Los griegos de hoy, reinventan la democracia

“Acabar con cinco años de humillación y dolor”. Alexis Tsipras, Syriza, nuevo primer ministro de Grecia.

A la coalición que forme, en estos tres días, Syriza con “El Río (To Potamo)”, el cuarto grupo más votado con 17 escaños, le corresponderá renegociar el pago del rescate de US $269.000 millones, dispuesto por la troika formada por UE, FMI y BCE.

Hoy lunes estarán reunidos en Bruselas, con las voces entristecidas de Jean Claude Juncker, y Jeroen Dijsselbloem. Se hablará sobre la redefinición del rescate griego, y, a propósito de la compra de activos públicos y privados, y las letras a 3 y 9 meses, que sacará al mercado el Banco Central Europeo.

Están son las primeras reacciones producidas por el triunfo electoral del exalcalde de Atenas, Alexis Tsipras, un excomunista, y el partido Syriza, que ya había obtenido por Grecia el mayor número de parlamentarios, 6, en las pasadas elección europeas del 2014, donde también avanzó “Podemos”, otra agrupación de la izquierda radical.

Ambas han incorporado en su dirección y programa la democracia efectiva, participante, así como pluralidad, combinada con elementos, claro está, de representación política; pero alejadas ya estas formaciones de nuevo cuño del centralismo democrático de cuño leninista.

Los ciudadanos convocados fueron 9.8 millones, y quedaron algo más de 100.000 jóvenes sin participar, por no haber acreditado sus documentos oportunamente. De lo contrario, es probable, que con su voto, Syriza no hubiera necesitado de construir la coalición con la organización To Potamo, que comparte con ella el rechazo a la austeridad que ha inmiserado más a la clase media, y a los trabajadores y campesinos griegos.

Cifras cuasi finales

El triunfo lo obtuvo Syriza con el 36,34 % (149), incluidas las 50 sillas que se dan a la lista ganadores, para hacer posible organizar el nuevo gobierno, Lo siguió Nueva Democracia, con 27,81 % (77). Lo siguió Amanecer Dorado, 6,28 (17), cuyo dirigente Mijaloliakos, está en la cárcel de Atenas, por su propaganda pro-nazi, y desde allí orientó a su colectividad.

Después quedó To Potami con 6,05 (17), seguido del Partido Comunista, KKE con el 5,47 % (15), que rechazó cualquier coalición, y el PASOK con el 4,75 (13). Este último fue el gran derrotado, junto con el movimiento de los socialistas independientes de el ex primer ministro Papandreu que apenas obtuvo el 2,45%, quedando por fuera del parlamento heleno.

Esta vez, Syriza invirtió el resultado que había cosechado en 2012-2014, cuando consiguió 71 puestos, y le ganó Nueva Democracia de Samaras, ahora la derrotada.

La historia de Syriza, que hoy se presenta como partido arrancó como una coalición de izquierda, formada por 13 grupos y políticos radicales. Estos conformaron en 2001, un “Espacio para el diálogo”, para responder a la afrenta de la guerra del Kosovo, al desmantelamiento de los derechos sociales, y a la diarrea de las privatizaciones en cadena.

La primera participación electoral promisoria se dio en 2004, y ya como Coalición de Izquierda Radical, en 2007, consiguió un sorpresivo 5, 04 %, 14 sillas en el parlamento. Luego dio el gran salto, pasando a ser la segunda fuerza de Grecia. Y apenas el año pasado anticipó su triunfo, al ganar el mayor número de escaños en la UE por su país.

La cuarta onda democrática

Es la primera vez, después de la caída del dictador Ioanis Metaxas, que una fuerza de izquierda, luego de la masacre partisana del fin de la II Guerra Mundial, y la traición de Stalin, en el nuevo reparto del mundo, logra el gobierno, dejando a un lado la claudicación de la social-democracia europea, y la griega, en particular, arrodillada a los dictados coaligados de Berlín, Bruselas y Washington.

Es la punta de lanza de un nuevo polo, de izquierda democrática radical, donde tienen cabida casi todas las tendencias, y que puede hermanar pronto a triunfos posibles en España, e Italia, dándole empuje a una nueva cuarta ola democrática.

Esto ocurre luego de la onda larga que tuviera su arranque al comienzo de los años 60, y que el neoconservador Huntington y sus asociados bautizaron con el inri de “crisis de gobernabilidad” en los 70. Esta vez el cuento es otro, y tiene a las multitudes saliendo del coro y ocupando el proscenio de la gran política.

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