Por Tirso Benavides Benavides
En política, como en las tragedias griegas, el destino suele ser una ironía cruel, no se manifiesta como un rayo inesperado, sino como la consecuencia de nuestras propias decisiones. Lo que hoy vive el proyecto progresista en Colombia no es un accidente de ruta, sino el cobro puntual de una factura que se empezó a girar hace años, cuando en la urgencia por alcanzar el solio de Bolívar en 2022, se decidió que la ética podría ser flexible y negociable. El nombre de ese cobro, de ese karma que hoy asfixia al Pacto, tiene nombre y apellido: Roy Barreras.
Asistimos a un espectáculo de camaleonismo puro. Barreras es el eterno superviviente que ha hecho de la traición y el oportunismo su única ideología. Un politiquero conveniente. Su hoja de ruta es un mapa de saltos acrobáticos que lo ha llevado a militar desde el galanismo y el partido Liberal, pasando por Cambio Radical y el Partido de la U (donde fue el más ferviente uribista y luego el más leal santista), hasta llegar a ser afín al proyecto del Pacto Histórico desde su propia franquicia, La Fuerza de la Paz.
Su talento no es la convicción, sino la ingravidez política: posee la asombrosa capacidad de caer siempre parado, acomodándose con una destreza envidiable en la círculo del gobierno de turno, sin que importen las ideas.
Hoy, como candidato de la consulta de centro izquierda, denominada Frente por la Vida, ese engranaje de poder que ha ido conformando con la clase política de las regiones da resultados. Barreras no solo cuenta con la venia de los caciques tradicionales que el petrismo juró combatir, sino que ha logrado el respaldo de la USO y de otros sectores sindicales que han decidido sacrificar la coherencia de clase por el “pragmatismo” que Roy les garantiza.
Como si fuera poco, Roy cuenta con el apoyo soterrado de la Casa de Nariño. El polémico catalán Xavier Vendrell, estratega de confianza y cerebro logístico de Gustavo Petro, ha reconocido hacer parte de la campaña de Roy. Cualquier cosa se puede esperar de Petro, para quien todo vale con tal de defender sus intereses personales, eso quedó demostrado cuando con un golpe bajo torpedeó la campaña del jurista Carlos Gaviria. Y es que su ego, su obsesión por ser el pilar de la izquierda lo hace actuar así. Petro no va a dejar que Cepeda, con una historia y una coherencia que lo erigirían como una figura de ese sector político lo sustituya en ese papel que siempre ha añorado.
La paradoja para la militancia de la izquierda no puede ser peor. Iván Cepeda, quien encarna las ideas del proyecto, se encuentra atrapado en una trampa aritmética: mientras él se consolidó en octubre con 1.540.391 votos en apenas 19.820 mesas, Roy aguarda la fecha de marzo de 2026 con más de 110.000 mesas abiertas y ha dicho que doblara ese número de sufragantes. Tras la decisión del CNE de excluir a Cepeda de la consulta de marzo, la izquierda tradicional ha llamado a la abstención, una jugada de dignidad pero suicida que amenaza con inflar las consultas de la derecha. El cálculo de Roy es cínico: sabe que muchos votarán por él solo para cerrarle el paso al radicalismo, encumbrándolo como el único heredero capaz de dar estabilidad al sistema.
El escenario de marzo termina de configurar este cuadro de desaliento. Por un lado, Roy; por el otro, Daniel Quintero, el otro “favorito” que enfrenta directamente o en cuerpo ajeno, con sus colaboradores más cercanos múltiples procesos ante la Fiscalía.
Entre ruidos de peculado y cálculos de conveniencia, la izquierda real se ha quedado sin opción en las consultas del mes entrante, está atrapada entre el oportunismo de uno y las sombras judiciales del otro. Es el cumplimiento de la advertencia de Gustavo Bolívar, quien admitió que, para llegar al poder, el presidente le “vendió el alma al diablo”. Lo que en 2022 fue un “sapo” que muchos se tragaron para ganar al referirse a la clase política tradicional, hoy es el monstruo que acecha el futuro de un verdadero progresismo.
El karma es justicia poética. Al aceptar a cualquiera con tal de sumar, el petrismo pavimentó el camino para su propia suplantación. El riesgo final es la suplantación definitiva. Si la maquinaria y el “voto útil”, que sería un voto contra Cepeda, encumbran a Roy en marzo, Barreras reclamará la herencia del poder, dejando a Cepeda aislado y a sus seguidores en una encrucijada.
La pregunta queda para quienes realmente tienen una ideología de izquierda: ¿Están dispuestos a depositar su esperanza en un personaje como Roy o Quintero? No hay que repetir la historia. Cuando se negocia la decencia por la victoria, la victoria termina siendo una derrota moral.




