En política, a veces el primer golpe es de orgullo y el segundo de cálculo. Y eso es, más o menos, lo que está pasando con el Decreto 1474 del 29 de diciembre de 2025, la medida del Gobierno Nacional que subió el IVA de varios licores del 5% al 19% y ajustó con fuerza el impuesto al consumo, en medio de la emergencia económica.
1) La rebeldía: cuando los gobernadores dijeron “hasta aquí”
El arranque fue un frente común. Gobernadores de diferentes orillas —incluido el de Nariño, Luis Alfonso Escobar— levantaron la voz por lo que consideran un golpe directo a las finanzas departamentales: más impuestos al licor y al tabaco, pero con un componente que enciende todas las alarmas: parte del recaudo adicional no se quedaría en los departamentos, sino que pasaría al Presupuesto General de la Nación, reduciendo el margen de maniobra regional.
La preocupación no es abstracta: en departamentos como Nariño, esas rentas sostienen buena parte de lo básico —salud, educación, deporte— y cualquier caída del consumo legal, o un salto del contrabando, puede traducirse en menos plata real en caja.
2) El llamado de atención: Raúl Delgado entra a “ordenar la casa”
En medio de ese pulso, apareció una voz con peso simbólico en Nariño: Raúl Delgado, exgobernador y hoy funcionario del Gobierno Petro. En público, Delgado le pidió al gobernador Escobar que atendiera la invitación de MinHacienda “con espíritu constructivo”. El mensaje sonó a conciliación, pero también a línea interna: bajar el tono y sentarse a negociar.
En términos simples: ahí se notó que la “unidad” del progresismo pesó más que la unidad del territorio. El llamado de Delgado fue la señal de que, antes que sostener una posición firme por Nariño, se priorizó cuidar la relación con el Gobierno Nacional y su narrativa, aunque eso implicara bajar la guardia en una discusión donde el departamento puede terminar perdiendo. La coherencia también se pierde cuando la defensa del proyecto político se pone por encima de la defensa concreta de los intereses regionales.
3) El giro: Escobar acepta la medida… y cambia el lenguaje
Y entonces vino el giro. El gobernador, sin renunciar al discurso de defensa territorial, se mostró de acuerdo con que el impuesto recaiga sobre licor y no sobre bienes básicos, y planteó que el camino es técnico: medir quién pierde y quién gana y, si hay perdedores, compensarlos. Esa postura quedó reflejada en comunicaciones recientes de la Gobernación sobre mesas técnicas para evaluar el impacto diferencial del decreto.
En su mensaje, Escobar insistió en algo clave: Nariño “aporta” a resolver la situación fiscal nacional, pero no se puede abrir un hueco fiscal departamental —porque el golpe lo termina pagando el territorio.
4) La compensación: la promesa que suena bien… pero no garantiza que Nariño no pierda
Aquí está el punto delicado. Sobre la mesa circula la idea de una “compensación” y de planes de control al contrabando, e incluso medios económicos han recogido la tesis de que la Nación cubriría eventuales pérdidas.
Pero en Nariño la pregunta es más cruda: ¿compensación de qué tamaño, cuándo y con qué reglas? Porque el riesgo es evidente: si el impuesto sube demasiado, el consumo legal puede bajar, el contrabando puede crecer —más aún en zona de frontera— y lo que parecía un aumento de recaudo puede terminar siendo un boomerang.
En otras palabras: la compensación suena esperanzadora en el discurso, pero no elimina la posibilidad de pérdidas reales para los departamentos y, en especial, para Nariño.
Entre Petro y Nariño, ¿quién ganó?
Sectores críticos ya lo resumen sin rodeos: “entre Petro y Nariño, ganó Petro”. Lo dicen porque interpretan que el gobernador pasó de la rebeldía regional a una postura de “acompañamiento” al Ejecutivo, apostándole a un salvavidas llamado compensación.
La historia dirá quién tuvo razón. Pero hay una idea que hoy recorre el debate con fuerza en el departamento: un gobernador está para proteger los intereses del territorio, incluso cuando eso implique tensiones con el Gobierno Nacional. Cuando la ideología coyuntural se impone sobre el bolsillo regional, el que pierde no es un partido: pierde la gente.




