Los retos de la educación en Nariño

Las estadísticas pueden ser una manera verosímil de mentir, ocultar, exagerar y hasta de generar pánico, con lo cual no digo que también aportan, eso sí, como lo dijo Lowell hace más de un siglo:   «las estadísticas, como algunos pasteles, son buenas si se sabe quién las hizo y se está seguro de los ingredientes». Por eso se plantea la necesidad de hacer un análisis más allá de las cifras de la educación básica y media en Nariño y en Colombia.  Si reconocemos que los resultados de las pruebas Saber, Saber 11º y Saber-Pro son sólo un dato más, una de las variables en el complejo entramado de relaciones que se dan en el contexto educativo —y no la razón de ser de las instituciones educativas— podríamos estar a portas de asumir otros retos, los otros retos que no pueden reducirse a un promedio o a un ranking.

 

Antes de pasar a los otros retos de la educación en Nariño, no quisiera dejar de decir que si nos adherimos exclusivamente a la lógica de los resultados de las últimas pruebas Saber 11º, para el Calendario A, todas las secretarias de educación deberían estar preocupadas porque los resultados ‘en promedio’ son mediocres. Y, sin embargo, las/os rectores de algunas instituciones, las/os secretarios de educación de algunos municipios y departamentos y algunas/os alcaldes y gobernadores evidencian un supuesto triunfo,  porque las cifras dan cuenta de un mejor promedio con respecto del año anterior. No cabe duda, el uso de estos resultados puede hacernos creer en algo que estamos lejos de alcanzar. Por eso deseo plantear otros retos educativos, que se alejan de las formas por las cuales el sistema continúa perpetuando su poder hegemónico, que distan de las formas de homogeneización y de la ilusión de ‘los resultados promedio’.

 

Investigar para cuestionar y crear redes

 

Cada centro educativo, rodeado de múltiples complejidades, permitiría un abordaje investigativo de diversas disciplinas y saberes que cualificaría la mirada y agudizaría el pensamiento para cuestionar las formas en las que se reproducen los procesos educativos encaminados a sostener la relación dominante/dominado. Por esto, es superlativo, comprometerse con procesos de investigación que permitan la revisión permanente de este accionar en los diversos contextos, particularmente en aquellos en los que la situación es más crítica. Para esto es fundamental crear equipos interdisciplinares de trabajo que estén lo suficientemente apasionados por acercarse a la realidad para comprenderla; ésta forma de investigación exige, sobre todo,  la incorporación de un análisis que tenga en cuenta el conjunto de intervenciones sociales del Estado dirigidas particularmente a los sectores subalternos, pues es en estos sectores donde el poder dominante ejerce con mayor fuerza su influencia, haciendo de su discurso una verdad ineludible, interviniendo los más mínimos detalles de la cotidianidad de dichos sectores. Las investigaciones que tengan por objeto los procesos educativos no pueden desconectarse de las condiciones de desigualdad social en las que viven los sujetos, y de cómo estos procesos pueden o no continuar legitimando y reproduciendo esa desigualdad.

 

En este sentido, es importante reconocer que en Nariño y en Colombia algunas universidades y centros de investigación han venido realizando procesos educativos que proponen otras formas de educar. Estos procesos han requerido enormes esfuerzos y continuas confrontaciones, que han privilegiado la posibilidad de una construcción colectiva y permanentemente revisada de los mismos, de modo, que al margen de la necesidad de responder a estos marcos normativos, han obtenido significativas transformaciones, críticamente resistentes ante las formas de reproducción hegemónica.  Nariño debe revisar estos esfuerzos localizados y crear redes de apoyo y cooperación regional, que visibilicen y viabilicen estas nuevas experiencias de transformación eco-social.

 

Transformar desde la cotidianidad

 

Gramsci planteaba en su momento que  la conciencia del niño no es algo puramente individual, sino que es el reflejo de la fracción de la sociedad civil en la que el niño participa, y que, la conciencia individual de la mayor parte de los niños refleja relaciones civiles y culturales diversas y antagónicas con respecto a las que están representadas en los programas escolares, que por lo general se encuentran fosilizados y anacrónicos, por ello, la unidad entre escuela y vida es un supuesto escindido. Este planteamiento, compaginado con el cuestionamiento central de esta columna, nos reta, a quienes asumimos la responsabilidad de llevar a cabo un proyecto educativo institucional o un proyecto etnoeducativo comunitario, a despojarnos de las ataduras que trae el construir desde y no para, es decir, estos proyectos deben dejar de ser una tarea previa de un equipo de trabajo que responde normativamente a unos parámetros preestablecidos a ser una construcción colectiva, dinámica y permanente que posibilite la revisión, reevaluación y reformulación de esos parámetros.

 

Para esto es indispensable construir desde la cotidianidad en la que está inserto cada centro educativo; este reto, no puede prescindir del anterior, porque es, precisamente, agudizando la mirada (investigando) sobre los resquicios de lo cotidiano en la escuela, en esos tiempos y lugares del acontecer simultáneo, donde realmente encontramos que ese conjunto de niños, niñas y jóvenes no caben en unos parámetros estandarizados y normalizados de homogeneidad en la diversidad. Atender a la diversidad, no puede hacerse homogeneizando el modelo educativo tal como lo propone el Estado, para transformar desde la diversidad es necesario volver a lo cotidiano, y desde allí, transgredir el modelo preestablecido y construir unos nuevos que posean la capacidad de rehacerse y retroalimentarse permanentemente, que no se consideren nunca acabados, sino por el contrario, que estén siempre atentos a no terminar convirtiéndose en “el modelo”,  incuestionado e inalterable que, finalmente, termine reproduciendo aquello que una vez cuestionó.

 

No podemos seguir interviniendo la realidad de forma vertical a partir de proyectos de un alto contenido académico, con unos propósitos predefinidos, con un “perfil” prediseñado.  Es en la escala de lo cotidiano, donde de manera permanente los sujetos particulares (maestros, estudiantes, familias, productores, sabedores, todos) se apropian y hacen suyas las formas de “control” del poder hegemónico. Estas formas traducidas en prácticas educativas pueden constituirse en una apropiación que se rebela, la escuela constituye una “realidad rebelde”, dice Elsie Rockwell, producto de una construcción social y no de una deducción de realidades universalmente constituidas. No es posible que sigamos dando respuestas tan poco originales frente a unas realidades tan ricas, diversas y dinámicas.

 

Finalmente, traigo esta cita de Díaz de Rada,  que sintetiza los retos que propongo para la educación en Nariño, puede pasar por utópica, pero también entiéndase como una necesidad y como algo posible si alguno de nuestros gobernantes decide impulsarlo olvidando por un eterno momento la fuerza avasallante de las cifras:

 

«Es prioritario trabajar por una escuela más clara en sus fines institucionales, o sea, más transparente para esos ciudadanos que acuden a ella a diario; una escuela en la que se explique a los niños para qué van allí, en concreto, con la mayor claridad posible; una escuela compatible con formas educativas y con contenidos educativos no escolares, es decir, presenciales, locales, activos, prácticos; una escuela en la que todos los docentes, sea cual sea el grado de escolarización, sean tenidos en cuenta como investigadores activos de su propio oficio y remunerados como tales, en igualdad de condiciones; una escuela en la que se enseñe menos, pero se sepa mejor lo que se enseña»

 

Primera parte: http://pagina10.com/index.php/tecnologia/item/7491-los-mejores-colegios-de-narino-en-las-pruebas-saber-11-2014

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