Por Nina Portacio.
Para construir territorio, a Nariño le hace falta una dosis muy alta de Amor Propio. Ese amor que nace de las entrañas y te hace entender quién eres sin necesidad de aprobaciones externas de ningún contexto. El amor que te define antes de iniciar cualquier camino.
Nariño requiere trabajar económica y socio culturalmente con un modelo más piramidal y no con el modelo asterisco que acontece en la actualidad; en donde cada persona o cada grupo mira para un Norte diferente. Quizás habría que funcionar
con un modelo más Holístico y mucho más Estocástico para conseguir integrarnos, fortalecernos y crecer a nivel local. Nariño requiere alianzas estratégicas para dinamizar el territorio desde los pueblos.
Que el propósito sea un fin Colectivo: ¡Nariño! Porque este Sur tiene talento.
Nariño es una meca de artistas y artesanos.
La creatividad se respira en el aire.
Una población multicultural, pluriétnica, diversa; preparada y mucho más que pujante.
¡Todas las Colombias cohabitan en este Departamento!
Con tradiciones que persisten, se fusionan y coexisten.
El Agujero Negro de la Biodiversidad.
Una tierra con productos de exportación en muchos campos.
Un paisaje sublime…
“Desde el mar hasta el Galeras” dice su himno.
No obstante, ocurre como si cada rincón de Nariño tuviese la necesidad de ser validado por el resto del País o aprobado por extranjeros o por medios y contextos extranjeros para reconocerse; para mirarse al espejo con sensatez y comprender su poder e idiosincrasia, entender el lugar que abarca y el valor de sus saberes. Lo que puede ser capaz de desarrollar por y para empoderar su territorio, su economía y su crecimiento empresarial.
Desconozco la razón de dicho complejo atávico que cargamos a cuesta los nariñenses. Esa necesidad imperiosa de validación, aprobación o reconocimiento ajeno y de tender alfombra roja a cualquier foráneo que asoma, mientras infravaloramos lo nuestro. Porque aquí sólo se da valor a lo que está afuera o a lo que viene de afuera. Nos hace falta convencernos mucho más de lo propio, mesurar nuestra historia y proyectar esta tierra.
Nariño es un Departamento que debe ser observado con sutileza y respeto. Porque quien no respeta su pasado, ni valora su presente, no podrá construir un auténtico futuro.
Nariño es, en sí mismo, un territorio sagrado. Y
para pisar su suelo habría que quitarse los zapatos.




