Hace más de dos mil años un “urbanista” de la época llegó a considerar que las ciudades eran más productivas, gobernables y menos ruidosas si solo contenían adultos. Entonces ordenó eliminar a los niños, especialmente aquellos llorones y recién nacidos. Aunque muchos dicen que padecía de celos porque alguno de ellos podría arrebatarle el poder y el trono, hoy es algo inconcebible e inexplicable.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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