“Ipiales, levántate y clama por justicia”: el grito de una hija que no olvida

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Hoy, en medio del frío andino que envuelve las montañas del sur, la voz de Ana Tepud se alza con fuerza, no solo para honrar la memoria de su padre, Julio Tepud Yandún, asesinado en 2012, sino para reclamar justicia por las 23 muertes violentas de taxistas formales e informales que marcaron un año oscuro en la historia de Ipiales.

A doce años de esos hechos, el mensaje de Ana trasciende lo personal y se convierte en un clamor colectivo frente a una realidad que, según denuncia, no ha cambiado, sino que ha empeorado.

“Ipiales, una ciudad olvidada, que solo cuenta cuando hay elecciones, hoy se encuentra en un momento crítico. La inseguridad y la violencia han tomado nuestras calles”, escribe en un emotivo texto difundido este jueves, fecha del aniversario luctuoso de su padre.

Una ciudad marcada por la violencia

Ipiales ha sido históricamente un municipio estratégico por su condición de ciudad de frontera. Pero esa misma posición geográfica la ha convertido en un corredor codiciado por redes del crimen organizado, contrabando y estructuras armadas ilegales.

La ciudadanía, especialmente los sectores populares, lleva años denunciando la falta de presencia real del Estado, una Fiscalía sin respuestas efectivas y una ausencia de políticas diferenciales para el control de la frontera.

“Señor Presidente de la República de Colombia, es hora de que se implementen políticas de frontera binacional para parar la delincuencia y los grupos al margen de la ley”, exige Ana Tepud.

Su llamado no es aislado. Diversas organizaciones sociales de Ipiales y gremios de transportadores han venido alertando sobre la creciente sensación de inseguridad, mientras crecen los casos de homicidios, extorsiones y amenazas, muchas veces sin que se avance en las investigaciones.

Una memoria que resiste

La historia de Julio Tepud Yandún, como la de muchos otros ipialeños asesinados en circunstancias violentas, permanece sin justicia. Ana lo recuerda como un trabajador incansable y un hombre de familia, víctima de un contexto donde —como ella misma afirma— “los vientos del sur ya no soplan con fuerza porque en Ipiales se vive con zozobra”.

Este 2026, su mensaje se convierte en una radiografía emocional y política de una ciudad que no quiere acostumbrarse a la impunidad.

“A mi padre y a todas las víctimas de la violencia, les digo que no los olvidamos. Su memoria seguirá viva en nuestros corazones y en nuestra lucha por una Ipiales más segura y próspera”.

El llamado a la acción

La voz de Ana Tepud es un reflejo del agotamiento colectivo, pero también de la esperanza que aún persiste en muchas familias que se rehúsan a resignarse. Desde Ipiales se vuelve a clamar por seguridad, por justicia real, por políticas que entiendan la complejidad de vivir en la frontera.

“No podemos seguir viviendo con miedo y viendo cómo nuestra ciudad se deteriora. Es hora de unirnos y clamar por un cambio”.

El mensaje es claro. No es solo una conmemoración. Es una denuncia. Es una exigencia. Y, sobre todo, es una invitación a que Ipiales no baje la cabeza ante la violencia.

Porque, como lo dijo Ana:
¡Ipiales, levántate y clama por justicia!

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