¿Quién fundó a Tumaco?

Este 30 de noviembre del 2021 se celebran los 381 años de la fundación de Tumaco, fecha establecida por el Concejo Municipal para conmemorar la acción del padre Francisco Ruggi. Este señor era un teólogo de origen italiano que llegó a América en 1618 como parte de una expedición liderada por Juan Antonio de Santander. Luego de ser nombrado cura de la entonces localidad de Santa Bárbara, otrora provincia de Barbacoas y junto al vicario Juan Henebra, fue encomendado a establecerse en lo que hoy se conoce como Tumaco. Por la fecha en que escribió sus cartas, antropólogos e historiadores colombianos deducen que la fecha de fundación de la ciudad fuese la antes mencionada y a partir de ello se toma en cuenta para las festividades locales. Se conoce además que el primer alcalde que tuvo la localidad fue el Señor Don Juan de Molinas, quien junto al Padre Ruggi y al Maestro de Campo, Pedro de Ansieta, iniciaron un viaje exploratorio a lo que sería luego el camino Tumaco–Ibarra.Otros dicen que fue el padre José María Garrido. Pero, en verdad, se ignora exactamente quién fue el fundador del puerto nariñense. Cada grupo de pobladores tiene su propia versión.

Los primeros habitantes fueron los incas, a quienes la Corriente de Humboldt los arrastró en sus balsas desde el Perú. Sobre la leyenda de los indígenas, dice el escritor tumaqueño Moro Manzi que, dos guerreros fueron escogidos para ir de cacería a la mañana siguiente que habían cesado las lluvias. Irían detrás de la manada de tatabras que tenían fama de destruir todo lo que pisaban: jardines, huertas, cultivos, animales, en fin, sólo dejaban como una rúbrica las huellas de sus pezuñas. Los dos indígenas se armaron de lo que tenían, presurosos emprendieron la travesía para cerrarles el paso y atalayarles el ímpetu de su desbocada carrera.

     Recuperados del feroz paso de estos animales emparentados con los cerdos, tomaron un cerro muy alto, y continuaron bajando y subiendo elevados montículos, cuando una niebla, muy opaca y densa, les enturbió la visión interrumpiéndoles la marcha. Pasados dos días, pudieron mirarse uno al otro, al despejar las legañas de sus ojos y disfrutar de un horizonte límpido. Caminaron hasta cuando ante sus despejados ojos, apareció el mar, y en él, una manta raya gigante, cuyo lomo rebalsaba en total paz; cerca de ella, no muy lejos, una especie de concha enorme con ranuras infinitas curvadas por el tiempo, también rodeada del mismo mar y de detritus espumosos; un poco más hacia el norte, se divisaba un risco cuya cima reverdecida se hundía ligeramente para luego bajar a un piso de arena de playa: era el caballito del mar adentrándose al océano Pacifico.

Tres criaturas de igual naturaleza y forma cóncava aplanada, recibieron el azote del viento y al despertar, ya eran islas, y conformaron el archipiélago de Tumaco. Cuenta la leyenda, que algún día, otro viento, las sumirá a su estado primitivo y sus habitantes se irán con ellas.

Pero, también, en el libro «Los viajeros Mayas pobladores de los Pastos» del historiador nariñense Harold Santacruz Moncayo, encontramos que muchos años antes que los invasores castellanos aparecieran, en el Mar del Sur existió un pueblo llamado Uxmal, cuyo nombre en lengua Maya quiere decir ciudad tres veces construida, y que igual a la próspera ciudad de Uxmal en México, fue desaparecido:

«El rey Canek había estado visitando cada uno de los territorios de Chichen Itzá y se había dado cuenta que su pueblo estaba pasando hambre por la falta de alimentos. Los terrenos se habían lavado tanto con los cultivos del maíz y del frijol que ya no daban más, había que buscar una alternativa de salvación. El Rey Canek no podía permitir que su simiente se quedase sin elementos de subsistencia y estar a merced de sus rivales de Mayapàn y Uxmal. Aunque por lazos estaban unidos simbólicamente, pero entre ellos existían rivalidades por el poder.

         Todos los que han vivido en el Mayab han oído también el nombre del príncipe Canek que quiere decir Serpiente Negra. El príncipe Canek era valeroso y tenaz de corazón, cuando tuvo tres veces siete años fue levantado a rey de la ciudad de Chichén Itzá, cuando la paz unía como hermanas a las tres grandes ciudades de la tierra del Mayab; cuando en la valerosa Mazapán y en la maravillosa Uxmal y en Chichén Itzá, altar de la sabiduría, no había ejército, porque sus reyes habían hecho el pacto de vivir como hermanos.

          El rey Canek previsivo en todo, había enviado emisarios a buscar tierras a otros confines, sus mejores hombres participaron de estas aventuras. Visitaron las tierras del Sur.

Un buen día, los tres veces cinco, los mejores navegantes, se presentaron ante el Rey Canek y le manifestaron a Su Majestad que habían viajado por el mar cuatro lunas hacia el sur y habían encontrado una Isla pequeña desde donde se divisa la tierra de la abundancia, una tierra nueva con altas montañas y muy lejana de la costa, donde los ríos tienen el metal brillante en sus riberas y abunda la pesca y animales. El rey Canek dijo que les creía en todo lo que sus fieles guerreros contaban y que aprobaba una segunda expedición para que marcharan pronto puesto que los hermanos Mayas se estaban muriendo de hambre,

          Las cinco canoas, con los tres veces cinco y los siete veces siete granjeros y las mujeres guerreras, surcaron el mar; en la madrugada de la tercera luna siguiente divisaron la Isla, navegaron hasta ella y cuando el Sol estaba en el ocaso arribaron a la Isla de la Gorgona. Allí desembarcaron y encontraron buena agua para beber y para llevar. El Ah Tupp Kabal «el hombre que hace ruido», capitán de la expedición, señor de la guerra, sabio de las aguas, regente de los astros, tomó una piedra y en ella labró la posición de los astros en el día de la llegada, así quedó registrado la llegada del grupo de los tres veces cinco en un Petroglifo encontrado en la isla Gorgona mucho tiempo después. Durante su permanencia en la Isla visitaron las regiones de la salida del rio Iscuandé, rio Patía y la Isla del Gallo, recogieron el metal brillante, se aprovisionaron de pesca y caza para continuar el viaje al sur, buscando siempre el lugar de entrada hacia la zona de tres altas montañas: Galeras, Azufral, y Cumbal que se divisan con claridad desde la Isla.

        Con la nueva luna llena los tres veces cinco y las guerreras, zarparon hacia el sur mirando un lugar por donde entrar hacia la tierra de la Abundancia. Esta zona era muy tranquila lejos de la costa y muy agresiva cuando se acercaba a las playas. Encontraron un gran rio con varias bocas, luego una boca como la de un gran pez, luego otro gran rio con varias bocas y finalmente llegaron a un paraje donde el mar descansaba del oleaje y había un río más pequeño donde abundaba la pesca y el icaco, había mucho mono e iguana para comer.

En toda la expedición que tardó dos lunas grandes y tres lunas chicas, no encontraron con quien pelear, todo era deshabitado, territorio nuevo, árboles gigantes por entre los cuales se podía transitar; había en los ríos mucho metal de brillo (oro) y se podía recoger fácilmente lavando las arenas. Construyeron casas con palmas y enramadas donde el agua no subía, formaron dos pueblos con las guerreras: Tumaco y la Tolita, después asentamiento de Esmeraldas, y en cada pueblo dejaron cuatro veces cuatro mujeres y hombres y dos canoas.

Cuando regresaron a Itzmanà sólo lo hizo un grupo de cinco con sus esposas guerreras, pasadas las 24 lunas grandes de tiempo, unos 672 días. El Ah Tupp Kabal, «el hombre que hace ruido», capitán de la expedición, rindió un informe al Rey Canek y le hizo entrega del metal brillante, frutos, aves, y carne seca salada para alimentar a nuestros hermanos.

   El rey Canek les preguntó sobre qué otros territorios vieron diferentes a la Isla, y estos respondieron que los grupos avanzaron hacia la zona del piedemonte costero, buscando la entrada a las grandes montañas; lo hicieron por el rio Grande (Patía) y por el rio del Sur (Mira), y alcanzaron a llegar hasta donde reciben otros ríos (Telembí y Guiza), donde abunda el metal brillante, contestaron los guerreros mayas.

El Rey Canek, se alegró por los nuevos descubrimientos y ordenó alistar un grupo que viajaría a instalarse en esas tierras, llevando el cacao, el aguacate, el frijol, el pepepán, la yuca, el maíz y alimentos para una larga permanencia. Fueron escogidos los expedicionarios de acuerdo con sus oficios, los que fundían el metal brillante, los ceramistas, los pescadores, los constructores de vivienda, los curanderos y los artífices (talladores de piedra).

Siete canoas repletas de menaje, con nueve veces nueves hombres y mujeres, surcaron el Mar del Sur y en cuatro lunas de navegación llegaron hasta lo que hoy se conoce como Tumaco y Bahía Ancón de Sardinas, lugar del primer asentamiento Maya. Los descendientes de los Mayas ubicados en la región de Tumaco posteriormente se identificaron como los Tumac, pero, de aquí salieron los indígenas Sindaguas quienes colonizaron la Isla del Gallo y fueron encontrados por Francisco Pizarro en su segundo viaje al imperio Inca. Siguieron luego avanzando hasta Iscuandé, Barbacoas, la zona alta del Telembí y el Patía, hasta llegar al rio Mayo, y luego ascender por el rio Pasto hasta al Galeras. Por el otro lado del rio Mira se adentraron hasta llegar a la zona del Chota, los territorios de Santo Domingo de los Colorados, Ibarra y Cayambe, en lo que es hoy el Ecuador».

…Hace muchos años existió el pueblo de Uxmal en la ensenada de Tumaco, en el vértice que forma la desembocadura del rio Rosario. Pueblo edificado sobre un islote de arenas rubias y brillantes, bañado por olas salobres, mezcla de aguas de mar con las aguas del rio que la corriente avienta sobre el océano…En 1906, mientras atizaba el fogón, el silencio de la hora fue interrumpido por un bramido feroz que repercutió su eco en las costas de los pueblos Mexicano y Curay… Hoy del pueblo de Uxmal no quedan sino vagos recuerdos, como de seres que hace mucho tiempo se fueron, y una leyenda triste, doliente, casi perdida y desconocida…

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