Por: Jefferson Sánchez Cifuentes.
En la costa pacífica nariñense, donde el mar conversa con los ríos y la lluvia parece escribir su propia música sobre los techos de zinc, acaba de ocurrir algo más profundo que un simple resultado electoral. Desde Tumaco y desde todo el litoral se levantaron tres nombres que hoy llegan al Congreso de la República: el abogado Óscar Benavides Angulo, el sacerdote Arnulfo Mina Garcés y la lideresa social Ángela Viviana Guanga Márquez.
No es solo una victoria política; es, en muchos sentidos, un giro en la historia electoral de esta región.
Durante décadas, el comportamiento del voto en el Pacífico estuvo marcado por prácticas tradicionales donde las maquinarias políticas parecían navegar con ventaja sobre las aspiraciones ciudadanas. Sin embargo, en esta ocasión ocurrió algo distinto: la gente decidió mirar hacia liderazgos con historia social, con trabajo comunitario y con cercanía real con el pueblo.
Fue, en esencia, un cambio de corriente.
El abogado Óscar Benavides Angulo, elegido a la Cámara Afro con cerca de 150.000 votos, representa la proeza de un liderazgo que nace desde las comunidades negras, desde la defensa de la identidad cultural y desde la convicción de que la dignidad también se defiende en la política.
Por su parte, el padre Arnulfo Mina Garcés, elegido a la Cámara de Paz con 26.013 votos, simboliza la persistencia serena de quien ha recorrido durante años barrios, riberas y veredas llevando no solo la palabra espiritual, sino también un mensaje de reconciliación y compromiso social.
A estas dos voces se suma también Ángela Viviana Guanga Márquez, representante electa por la lista del representante Óscar Benavides Angulo y natural del municipio de Tumaco. Su trayectoria ha estado profundamente ligada a los procesos organizativos del movimiento afrocolombiano, al servicio comunitario y a la defensa de los derechos humanos, convirtiéndose en una voz femenina que encarna la lucha social y la participación de las nuevas generaciones del Pacífico.
Tres caminos distintos, pero nacidos de la misma tierra.
Y esa tierra, la del Pacífico nariñense, espera ahora que estas tres voces en el Congreso se conviertan en motores de transformación. Que su ejercicio legislativo esté guiado por el liderazgo social que los llevó hasta allí y que su gestión contribuya no solo al desarrollo de la región, sino también al fortalecimiento de un país más equitativo e incluyente.
Las expectativas del litoral son claras.
Tumaco y toda la costa pacífica nariñense necesitan avanzar hacia un verdadero proceso de desarrollo territorial. Esto implica fortalecer la infraestructura turística, reactivar plenamente el puerto de Tumaco como eje estratégico de la economía regional, y poner en funcionamiento el puente binacional Espriella – Mataje, una obra que podría convertirse en una puerta de integración comercial con el Ecuador y en un impulso para la economía del sur del país.
Más que obras aisladas, se trata de abrir caminos de futuro.
Hoy, el Pacífico parece haber enviado un mensaje claro desde las urnas: quiere representación auténtica, quiere desarrollo y quiere ser visible en el mapa de las decisiones nacionales.
Ahora la palabra la tiene el Congreso.
Y ojalá que Benavides, Mina y Guanga nunca olviden el sonido del manglar, la paciencia de los pescadores y la esperanza silenciosa de un pueblo que decidió cambiar el rumbo de su voto para cambiar también el rumbo de su historia.




