La derrota de Obando en huilquipamba

El año de 1830 es crucial para la historia en general de la que algunos historiadores denominan la Gran Colombia. El general José Antonio Páez propiciaba la separación del Estado de Venezuela en tanto el también general venezolano Juan José Flores lo hacía con Ecuador. Respecto a Venezuela, el historiador José Manuel Restrepo afirma que Bolívar consentía dicha situación cuando afirma en carta que suscribe a Páez el 13 de septiembre de 1829: “Pidan- ante el congreso a reunirse en Santafé de Bogotá en 1830- la separación y yo la apoyaré”, tiempo después cambiaria de opinión.

El fracaso del denominado Congreso Admirable de 1830, donde Bolívar sale derrotado viéndose obligado a renunciar la presidencia para luego salir de Bogotá rumbo a la costa atlántica, será la estocada mortal para el proceso político de la gran Colombia que vendrá a complementarse con la muerte del general Antonio José de Sucre el 4 de junio de 1830 en el sector de Los Robles al pie del cerro de la Jacoba en el hoy municipio de La Unión, al norte del Departamento de Nariño, acontecimiento que tendrá su repercusión años después cuando se conocerán los autores materiales del hecho y saldrán a la palestra los nombres de varios generales, supuestamente comprometidos en el crimen.

El 17 de diciembre de 1830, muere en Santa Marta el general Bolívar, luego de sufrir una penosa enfermedad y haber perdido el prestigio de conductor de las cinco naciones que arrullo bajo su bandera dictatorial y despótica con características monarquistas de sus últimos días. Venezuela, su patria, es muy clara en manifestar ante el congreso de Bogotá: “que Venezuela no entrará en relaciones de ninguna especie con Bogotá mientras existiera en su territorio el general Bolívar…que ve en el general Simón Bolívar el origen de todos sus males y que tiembla todavía al considerar el riesgo que ha corrido de ser para siempre su patrimonio, protesta que no tendrán aquellos lugar, mientras éste –Bolívar- permanezca en territorio de Colombia…”

Consolidada la separación de los tres Estados: Colombia, Venezuela y Ecuador, se agudiza la crisis militar y administrativa en cada uno de estos territorios. En cuanto a Colombia, que toma el nombre de Nueva Granada ha elegido como Presidente a Joaquín Mosquera y vicepresidente a Domingo Caicedo quien asume la presidencia por enfermedad de Mosquera. Un inconformismo del Batallón Callao dio pie para el primer golpe militar en nuestra república a cargo del general venezolano Rafael Urdaneta que propicia el levantamiento en varias ciudades, entre otras Pasto y Popayán que estaban lideradas por los opositores a los planteamientos bolivarianos que defendía Urdaneta, como lo eran los generales José Hilario López y José María Obando, quienes acuden a Juan José Flores para que incorpore el territorio suroccidental de la Nueva Granada al de Ecuador.

Del 11 de noviembre de 1830 al 8 de diciembre de 1832 gran parte de territorio en referencia hizo parte del Ecuador, situación que nuevamente se presentará del 12 de mayo al 3 de noviembre de 1841, con un atenuante: Juan José Flores pretende anexar a Pasto aprovechando las circunstancias políticas que se le presentan a José María Obando al ser acusado de la muerte del general Antonio José de Sucre, teniendo como contrincantes a Tomas Cipriano de Mosquera y al yerno de éste: Pedro Alcántara Herrán.

La guerra de los conventillos o de Los Supremos, que tiene su origen en Pasto a raíz de pretender dar aplicabilidad al cierre de los conventos de San Francisco, San Agustín, La Merced y Santo Domingo por parte del gobierno de Ignacio de Marques. José María Obando, que para aquel entonces estaba preso como responsable del asesinato de Antonio José de Sucre, se lo acusó de estar propiciando el levantamiento de las gentes de Pasto con el padre Francisco de La Villota a la cabeza. El presbítero tenia tanto poder dentro del pueblo de Pasto que no tuvo inconveniente alguno cuando determinó deponer las autoridades e imponer obviamente personalidades de su confianza.

El aliado que siempre tuvo Obando en su oposición a Bolívar y sus agentes era José Hilario López, quien para ese entonces, desde febrero de 1839 estaba fuera del país, razón por la cual tiene que afrontar solo las acusaciones y ataques de que es objeto como presunto promotor intelectual del crimen de Antonio José de Sucre nueve años atrás.

Desde un principio, cuando Bolívar supo de la muerte de Sucre, inculpó a las gentes de Pasto, con Obando a la cabeza, como autores del crimen. A Juan José Flores le dice en carta que suscribe desde Barranquilla: “Este es mi parecer y que se destruya a Cartago. Entienda usted por Cartago la guarida de los monstruos del Cauca. Venguemos a Sucre…Vénguese a Colombia que poseía a Sucre, al mundo que admiraba, a la gloria del ejército y a la santa humanidad impíamente ultrajada en el más inocente de los hombres…” Se entiende perfectamente que una vez más y ya en su agónico existir, Bolívar increpa, acusa del asesinato de Sucre a los pastusos, hace alusión de éstos cuando habla de la destrucción de Cartago, tal como lo hizo el gran Catón que ordenara el arrasamiento de esa ciudad por parte de los romanos.

Los macabros estragos, los crímenes sin nombre, la fría actitud guerrerista de Sucre contra la gente de Pasto en la trágica navidad de 1822, hizo suponer a Bolívar y sus agentes que Pasto seria el epicentro del crimen contra Sucre, teniendo además en cuenta que José María Obando lideraba las milicias pastusas en contra de la dictadura impuesta por Bolívar luego del atentado del 25 de septiembre de 1828.

Bolívar seguramente desconocía los acontecimientos políticos y sentimentales que tenían ocurrencia en Quito: La esposa de Sucre tenía ya un amante cuando el mariscal de Ayacucho salió para Bogotá a fin de dar cumplimiento a la convocatoria del Congreso Admirable de 1830. El general Isidoro Barriga, entrañable amigo de Juan José Flores, cortejaba a Mariana Carcelen, esposa de Sucre. De acuerdo a Apolinar Morillo, confeso asesino del general Antonio José de Sucre: “había participado en el asesinato del Mariscal Sucre por órdenes del general Juan José Flores y la mujer del Mariscal, la cual se hallaba embarazada, y que él sus compañeros de dicho crimen habían salido de Quito para Pasto, que un mes antes del asesinato del Mariscal Sucre, ya se hablaba de esto en la ciudad de Quito…”, de acuerdo a registro que encontramos en el libro Obando de Cruz Verde a Cruz Verde del historiador Antonio J. Lemus Guzmán.

Los preliminares de la investigación comprometieron en cierta forma tanto a José María Obando como a Juan José Flores como autores intelectuales sin que pudiese encontrar mayor prueba para su correspondiente implicación. Un hecho circunstancial, dio pie para que los enemigos de Obando acusaran a éste como el autor intelectual del crimen. En 1839 es apresado José Eraso, quien cree equivocadamente que es por el crimen de Sucre y tal razón acusa a Obando de dicho delito.

Obando se presenta voluntariamente ante las autoridades para responder por el hecho en referencia, otorgándosele a Pasto por cárcel, sucediendo en aquel entonces la denominada guerra de los conventos o de Los Supremos que los enemigos de Obando lo entran a responsabilizar.

Estando Obando en Pasto, tiene conocimiento de un complot para matarlo, razón por la cual decide fugarse, y así presenta el Jefe Militar la nota oficial: “Anoche se han fugado de esta plaza los señores generales José María Obando, coronel Juan Gregorio Sarria, teniente coronel Antonio Mariano Álvarez y Fidel Torres, a quienes se estaba juzgando como cómplices en el asesinato perpetrado en la persona del gran Mariscal de Ayacucho. El primero se hallaba preso en su casa por disposición del juez de Hacienda de 12 de marzo del presente año; el segundo estaba igualmente preso en su casa. Con respecto a los dos últimos, el uno se hallaba en el Hospital Militar, curándose de sus enfermedades, bajo vigilancia de aquella guardia, como tal preso, y Fidel Torres en la cárcel pública de esta ciudad”.

Juan José Flores, presidente de Ecuador, que tiene pretensiones de anexar Pasto a su jurisdicción y declarado enemigo de Obando entra en conversaciones con Tomas Cipriano de Mosquera y Pedro Alcántara Herrán para dar captura al fugitivo, quien se organiza militarmente y da varios combates, entre los cuales tiene ocurrencia el de Huilquipamba el 30 de septiembre de 1840. Desde inicios del mes septiembre se habían entrevistado en Túquerres Flores y Herrán. En Chaguarbamb, hoy Nariño, Obando había lanzado esta proclama: “¡Ecuatorianos! Llegó la hora del castigo para ese monstruo que os tiene como esclavos. En Estados federados de Colombia, Guayaquil gozará de una independencia justa; el alto Ecuador, del progreso de su industria, y Cuenca será reintegrada de su territorio…”

Astutamente, con audacia mordaz, Flores logra que Obando crea que su amigo Andrés Noguera deje de serlo, obligándolo a que se ordene su fusilamiento y la de sus sobrinos, situación que creo malestar entre las gentes que apoyaban a Obando. El historiador Joaquín Posada Gutiérrez dice al respecto: “La muerte de Noguera y de sus sobrinos complicó la situación del general Obando y aceleró su ruina por entonces. La numerosa y aguerrida indiada que constituía la fuerza de aquel Atila temible, que con su táctica de guerrillero había sostenido la guerra, se disolvió en su mayor parte, y los generales granadinos y ecuatorianos tuvieron es grave situación menos.”

El general Obando- continua Posada Gutiérrez- en su desconcierto, cometió el error de ir al pueblo de La Laguna con 200 hombres, a procurar rehacer algo de las fuerzas de Noguera, y dejó a su segundo, Estanislao España, con 600 hombres en Chaguarbamba. El ejército aliado se le interpuso, en el acto lo atacó en Huilquipamba y lo batió completamente, como tenia que ser, atendiendo la diferencia de fuerzas. El general Obando se escapó, no se sabe cómo, saltando de roca en roca por entre aquellas breñas, y aunque se estableció una activa persecución en todas las direcciones, no pudo encontrárselo y se lo tuvo por muerto, y así se propalo en toda Nueva Granada. La columna que estaba en Chaguarbamba se dispersó al saber la derrota de Huilquipamba, y Estanislao España, se ocultó.

Huilquipamba, voz quechua que significa “Llano de lágrimas”, se ubica en la actualidad en predios del corregimiento de La Laguna en el Municipio de Pasto, es una bonita ondulada que se pierde entre los cultivos que caracterizan el sector.

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