En 2019, Tumaco —hoy, segundo municipio con más hectáreas de coca sembradas del país— estaba sumido en una guerra sangrienta. Las antiguas disidencias de las Farc, Frente Óliver Sinisterra y Guerrillas Unidas del Pacífico se disputaban el control del territorio a punta de asesinatos y extorsiones.
El 13 de diciembre de ese año ocurrió una escena improbable. En El Bajito, un barrio de Tumaco, se sentaron frente a frente los jefes de esos grupos armados y unos 30 disidentes. Al otro lado estaban líderes comunitarios y rurales, junto al padre Arnulfo Mina y otro sacerdote. Los curas abrieron el encuentro con una oración y luego hicieron un pedido concreto: frenar los asesinatos —que en 2018 sumaban 12 oficialmente— y bajar la presión de las extorsiones. De esa reunión salió un pacto de no agresión.
Días después, los barrios sintieron el cambio: la gente volvió a cruzar de un sector a otro sin miedo. El acuerdo, contra todo pronóstico, sigue vigente.
No era la primera vez que el padre Mina asumía ese rol. En 2017 ya había mediado entre exmandos medios de las Farc que, tras quedar por fuera de los diálogos de La Habana, se estaban matando entre sí. Lo hicieron también bajo presión: alias Guacho, entonces jefe de las disidencias, los había amenazado con reorganizarlos a la fuerza si no llegaban a un acuerdo.
Ese capital simbólico, construido en una región históricamente golpeada por la violencia, es hoy su carta de presentación. Arnulfo Mina es candidato a la Circunscripción 10 de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (Citrep), creadas por el Acuerdo de Paz. Avalado por el Consejo Comunitario Río Gualajo, hace campaña con la bandera de la paz, el desarrollo territorial y la defensa de lo pactado en La Habana y de las víctimas con las que ha trabajado, pidiéndole a la gente que confíe en él y le dé el voto.
Se enfrenta, en ese camino, a la maquinaria del barón electoral de la zona, el destituido excongresista Neftalí Correa, que lleva candidato propio.
Recorrido por la campaña y por la puja
Son las 2:45 p.m. y el padre empieza un recorrido político por la parte de la carretera baja, zona rural del municipio de Tumaco en la vía que conecta con Pasto, la capital de Nariño, para encontrarse con habitantes del sector. Es un hombre alto, de contextura gruesa, tez negra, pelo blanco y rizado que señala su largo recorrido en la vida, al igual que sus cejas que tímidamente empiezan a encanecer. “Está haciendo resolana”, dice Lina, su asistente. Lo que significa que, aunque esté nublado, se sienten muy fuertes los 28 grados de temperatura.
Antes de hablar con la gente visita un colegio abandonado y carcomido por la humedad en el kilómetro 36, que necesita mucha inversión para volver a ser funcional. Metros más adelante llega a la cancha en donde poco a poco empiezan a llegar los habitantes de la zona, en su mayoría mujeres y jóvenes de la comunidad negra.
El padre viste gorra negra de visera color zapote -como se le dice al color naranja allí- con una cruz bordada en la parte superior, camisa azul elegante de manga larga, pantalón gris de tela a rayas, y botas plásticas amarillas que se usan para trabajar en el campo. Saluda a las 20 o 25 personas presentes: “Buenas tardes me les de Dios”, les dice.
“Respetando la concepción religiosa de cada uno de ustedes, a Dios le debemos la vida, la salud, el pan de cada día, todo lo que somos, se lo debemos a Dios, por eso a Él sea la gloria”, inicia el discurso. Cita el evangelio de San Juan.
Explica que se lanza a la política porque un grupo de personas se lo pidieron, igual que en 2019 cuando se lanzó por firmas a la Alcaldía de Tumaco con el apoyo de comerciantes, pero perdió frente a la candidata del poderoso Neftalí Correa.
“He visto morir muchos jóvenes, en una misa he tenido hasta seis, siete cadáveres, muchachos como ustedes, marchitos por las balas. Nosotros no queremos que nuestras mujeres sigan teniendo hijos para la guerra”, continúa diciendo en la reunión con su voz gruesa, pero algo tímida.

La curul por la que compite el padre fue creada para garantizar representación en el Congreso a las víctimas del conflicto, y sólo pueden votar quienes habitan las zonas rurales de los municipios más golpeados por la violencia. En esta Circunscripción participan once municipios: Barbacoas, El Charco, La Tola, Magüí, Mosquera, Olaya Herrera, Francisco Pizarro, Ricaurte, Roberto Payán, Santa Bárbara y Tumaco. La mayoría enfrenta problemas de electricidad, presencia de grupos armados, falta de agua potable, vías precarias y escasas garantías para comercializar productos como coco, cacao, piangua y plátano.
Aunque su figura se ha construido alrededor de la mediación en medio de la guerra, la campaña del padre Arnulfo Mina no se mueve sola. Lo respaldan el grupo del actual alcalde de Tumaco, Félix Henao (quien llegó avalado por una coalición de cinco partidos) y el grupo del gobernador del Pacto Histórico, Luis Alfonso Escobar, de quién el padre fue asesor.
En la otra orilla está Neftalí Correa, con una estructura electoral consolidada de redes políticas que históricamente han operado en la región, quien lleva de candidato a Gerson Montaño, el actual congresista de esta curul de paz que aspira a reelegirse. Montaño va avalado por la Red de Consejos Comunitarios del Pacífico Sur (Recompas).
Las otras dos candidaturas fuertes de esta Citrep como Montaño y Jairo Rodolfo Torres de Asocoetnar se sienten en desventaja con Mina, por tener el apoyo del Gobernador de Nariño. De hecho, Mina va en llave con los otros dos candidatos apoyados por el mandatario. Por un lado Benildo Estupiñán, que va a la Cámara por la Circunscripción afro y el candidato al Senado por el Frente Unitario Amplio (Partido de Roy Barreras), Ronald Tenorio, que también nació en la costa Pacífica nariñense.
Pese a los apoyos políticos que tiene el padre no es visto en los territorios como político tradicional. En sus discursos, explica que aspira a la rama legislativa y que no podrá solucionar todos los problemas de la comunidad directamente, como pintar una cancha o poner lámparas, porque eso depende más del ejecutivo. Pero, asegura, intentará gestionar tanto con la Alcaldía de Tumaco, como por medio de proyectos que se puedan apalancar desde el Congreso.
“Él está para servirle a la comunidad, nunca se niega a nada y si no tiene cómo, golpea puertas para ayudar a las personas”, dice Wilson Riascos, quien nos lleva en su carro, a la asistente y a mí, a los recorridos del día. Riascos trabaja con el exalcalde de Tumaco, Víctor Gallo, que apoya al padre Mina. Gallo tiene un grupo político propio y en agosto de 2024 fue inhabilitado para contratar con el Estado y desempeñar cargos públicos por 18 años por la Procuraduría por irregularidades en contratación.
“Él padre es un agua llévame”, comenta Riascos. “Es decir, es bien tranquilo, es muy amable, servicial y muy popular”, agrega. Y se nota: Mina camina despacio, habla respetuosamente. La gente parece escucharlo con atención.
Y es que el Padre Mina no sólo ha mediado entre grupos armados. En 2017, un grupo de campesinos de la vereda La Espriella retuvo a 12 policías que estaban erradicando cultivos de hoja de coca. El cura recibió una llamada de Presidencia para apoyar en esa mediación, junto a Naciones Unidas, la Defensoría, Personería, y defensores de derechos humanos. La comunidad le manifestó a Mina que la Policía los atropelló y por eso los retuvieron, pero que, si él iba, podían dialogar. Así fue. La presencia del hoy candidato, más la presión militar, hizo que la comunidad los liberara, aunque los uniformados también fueron golpeados. Luego, el padre y las organizaciones gestionaron una antena de comunicaciones para los campesinos.
Aunque los grupos armados en su mayoría respetan a la Iglesia Católica, y el padre Mina en general no ha tenido resistencia entre los distintos actores del territorio, sí lo han amenazado algunas veces y no siempre logra mediar. En 2018, cuando la antigua disidencia FOS secuestró y luego asesinó a tres periodistas ecuatorianos, el líder de esa disidencia, alias Guacho, le envió un mensajero a la iglesia para informarle que iba a llegar una periodista a pedirle que mediara, pero que dijera que no. En ese caso, Mina no pudo hacer nada.
En 2016, un grupo de 138 jóvenes lo buscó para que los ayudara a desmovilizarse, pues no fueron incluidos en el Acuerdo de Paz. El padre hizo el puente entre ellos e instituciones del Gobierno para que pudieran recibir ayudas y dejar las armas.
Mina siempre inicia sus mediaciones con una oración y recordando que lo que importa es la dignidad de las personas y no tanto defender los intereses propios. “Porque muchas veces el ego lo traiciona a uno, y cada quien se cierra en su posición y ahí la negociación es mucho más difícil”, explica.
Esta región del Pacífico nariñense ha sido históricamente azotada por la violencia debido a la disputa de los grupos por los cultivos de coca, pero también porque es un punto estratégico para conectar con Ecuador y el resto de la costa Pacífica por ríos y mar y mover cargamentos de droga hacia Centroamérica. Asimismo, por la presencia de la minería.
Por lo anterior es que algunos sectores critican este tipo de negociaciones con grupos ilegales, pues si bien disminuyen los índices de violencia temporalmente los grupos siguen delinquiendo y fortaleciendo sus negocios. El padre Mina reconoce que estos acuerdos son peligrosos y frágiles, pero que valen la pena porque las personas al menos se pueden mover en los territorios y disminuyen las muertes, mientras se llega a una desmovilización definitiva o se acaba con los cultivos ilícitos.
Mientras cierra su discurso político de 20 minutos en el kilómetro 36, el equipo del candidato de la sotana empieza a repartir el refrigerio: una galleta marca Crakeña y un jugo. Mina les dice que el Pacífico necesita dar valor agregado a los productos del campo, tecnificarse para así reemplazar los cultivos de uso ilícito y generar empleo. Insiste que la gente no está en la coca por gusto, sino porque es el único producto con la compra asegurada.
“Les pido a ustedes muy humildemente, muy respetuosamente, que me ayuden a llegar al Congreso de la República, para insistir en que nosotros tenemos derecho de vivir una vida digna. Tenemos derecho de vivir en paz”, agrega para cerrar.

Por ahora, esta región del Pacifico nariñense está en relativa paz gracias a los diálogos regionales que lanzó el presidente Petro junto al gobernador Escobar con el grupo armado La Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), que el año pasado cerró su sexto ciclo de conversaciones y en marzo próximo espera concentrarse para la entrega de armas. El padre Mina también medió en algunos encuentros entre este grupo y la institucionalidad.
Esta paz es relativa porque han crecido las zonas en disputa entre los grupos armados con respecto al 2022, según el informe de la Fundación Ideas para la Paz, así como el número de los integrantes de estas estructuras. La CNEB creció un 25 por ciento el año pasado con respecto a 2024, el EMC un 23 por ciento y el ELN un 9 por ciento.
Además, la Misión de Observación Electoral MOE advirtió que los municipios Citrep tienen un alto riesgo en estas elecciones de fraude electoral y violencia. Ocho de los once municipios de esta Circunscripción están en riesgo, es decir, un 72,7 por ciento. Aunque la CNEB se comprometió con el Gobierno a no interferir en estas elecciones y hasta el momento ha cumplido, se mantiene el riesgo.
De vuelta a la vereda del kilómetro 36, la reunión cierra con la entrega de unos uniformes deportivos que dicen: Padre Mina y Cámara de Paz. Estos fueron gestionados por los líderes de ese sector que organizaron las reuniones con el Instituto de Deportes y Recreación (Inder) de la Alcaldía de Tumaco, según dijo uno de los organizadores. La ley prohíbe la participación en política electoral de funcionarios o el uso de recursos públicos, por lo que consultamos al director de Inder, Joselo Caicedo, quien lo negó y dijo no tener conocimiento del tema.
“Sí con el padre Mina” dicen los jóvenes futbolistas posando para la foto junto a los uniformes.

La segunda reunión de este recorrido fue en la vereda del kilómetro 28, exactamente en las gradas de una cancha de microfútbol. A la llegada del padre no había nadie esperándolo, más que los niños que jugaban y un hombre mayor. Sus reuniones no se parecen a las de los grandes políticos que llegan a hablar frente a multitudes con gorras, camisetas y globos de colores. A sus reuniones van llegando de a poco.

La campaña del representante Montaño tampoco ha hecho eventos multitudinarios, más bien se mueve en reuniones pequeñas, aunque cada tanto ha tenido tarima, desfile y grupo musical. El tercer candidato fuerte en disputa por esta curul es Jairo Rodolfo Torres, exrepresentante legal de la Asociación de Consejos Comunitarios y Organización Étnico Territorial de Nariño, Asocoetnar, quién ha ocupado espacios de negociación importantes con el Gobierno como el Espacio Nacional de Consulta Previa.
En esta vereda en especial se siente la molestia hacia los políticos y sus campañas. Así lo confirma Nancy -que no quiso decir su apellido- una habitante del lugar. “Los políticos prometen y no cumplen, solo vienen cuando hay política, cuando no hay, nadie viene, por eso es que la gente ya no cree en la política y poca gente vota”, explica con tono de molestia. Cuenta, además, que hace cuatro años su vereda apoyó al actual representante, Montaño, pero que no lo volvieron a ver.
Algunas de las gestiones de Montaño durante estos cuatro años fueron impulsar el aeródromo de Magui Payán, proyectos productivos de palma, coco, piangua y cacao para consejos comunitarios, así como la construcción de vías terciarias. Avanzar en la legalización del distrito minero del triángulo de Telembí y el desarrollo de proyectos de pagos por servicios ambientales. Y en términos de leyes, apoyó la ampliación de la Ley de Víctimas, salud con enfoque étnico, protección de lenguas y memoria de las comunidades afro, ampliación de los municipios Pdet, proyecto de Coco Cultura, al que le falta un debate para ser Ley, así como el estatuto de etnoeducadores.
Sin embargo, la gente de esa zona de carretera dice que tiene una mala percepción de los políticos y ahora le darán una oportunidad al padre, quien durante el encuentro les explica cuáles son los seis puntos del Acuerdo firmado con las Farc y qué falta impulsar.
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El padre explica de dónde nacen las curules de paz, los puntos del Acuerdo de La Habana, y las funciones de un congresista, porque dice que hay un desconocimiento grande de esos temas. Fotos: Laura Soto -

Hace cuatro años los habitantes de Mascarey apoyaron al actual representante Montaño. Esta vez van por el padre Mina. Fotos: Laura Soto
Son las seis y treinta de la tarde. Esta vez regresamos Lina, la asistente; la comunicadora, el conductor, el padre Mina y yo en una misma camioneta. Le pregunto al padre sobre la financiación de la campaña, dice que todo es con sus ahorros y algunas donaciones de la comunidad porque la plata que el Estado debe poner a estas candidaturas de paz no ha llegado y quién sabe cuándo llegue.
Regresando a Tumaco las calles comienzan a inundarse de motos, cientos, todas de personas conduciendo sin casco, pitando, mucho ruido. Pregunto si no hay problema en no usar casco. El conductor dice que no, que, al contrario, problema hay cuando se usa el casco porque eso facilita la delincuencia. “El único que sí usa casco es el padre”, dice en tono de burla. “Si usted ve a una persona con casco todo mundo ya sabe que es el padre Mina”, dice riendo.
Llegamos a la sede de campaña en el centro de Tumaco. Ya hay gente esperando al padre que al siguiente día se reunirá con el sindicato de docentes, Simana. Afuera, en el Parque Colón, se ve y se oye a un grupo de 20 jóvenes ensayando una coreografía. Al fondo, los cánticos de la iglesia.
Al menos aquí, por ahora, se respira un poco de paz, relativa paz. La paz que el padre Arnulfo predica y ahora quiere ayudar a legislar.





