estanquillo y Timbío, de aproximadamente 62,4 kilómetros, donde sí se contempla doble calzada en algunos segmentos nuevos. Este trazado bordea zonas de alta complejidad geográfica cerca de poblaciones como El Bordo y Rosas.
Las cifras de infraestructura son impresionantes: el proyecto contempla 14 túneles nuevos, 116 puentes vehiculares, 12 puentes peatonales y 5 intersecciones a nivel y desnivel, además de un peaje.
Sin embargo, el dato más revelador es también el más incómodo: todo este despliegue de ingeniería termina en el sector de El Estanquillo.
Desde ese punto hacia el sur, es decir hacia Nariño, el proyecto simplemente desaparece. No hay doble calzada, no hay variantes, no hay túneles ni grandes puentes proyectados.
En otras palabras, mientras el Cauca recibe ampliaciones, nuevas calzadas y grandes obras de infraestructura, Nariño sigue dependiendo de la misma carretera estrecha, frágil y vulnerable que ha existido durante décadas.
La evidencia cartográfica desmonta así una narrativa que se ha repetido muchas veces en discursos oficiales: la supuesta doble calzada Pasto–Popayán. Lo que realmente existe es un proyecto Popayán–El Estanquillo, completamente dentro del Cauca.
Más allá del lenguaje técnico, el mapa dice lo que muchos en el sur del país ya intuían: la modernización de la vía Panamericana se detiene antes de llegar a Nariño.
Y allí, justamente en ese límite invisible del mapa, es donde comienza la verdadera carretera hacia el sur: una vía estrecha, sinuosa y olvidada, que sigue esperando una obra que, por ahora, solo existe en los discursos.

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