25 años después del bombardeo a “Casa Verde”

Corría el mes de diciembre de 1990, y al tiempo que se realizaba la elección de los delegados a la asamblea constituyente, se acudió al expediente de bombardear Casa Verde, en una suerte de “blitzkrieg” contra el secretariado de las Farc-ep, que estuvo remiso como el Coce del Eln a firmar la paz, al mismo tiempo que lo hacían el M19, y otras agrupaciones de los subalternos colombianos alzados en armas.

Fue aquel un trámite extraordinario que corrió a cargo del fallecido presidente Virgilio Barco, acelerado por el secuestro intempestivo de Álvaro Gómez Hurtado, por una célula urbana del M19. Episodio del que no se conoce aún la verdad completa.

Pero, que en todo caso tiene un cierre final trágico, el asesinato del varias veces candidato conservador, a las puertas de la Universidad Sergio Arboleda, de la que fuera uno de sus mentores. Una institución que por lo demás honra a un gran propietario de esclavos, residente en el Cauca, durante el siglo XIX.

Él mismo es autor del libro “La república en la América Española”, que corresponde al número 30 de la colección de la Biblioteca del Banco Popular, antes que pasara a ser propiedad del potentado Luis Carlos Sarmiento, sensible a otras causas, siendo la principal, a todas luces, lucrarse.

Entre leyes y armas, santanderismo trasnochado

La puesta en práctica de la Constituyente la completó el nuevo presidente, el emergente César Gaviria, escogido por la familia Galán, para levantar las banderas de Luis Carlos, asesinado en Suacha, en agosto de 1989. Gaviria, con el concurso del primer ministro de defensa civil, Rafael Pardo, dió inicio a la guerra encubierta primero, y al descubierto después contra la insurgencia nacional.

Fue el anterior un debut dramático y fallido, porque Pardo, envalentonado, anunció que las Farc-ep serían sometidas en 18 meses, que a la postre van ya para 25 años de cruentos sacrificios de todo tipo, pero principalmente humanos, y naturales.

Porque se ha hecho gran daño a ambo s, principalmente, con el uso del bombardeo sistemático y el minado de las principales zonas de retaguardia insurgentes, y los municipios sobre los que aún mantienen su influencia y presencia desde hace medio siglo.

No más bombas y desminado conjunto

Ayer, el mismo día que la tierra colombiana se sacudió por abajo, y dio la oportunidad fallida al uribismo de infatuarse de Bolívar, cuando aquel vivía el físico terremoto que asoló a Caracas, bombas y minas, de parte y parte, el gobierno y la insurgencia subalterna no hollarán más los campos por 30 días, ensayando lo que otros llaman “un cese al fuego bilateral”, que solo es verdad en parte.

De otra parte, el propio presidente Juampa, quien venía de una asoleada el domingo al mediodía acompañado de Antanas y Gustavo, hizo este anuncio de suspensión de la pesadilla de la guerra en los campos ayer, martes.

El trío respaldó la vida caminando con una escarralada manifestación que no movió a los millones que lo hicieron contra las Farc-ep en el mes de febrero, cuando Uribe Vélez era el presidente, y sus asociados baj soplaban y aupaban vientos de guerra y muerte, y movían a todo el funcionariado a caminar antes y después de las 12 de aquel día en Bogotá.

¿La fiesta de la paz, para cuándo?

Parece ser cierto, que la fiesta de la guerra, en principio, tiene más adeptos que la de la paz. Como lo recordaba en sus escritos el homenajeado Estanislao Zuleta, cuando era el asesor de paz del gobierno de Belisario Betancur. A veces, poco importa que se invite al “sancocho nacional”, por quien le faltó la vida para sentarse a manteles, cuando de Los Robles el M19 bajó a firmar la paz.

Ahora, después de tanta desgracia, que la recogen dos académicos, leyendo desde arriba, desde la perspectiva de los gobernantes, Marco Palacios, y Gutiérrez Sanín, en sendos libros, “Violencia Pública, y “El orangután con sacoleva”, que llegan hasta el año 2010.

La paz parece caminar por tierra firme, cuando otros aviones la transportan desde la Isla de Cuba a la sufrida Colombia de los “Tres escapularios” que se estrenará en el próximo festival de Cartagena, y que es el tercer largometraje del director Felipe Aljure, acompañado por su camarógrafo Carlos Sánchez.

Una amenaza pública

El exministro de defensa de Uribe Vélez, el presidente reelecto, el mismo día, 10 de marzo pasado, conminó a las FFAA y a la Policía a arreciar ataques y bombardeos contra el Eln, el otro grupo insurgente que hizo presencia inicial en la acción de Simacota (Santander), donde ayer tuvo su epicentro el movimiento telúrico que duró 60 segundo, en La mesa de los santos.

Pero Gabino y Juampa están, o deben estar curados de espantos, y no es este tiempo para rabietas. Se trata de construir una paz duradera, y no de seguir quemando más billones cuando escasean, ni tronchando vidas, cuando Colombia las necesita más que nunca.

No queda duda que no se trata de hacer la paz como “peluquiando bobos”, y que las dos agrupaciones insurgentes subalternas tienen trayectorias, y exigencias diversas por las que han luchado y luchan.

La historia conocida y lo que sigue

Hace una buena cantidad de años, cuando el Eln firmaba los Acuerdos de Puerta del Cielo, con el entonces presidente Ernesto Samper, que la paz con esta guerrilla de inspiración cristiana, con curas en sus filas, caminaba hacia el final de su confrontación armada con el Estado.

Pero, todo se hundió en las heces del proceso 8.000, al saber la opinión pública lo que costaba ganar una elección, ante la imposibilidad de repetir el fraude descarado, electrónico, con que se raponeó la elección de Rojas Pinilla, el 19 de abril de 1970, para colocar al último presidente del primer pacto frente nacionalista, Misael con el concurso “delictivo electoral” de Carlos Lleras Restrepo.

Curiosamente la denuncia la hacía el hijo, Andrés, exhibiendo los casettes a la prensa, donde se probaba el involucramiento político de los Rodríguez Orejuela, en la segunda vuelta que le dio la victoria a Samper. Ahora, Andrés es parte de la Comisión que acaba de nombrar el presidente para atender a lo que pase en estos 30 días, que empezaron a contarse a partir de hoy.

Claro que, como lo recordaba ayer Claudia López, esta es una comisión de notables, a su modo, pero no de representación de las víctimas del conflicto, y mucho menos de los subalternos, y en paralelo, hay otra, la del Centro democrático, que la constituyen otros parecidos a los primeros.

Todo lo cual refuerza la urgencia de la Constituyente social, que tiene que establecer sus cabales, y exigir participación desde abajo, de los muchos. Se trata, cómo no, de un ejercicio, una gestión democrática de la paz, de a de veras, con el concurso de toda Colombia para restañar las heridas infringidas a los más, por 115 años de vida republicana, que dirigida por las elites oligárquicas, ha ocultado y reprimido la otra historia, la de los subalternos en procura de autonomía y democracia con igualdad social.

Comentarios

Comentarios