El arancel de Trump, una nueva prueba para el agro colombiano

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La decisión del presidente Donald Trump de imponer un nuevo arancel del 12,5 % a las importaciones provenientes de varios países, entre ellos Colombia, representa un nuevo desafío para el sector agropecuario nacional.

Aunque la medida responde a la política comercial de Estados Unidos y no está dirigida exclusivamente contra Colombia, sus efectos podrían sentirse con fuerza en un país cuyo agro depende cada vez más de los mercados internacionales.

Estados Unidos continúa siendo uno de los principales destinos de las exportaciones agropecuarias colombianas. Café, flores, aguacate Hass, banano, cacao, frutas exóticas y productos procesados encuentran allí un mercado de alto valor.

Un incremento en el costo de ingreso de estos productos podría reducir su competitividad frente a proveedores de otros países que cuenten con menores aranceles o acuerdos comerciales más favorables.

Para Nariño, la preocupación es evidente. El departamento ha consolidado una producción cafetera de alta calidad y avanza en la exportación de cacao, limón Tahití y productos con valor agregado.

Si los compradores estadounidenses deben asumir un mayor costo para adquirir estos productos, parte de la demanda podría desplazarse hacia otros países, afectando los ingresos de productores, asociaciones, cooperativas y empresas exportadoras.

Sin embargo, no todo debe observarse desde una perspectiva pesimista. Las crisis comerciales también obligan a acelerar transformaciones que el agro colombiano ha venido aplazando durante años.

Diversificar los mercados ya no es una opción, sino una necesidad. Europa, Canadá, Asia, Medio Oriente y América Latina ofrecen oportunidades que requieren una mayor promoción comercial, el cumplimiento de estándares sanitarios y una estrategia efectiva de diplomacia económica.

El nuevo escenario también evidencia la importancia de dejar de exportar únicamente materias primas. Mientras Colombia vende café verde, otros países comercializan café tostado, molido o en cápsulas, con un valor agregado muy superior.

El mismo desafío existe para el cacao, las frutas y otros productos agroindustriales. La industrialización del campo continúa siendo una de las grandes deudas del país.

Otro aspecto clave será la tasa de cambio. Un dólar fuerte podría compensar parcialmente el efecto del arancel, al mejorar los ingresos en pesos de los exportadores. Sin embargo, este beneficio podría reducirse por el aumento de los costos logísticos, el transporte internacional, los seguros y una eventual disminución de los volúmenes exportados.

El Gobierno colombiano tendrá la responsabilidad de activar los mecanismos diplomáticos y comerciales previstos en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, con el propósito de minimizar los efectos sobre los sectores más sensibles.

Al mismo tiempo, deberá fortalecer los programas de apoyo a los exportadores, facilitar el acceso al crédito y promover inversiones en infraestructura logística, tecnología y transformación agroindustrial.

El agro colombiano ha demostrado una enorme capacidad para superar crisis sanitarias, climáticas y comerciales. Esta nueva coyuntura exige, una vez más, innovación, productividad, organización y visión empresarial.

No basta con producir más. Es indispensable producir mejor, agregar valor y conquistar nuevos mercados.

Al final, los aranceles pueden convertirse en barreras temporales, pero la verdadera fortaleza del campo colombiano dependerá de su capacidad para ser más competitivo, eficiente y menos dependiente de un solo comprador.

Ese es el gran reto que hoy enfrenta el agro colombiano y, especialmente, el de Nariño.

Luis Efrén Delgado Eraso
Presidente de ASOINAGRO

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