Mucho antes que Homero, en las tradiciones védicas, en las de la milenaria China, en las propias americanas, se vertía la palabra en forma de relatos para formar las tradiciones de todos los rincones del planeta. Muchos, por no decir todos, hemos crecido escuchando relatos de nuestros mayores, alrededor del fuego o en el calor de la cocina, abuelos y abuelas, padres y madres, no perdían oportunidad para narrarnos sus aventuras, propias o prestadas, reales o fantasiosas, logrando con ello transmitir una heredad, la ancestralidad sentada en la palabra como una perpetuación de nuestras propias historias. Ahí, para muchos, fue el inicio de un gusto que terminó por convertirse, más que en una profesión, en un estilo de vida.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
Desde $20.000 COP el día




