Ari Aster se ha ganado un lugar insólito en el cine contemporáneo: el del arquitecto de pesadillas domésticas y rituales comunitarios que, con Hereditary (2018) y Midsommar (2019), fijó el término “terror elevado” en la conversación crítica. Beau Is Afraid (2023), con Joaquin Phoenix, fue la culminación delirante de esa línea, un viaje edípico y pesadillesco que dividió a espectadores y dejó la sensación de un cineasta llevado por su propia fiebre. Pero en Eddington (2025), presentada en Cannes, Aster gira el volante hacia un terreno distinto: ya no lo onírico, sino lo político; ya no lo sobrenatural, sino lo realista; ya no el miedo íntimo, sino la histeria colectiva.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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