Pep y su sombra, un talento de 1.69.

Eran grandes las expectativas por un duelo pendiente entre Götze y el impredecible Lionel Messi, después de la humillante derrota en el pasado mundial, cuando la maravilla argentina hasta perdió los modales luego de la derrota.

Igualmente, todos estaban atento en la cancha de Camp Nou, al reencuentro de Guardiola con Luis Enrique, uno y otro, con sus pupilos del Bayern y el Barca, que por lo demás comparten las dos primeras letras. Se encontraban las dos escuadras, con el legado del uno, y la renovación del Bayern Munich, que parece sacar de quicio a Franz Beckenbauer.

Pep y sus muchachos

Pep se enfrentó con su sombra, los muchachos que solos juegan al balompié, porque Luis Enrique todavía no encuentra la fórmula para reconvertirlos en un verdadero equipo, ahora sujeto al capricho y genialidad de sus individualidades atacantes, una tripleta de miedo, Luis, Lio, y Neymar, y el reparto de juego que pueda hacer Rakitic, pero es muy común el desconecte.

El Bayern dominaba en el campo, y había desarticulado los ataques en el primer tiempo. Pero, bien entrado el segundo, cuando la hinchada que abarrotaba el estadio, respiraba hondo y se comía las uñas, al minuto 76, vino la magia de Messi, que dejó desarmado al gigante “inexpugnable”, Neuer.

Empezaba la sonatina, a ritmo de milonga, y silenció los acordeones el genio salido de un buen vino. Vino la humillación del gran portero, el atajante de ilusiones. El segundo vino en globito aprovechando que el arquero estaba prosternado, y de aquí en adelante fue el tiempo del delirio y la locura multitudinaria.

Recordando a Di Stefano

Pero, no había terminado la función, y Guardiola, conocedor de con quiénes lidiaba, y a quien tenía la afición culé en sus corazones, vio a Lionel desplegar su última travesura, que concretó Neymar, el de la verde amarella.

Entonces 3 a 0, y la oportunidad que el Barca ajuste cuentas pendientes con los merengues, y la gente pueda actualizar el recuerdo de la saeta rubia, con este mestizo, petiso que se las sabes casi todas. O quizás, enfrentado a la Juventus, donde el Toro Tévez tiene la fama de goleador y de comandante del ganador del scudetto.

En tiempo de vacas flacas para la economía, cuando “Podemos” baja en las encuestas y “Ciudadanos” con Albert sube, España vive el embeleso del fútbol, y se duerme y grita por un tiempo limitado.

Luego, al salir a la calle, cerca del verano, en Barcelona y en Madrid, sin perder de vista a Turín, una nueva ciudadanía deberá “pararle el macho” al neoliberalismo, que aún se refugia, y de qué modo, en el gran negocio del balompie global, como lo recordaba el difunto Galeano en sus últimos libros.

Agüaitamos la final! ¿Cómo no?

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