Libros y lectores

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Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
¿Se editan más libros de los que se leen?
Esta pregunta me hacía yo la pasada Feria de Cali, cuando en el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas se presentaron tantas obras nuevas, en un ambiente usualmente dominado por los libros y la creencia popular de que hoy nadie lee y sólo ve pantallas. Pero no descubría el agua tibia con la pregunta, todo el sector editorial se la hace y fue precisamente lo que revoloteó en el ambiente durante el reciente XXVII Congreso de Librerías realizado en Valencia.
La respuesta de los especialistas fue contundente: “Sí, se editan muchísimos más libros de los que se leen. Vivimos una burbuja y en España la producción supera la capacidad de lectura del mercado con un 49% de libros publicados que tienen una ‘venta cero’, mientras que sólo el 4,5% de los títulos vende más de 100 ejemplares”.
¿Qué significa esto? Ante todo, que producción y consumo no son valores correspondientes. España, el país que más publica libros en castellano en el mundo, ha llegado a tener inscritos en el International Standard Book Number (ISBN) 89.000 nuevos títulos. Esta cifra la acerca en producción a los países de habla inglesa, lo cual sería una gran noticia. Pero el índice de lectores y libros leídos no se corresponde con tales datos. Un español lee en promedio 9 libros al año, pero sólo 2 de esos 9 son novedades editoriales.
Este resultado también podría entenderse como una buena noticia. Las librerías Low Cost abundan y se han convertido en una primera opción para búsqueda de lecturas recomendadas. Sus precios son módicos y siempre está la alternativa de cambiar 5 x 1. Pero lo que es bueno para las de segunda mano, es malo para las de primera mano, ya que es indudable que las librerías estándar nadan en Stock y han tenido que hacer maromas para mantener una oferta dinámica.
Esas maromas se centran en la devolución. Como su negocio está en la exposición, no en el almacenamiento, los tiempos de exposición de los títulos nuevos se ha reducido. Vuelvo al caso de Cali. Fui a la Librería Nacional de Chipichape y pregunté por tres títulos publicados entre 2022 y 2023. Ya no estaban, se habían devuelto a la distribuidora, pero, lo que más me impactó: se consideraban viejos y muy difíciles de conseguir.
Surgen, por supuesto, varias preguntas en todo este tema: ¿porqué se publican tantos?, ¿es buen negocio publicar?, ¿es buen negocio tener una librería?, ¿qué pasa con todo lo que no se vende?
La primera pregunta es la más complicada. La burbuja actual, que afecta a todos los países, comenzó en la pandemia. En Colombia se publican 18.000 títulos al año y el promedio de lectura es de 3,7 por persona, pero como se ve en España, ese 3,7 no se corresponde a nuevas publicaciones. Sin embargo, este hecho es circunstancial. Una de las mayores causas está en el crecimiento de las editoriales por encargo.
Este tipo de empresas son editoriales de autoedición asistida. Es decir, ya el autor no tiene que pasar por un Lobby, ni el editor lee desaforadamente manuscrito tras manuscrito. Tampoco la negociación pasa por un adelanto al autor. En este modelo quien quiera publicar debe invertir dinero y los beneficios autorales salen de cada ejemplar solicitado a la editorial. Por eso una editorial por encargo muy rara vez rechaza un manuscrito. Todo se registra con un ISBN y todo se publica, aunque sean diez ejemplares para el autor y sus amigos.
Como yo tengo la costumbre de ver siempre la botella medio llena, debo decir que este tipo de editoriales son bienvenidas entre el sector autoral, porque permiten publicar de manera sencilla. A los autores les ha pasado lo mismo que a los músicos. En el siglo XX había había un filtro muy riguroso para sacar un álbum en una casa discográfica, y eso dejaba por el camino a un montón de artistas con talento, ideas y ganas. En el caso editorial, conozco más de un libro muy bueno que nunca pudo llegar a ser público.
Pero en contrapartida, una editorial tradicional, no por encargo, garantiza rigor. Lo que se publica es original, creativo y bien escrito. El filtro es necesario. Es un sello de calidad.
Y esto de “bien escrito” tiene que ver con otro factor causante de la burbuja y que enlaza con la pandemia y con las editoriales por encargo: Amazon.
Cito un ejemplo. Yo hice una serie radiofónica sobre música y mafia y necesitaba mucha documentación, alguna sólo contenida en libros. En mi búsqueda llegué a libros de autores independientes hechos por Amazon Publishing, la división de auto-publicación de la compañía. Encontré dos títulos que me llamaron la atención, uno sobre el Cartel de Cali como empresa y otros sobre los Carteles Mexicanos y sus orígenes. La información, en efecto, era valiosa, pero estaban pésimamente editados, sin el más mínimo rigor, y encima carecían de diseño. Me recordaron a los libros pirata que pululan en el centro de Bogotá.
Pero claro, es autoedición. Amazon ha abierto una ventana editorial donde todo cabe. Sus motores de control son muy laxos y su Software no lee gramaticalmente. Ya se sabe, la autoedición es positiva en la medida en que es democrática, ofrece independencia y permite un control total de la obra. Sin embargo, apostar todo a la visibilidad que ofrece un pulpo como Amazon, implica pagar un precio muy alto en calidad. Eso sí, el responsable eres tú. Hay libros auto-editados muy buenos en Amazon.
La segunda gran duda es si buen negocio publicar. El gran dilema de las editoriales es como tener una distribución eficiente. Sólo las Majors se pueden dar el lujo de controlar todo el sistema que va entre el autor y el lector, en tanto que las independientes sufren cada día por encontrar un nicho. Para estas últimas es un juego de vocación y emprendimiento, un negocio que da para sostenerse y cuyo grado de crecimiento depende de que tan buenas relaciones tengas en el sector.
En Colombia funcionan asociaciones como ASEUC, redes como REIC, Networks como Leo Independiente, ferias como La Vuelta, festivales como Oiga Mire Lea, o los foros y encuentros que organiza el CERLALC. Hay opciones para integrarse y sobrellevar un camino que necesita de la opinión de todos, incluyendo a la voz de la demanda. Está bien ofrecer libros llamativos, pero ¿qué busca el público?
Quizás en esto último está la respuesta a lo que yo me preguntaba en la Feria de Cali. Tantos libros de música satisfacen una necesidad puntual, no importa si sus compradores son pocos. Se llena un vacío informativo. Bienvenidos, por supuesto.
Lo otro es saber si resulta buen negocio tener una librería. Según el Congreso en Valencia, el sector librero está lleno de oportunidades y retos. Al igual que con las editoriales independientes, “se requiere pasión” y llegar al punto de equilibro (con los precios inmobiliarios por las nubes) es agotador. Por eso quizás, lo que se ha visto en estos 25 años de siglo XXI es la diversificación. Una librería no sólo vende libros, sino cultura en general con sus diferentes objetos y merchandising. Discos y libros van de la mano, por ejemplo.
Y finalmente, ¿qué pasa con todo lo que no se vende? En teoría, el destino final de un libro físico es todo un camino que comienza con agotar todas las vías de venta, comunicar al autor, establecer los plazos de devolución de librería a distribuidora y de esta a la editorial, descatalogar el producto, devolver parte del Stock al autor, donar ejemplares a cárceles y hospitales, y destruir el resto, reciclaje incluido. Un Efecto Fahrenheit, en alusión a la novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451” (que es la temperatura a la que el papel de los libros se inflama).
Pero para que ese efecto se dé, hay que tener en cuenta el contrato. Lo que diga el contrato va a misa. De manera que si esa obra tiene una opción de seguir viviendo a través de audiolibro o libro electrónico, maravilloso.
Volviendo al planteamiento inicial, según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, CEGAL, el 49% de los títulos que se publican no venden ni un solo ejemplar en papel. ¿Es esta la alternativa los formatos digitales?, ¿es esta la especialización que enfrentan editores, traductores y correctores de estilo, usuales operarios del sistema tradicional?
El audiolibro, por ejemplo, crece. De hecho, los audiolibros en español han crecido un 45,7% en los últimos dos años. Pues bien, esos audiolibros requieren de editores, traductores y correctores, pero además de locutores, y para estos últimos, de Softwares de audio y micrófonos. Es otro universo, distinto al tradicional y donde autores, editoriales y librerías pueden ir de la mano, aprovechando mecanismos de relación con soportes de IA.
¿Se podría minimizar así el efecto burbuja de los libros que no se leen? No tengo la respuesta, pero habría que buscarla.

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